UN BAILARIN ANDA SUELTO. Ahora el gigante egoísta y arrogante salió a pasear por el sur para revisar sus posesiones más cercanas, el creía que todo iba a transcurrir en calma, pues prácticamente se proponía caminar por su traspatio, pero tropezó con muchos motivos de sobresalto. Grandes muestras de repudio encontró a su paso y regresó huyendo de las plantaciones sureñas donde los esclavos se encuentran en franca agitación. Pero en su humillante regreso el quiere guardar las apariencias como gran señor que es, trata de conservar el decoro y por eso enseña una sonrisa de plástico ante las cámaras y aunque no se lo recomendaron sus directores de imagen, sino el más peligroso de los amigos que es la vanidad, dispuesto como está a no aparecer nunca con la imagen de un derrotado y tomando por audacia lo que es despecho, en Brasil se atrevió a bailar zamba (¡!), ¡y cuánta miseria exhibió el pobre gran señor! ¿Quién le dijo al gran esclavista que cualquiera puede, no digamos bailar zamba sino, bailar algo?
Ustedes lo saben y estarán de acuerdo conmigo, amigos míos bailadores, rumberos, soneros, cumbiamberos, danzonearos, danzantes todos de la saturnal atmósfera tropical; lo saben ustedes rockeros, terribles e infernales hijos del maldito vecindario. Todos ustedes bacantes, habitantes del submundo donde solo la luna alumbra, todos ustedes maravillosos y fugaces frutos de la naturaleza, lo saben y estarán de acuerdo conmigo sobre esta verdad: en la forma de bailar se conoce a la gente banal y como todas, el arte del baile no admite advenedizos.
Que el señor haga el ridículo no tiene la menor importancia, pero lo triste es que arrastre a tan lamentable papel a terceras personas, aunque tal vez las terceras personas se lo merezcan. Vean todos a la negrera Condoleza disfrazada de capataz, ha perdido con el decoro la sensual belleza de su raza y ni siquiera ella puede salvar a la zamba de la burla a que se le somete, pero como buen baile de negros que es, el burlador termina burlado. Y ahora este señor que se burla de todo ha llegado, en su carrera loca, hasta mi patria, a la tierra de nuestros mayas. ¿Y a que viene? preguntó una mujer sencilla. A nada bueno, fue la sencilla respuesta. Quiere visitar el templo de los adivinos y demostrar que no les teme a las bombas yucatecas. Probablemente baile jarana como diciendo, “vean el concepto que tengo de su soberanía nacional”.