A sumarme al coro de la humanidad. Mi ángel de la guardia sabe que no me hallaba de vacaciones y sabe que no soy paranoico, sabe que tengo razón cuando digo que lo escucho aletear en torno a mi aunque no logro verlo, sabe que casi puedo adivinar su talle y la textura de su flácida epidermis de animal volátil, sabe que ya ni siquiera me molesta su invisible presencia, entiende que lo comprendo, si él pudiera elegir otra actividad que la de espiarme sería feliz pelando patatas, pero él tiene que vivir de algo más que el aire. Hoy me levanté meditando sobre la incomoda situación de esa dulce compañía que no me desampara ni de noche ni de día, que ha seguido mis pasos desde que me enrolé en el movimiento estudiantil y que hasta la fecha lleva el registro puntual de todos mis datos, mis aficiones, los sitios que frecuento, mis escasas nuevas palabras, los libros que he leído, etc. Y me he dicho sinceramente que no tengo ningún derecho a dar motivo de preocupaciones a quien con tanto afán me vigila y no piense que por mi causa vaya a engrosar las filas de los ángeles guardianes desempleados. Entonces le digo a mi guardián para que esté tranquilo que no me encuentro al borde de mi muerte política y no pienso contradecir al filósofo cuando dijo que “el hombre es un animal político”; si últimamente he dejado de escribir sobre política no es porque esté pensando en mi jubilación, sino porque a veces me siento como un animal a secas, pero ¿y qué? Si hasta el ilustre poeta León Felipe, alguna vez se sintió tentado a guardar silencio y escribió “levanto mi violín y me cayo”, que puedo hacer yo que no soy ni poeta, ni filósofo. ¿Qué puedo decir? Que no hayan dicho ya con más propiedad los verdaderos pensadores. Pero mi conciencia me habla y me dice, levántate o siéntate y escribe tus pobres letras y es ahí, en el fondo de mi conciencia, dónde creo que se encuentra mi parte noble, el sitio en el que veo la justificación para volver a la tarea de ¿redactar?, mejor digamos anotar lo vivido, seguro de que mis pobres historias servirán para que otro tipo de hombres, auténticos intelectuales proletarizados que ya vienen, puedan escribir sin prejuicios ni estrechez la nueva historia de nuestra patria. He aquí pues mis desafinadas cuartillas. Tome nota mi ángel guardián.
El domingo veinte de enero del año dos mil siete en la mañana, me encontraba en la ciudad de Villahermosa para asistir a la conferencia regional de los grupos de Antorcha Campesina, cuando entró una llamada a ese lamentable instrumento del progreso tecnológico que le llaman teléfono celular. Después de dar el saludo y decir su nombre una voz femenina agregó, soy la señora de los tacos, están pasando muchas patrullas creo que van al terreno y allá la ingeniera está sola, bueno la mayoría de los que están son mujeres. Pero, ¿por qué dice usted que van al terreno? (pregunte, pensando que el asunto no tendría relación con nosotros y tal vez se tratara de un operativo de los que están de moda contra el narcotráfico). Es que hay el rumor de que la quieren detener (contestó la voz femenina de los tacos). Pero si ella no ha cometido ningún delito (dije yo y agregué creo que enfáticamente). Vaya usted también al terreno y aunque sean solamente mujeres, se pueden defender porque ninguna de ustedes está cometiendo ningún delito. Y efectivamente, ninguna de esas personas estaba cometiendo algún delito, pero lo cierto es que casi veinte patrullas llegaron al lugar donde un pacífico grupo de modestas amas de casa y algunos esposos de ellas se encontraban. Todo ese despliegue policiaco era para respaldar, si ¡para respaldar!, a los funcionarios municipales de medio ambiente, quienes iban a investigar la presencia de un presunto grupo de “paracaidistas” que, supuestamente se habían asentado indebidamente en esas tierras. Y si todo este despliegue de policía fuertemente armada pudiera parecer una exageración ante los ojos de un sencillo ciudadano, para los ojillos avispados de un previsor funcionario municipal cualquier precaución es poca, más vale que sobre y no que falte, ¡total, los impuestos responden!, aparte de esa escaramuza terrestre los funcionarios estaban más que apoyados por una avioneta alquilada que inquieta sobrevolaba la selva de lo que se ha dado en llamar la riviera maya, en Tulum, Quintana Roo.
