El día 29 de febrero del año
en curso, poco más de 250 personas integrantes del Movimiento
Antorchista Nacional, nos presentamos ante el Instituto de Fomento
a la Vivienda y Regularización de la Propiedad (Infovir),
del estado de Quintana Roo, con dos asuntos ya antiguos a tratar:
la dotación de 250 pies de casa para familias humildes
del municipio de Felipe Carrillo Puerto que se nos prometieron
desde el año pasado y, la regularización de la
colonia Unidad Antorchista en Chetumal, nuestra ciudad capital.
Frente a las puertas de dicha dependencia, el que escribe estas
líneas habló ante las más de doscientas
personas ahí reunidas para prevenirlas sobre la posibilidad
de que el director de la misma no se encontrara, pero los pronósticos
fueron más que rebasados, pues no solamente el director
estaba ausente, también estaban ausentes los subalternos
encargados de las distintas áreas que atiende la mencionada
institución. Como ya estábamos prevenidos contra
una eventualidad semejante, no nos arredramos y decidimos permanecer
ahí hasta que apareciera algún funcionario competente
que pudiera atendernos. Los pasillos del edificio de dos plantas
estaban atiborrados de personas, así que ante el calor
de los centenares de antorchistas más el calor que de
por sí hacía, ya que era un día soleado
y claro, como son esos deliciosos días que anuncian la
proximidad de su soberana la primavera, el sistema de aire acondicionado
quedó obsoleto, los empleados no sabían que cara
poner ni como utilizar las manos, unos a otros se preguntaban
por sus respectivos jefes, hurgaban entre los cajones, buscaban
algo en sus pequeñas libretas, accionaban sus teléfonos
y ante nosotros se mostraban accesibles, ¡atentos!, y
nosotros… tomando las cosas con calma, imaginábamos
estar en un baño sauna (creo que nadie de nosotros conoce
el yacusi), de pronto abrieronse varias ventanas y algunas puertas
y todos recibimos con aplausos y muestras de contento la entrada
triunfal, juguetona y acariciante de un vientecillo que de tan
fresco imaginamos que vendría directamente de la rutilante
bahía.
El señor director nunca llegó pues otros asuntos
de más urgencia le tenían ocupado en algún
lugar de la geografía estatal y además nosotros
no teníamos cita registrada en su agenda. Los funcionarios
subalternos se presentaron dos horas después de que irrumpieran
cual avecillas inquietas, raudas entre las ráfagas de
aire los muchachos de la prensa: micrófonos, cámaras
y grabadoras en mano llegaron volando y volando desaparecieron.
En la plática con los subalternos muy poco se pudo lograr;
una cita para dentro de dos días después y la
esperanza de que tal vez para entonces habría una propuesta
concreta del director. Nosotros acudimos puntuales a la cita
pero otra vez el señor director de Infovir y su propuesta
concreta brillaron por su ausencia. Días después
el secretario particular del mencionado director me llamó
por teléfono para citarme ese mismo día a las
ocho de la noche, a las cinco de la tarde volvió a hablar
el secretario particular para decir que “la agenda se
había complicado” y la cita se recorría
para la mañana siguiente a las once, acudimos puntuales
a la novísima cita y el señor Ricardo Pech (que
es el nombre del multimencionado director del Infovir) nuevamente
como quien dice me dio con la puerta en la nariz, no estuvo
a pesar de que su secretario particular me dijo la hora exacta
en que me esperaban y ese joven secretario particular visiblemente
confundido, entre excusas apresuradas me regaló como
por quinta vez una tarjeta de presentación con teléfonos
para que yo hable o si no el me va a hablar. A Ricardo Pech
lo he visto es verdad, pero en los noticieros de la televisión
y en los periódicos y a través de esos medios
ha pedido, desde hace tiempo lo está pidiendo, que los
diputados elaboren leyes que permitan meter en la cárcel
a los líderes que promuevan la creación de asentamientos
irregulares, no da nombres don Ricardo ni yo me pongo chalecos
que no me vienen pues aunque no soy de esos líderes corruptos
que él dice que existen sí he promovido la creación
de colonias populares que si son irregulares ello se debe a
que los trámites burocráticos son una traba para
la creación “regular”, de dichas colonias.
Item más; en Tulum se han comenzado a hacer asambleas
en el parque central convocadas y dirigidas por la representante
del Infovir, es decir de Ricardo Pech en ese lugar, y ahí,
se ha dicho abiertamente que la gente no debe hacer caso a los
antorchistas, que la colonia que pretendemos formar nunca se
va a realizar; insisto en que este tipo de asambleas son nuevas
y la gente está sorprendida de que ahora Infovir haga
este tipo de reuniones. Otro dato y aunque hay más por
ahora es el último que agrego, en la noche del día
en que se hizo el mitin ante el Infovir, uno de los funcionarios
que nos atendió, apareció en las noticias de la
T.V. diciendo que efectivamente había 500 (mencionó
quinientos no 250) pies de casa prometidos al Movimiento Antorchista
para los campesinos de la zona maya, pero que no se nos darían
cuando nosotros quisiéramos (¡!). Es claro pues
que en el Instituto de la Vivienda no se están viendo
con la seriedad y respeto que merecemos todos los ciudadanos,
los asuntos que hemos puesto en sus manos por ser ellos la instancia
que debe atenderlos; en lugar de eso se están preparando
para una guerra contra nuestra organización social, guerra
que los antorchistas no pedimos ni queremos. En esta guerra
que prepara el señor Pech, quiere hacerse como una de
sus mejores armas de la cárcel, pensará el señor,
“muerto el perro se acabó la rabia” y yo
que no soy un valiente, me apoyo de las palabras que cuentan
dijo un líder agrario durante la revolución, “si
se trata de morirse para que los que vienen atrás vivan
mejor, pues vamos muriéndonos pronto” y estoy pensando,
salvo que la Dirección Nacional a la que debo obediencia
me lo impida, encadenarme de pies y manos y plantarme frente
a Infovir, para ahorrarle cuitas al señor director.
Colaboración
recientes
*
Algo sobre el baile y la soberanía nacional
* Vuelvo con mi desafinado
instrumento