Para poder entender en sus justos términos todo aquel operativo policíaco, habría que remontarse un poco más atrás en el tiempo, a los orígenes de la historia del antorchsimo en este estado del nuestro país.
En marzo del año dos mil surgió el primer grupo de solicitantes de lotes del movimiento antorchista en el estado de Quintana Roo. Una vez formado el grupo y definidos los propósitos dirigimos una solicitud, al entonces director del instituto de vivienda, planteando la problemática de más de cien familias, quienes solicitaban lotes para construir sus viviendas. La respuesta del en ese tiempo director de dicho instituto fue precisa: no había terrenos para satisfacer la demanda de la gente. Y nuestra respuesta también fue precisa: vamos a buscar otras alternativas para satisfacer nuestra necesidad. Así, ante esa respuesta negativa del citado funcionario, decidimos no quedarnos cruzados de brazos y fue entonces que se creó la asociación civil “Movimiento Antorchista de Quintana Roo”, cuyo objeto social es el de agrupar y organizar a las personas que necesiten un lote dónde construir su vivienda o bien a aquellas que ya tengan un terreno propio pero necesiten construir o mejorar sus casas, para que a través de los cauces legales que estén a nuestro alcance, pueda hallarse una solución a las necesidades de habitación o servicios que por lo general padece la clase trabajadora de nuestro país. La idea desde el principio fue resolver el problema de las primeras familias agrupadas en el movimiento y servir de base para que en el futuro otras familias más pudieran hacer frente a la misma problemática.
En aquellos tiempos algunos de los actores de la vida política del estado, tal vez se sintieron incómodos, pero a nadie preocupó realmente la presencia de una nueva organización social llamada Movimiento Antorchista Nacional. Habíamos llegado al estado en tiempos de turbulencia electoral, justo unos meses antes de la derrota del partido septuagenario y se creyó tal vez que pasada la marejada electoral, los antorchistas desaparecerían como la espuma del mar en calma. Pero hete aquí que terminó la época pre y pos electoral y la débil flamita de la susodicha antorcha se convirtió al paso de los meses en una considerable flama, todavía nada peligrosa pero si capaz de dar que pensar a más de un parroquiano. Concluyó digo, la época electoral y aquel pequeño grupo de solicitantes no solamente no desapareció sino que fundó la primera colonia antorchista en la capital del estado y de ahí la antorcha pasó a Cancún y después a Playa del Carmen, después la antorcha entró a la zona rural de Otón P. Blanco y ahora ha llegado ya hasta la zona maya. Y aquellos actores de la política estatal a quienes en un principio solamente molestaba la presencia de tal organización, ahora deben estar ya en una franca encrucijada, dejar hacer dejar pasar a la antorcha o detenerla, a partir de su nuevo intento de fundar otra colonia en Tulum. ¿Que le depara el destino a la pobre antorcha en Quintana Roo?, cuyo único delito es el de estar luchando porque en el país haya una justa distribución de la riqueza entre el pueblo, (pero esto precisamente ante los ojos de los grandes ricachos es el peor de todos los delitos), yo no lo se, no puedo contestar con exactitud a tal interrogante.
En cuanto a mi se decir, que ya me confesé y encomendándome a mi ángel de la guardia, elevo mis más sentidas oraciones para que el actual gobernador del estado no preste atención a los malos consejos de los malos políticos. En cuanto a esos malos políticos, les recuerdo que la rueda de la historia siempre marcha hacia delante, oponerse a su paso es exponerse a ser arrollados y espero que en ese caso llegado el momento, ellos también se encuentren confesos y bien asidos a su ángel protector. Que conste y así sea.