No he podido dejar de escribir, aunque quisiera,
acerca de los días que le dan a septiembre el nombre
del Mes de la Patria. El quince y dieciséis pasados,
pasaron sin pena ni gloria, o mejor dicho con pena y sin gloria.
Muchos sabemos que en un noticiero de televisión se dijo
que el quince en la noche hubo tres gritos, refiriéndose
al acto entre bambalinas que escenifican los gobernantes actuales
para según ellos recordar la arenga combativa de don
Miguel Hidalgo. Obviamente el vendedor de noticias de la TV,
lanzó ese pregón solamente con el propósito
de tener buena venta, pues lo que realmente sucedió la
noche del quince y todos lo sabemos, es que no hubo tres gritos
de esos que él anunció sino varios más,
sin embargo, en ninguno de esos actos, también lo sabemos,
sucedió nada extraordinario o por lo menos digno de algún
interés, por eso digo que esos días de la patria
transcurrieron sin pena ni gloria.
....Mas, digo también que,
hubo pena en esos días porque en la mayoría de
esos actos, no en la totalidad, la mayoría de los personajes
que empuñaron la bandera nacional y parodiaron la conocida
arenga, eran y se trataba de malos hijos de la patria, no eran
auténticos patriotas, solamente se trataba de farsantes.
Pero, ¡que no cunda el pánico! No voy a proceder
a desenmascarar a todos, eso sería tanto como una tarea
más para Hércules. Además, si alguien con
la camisa desabrochada y pelos en el pecho y la nariz lanzara
amenazante a mi rostro la definitiva interrogación de:
¿dónde estuvo usted la noche del quince y la mañana
del dieciséis? Contestaría con sincera nostalgia
que en ese entonces, durante la tertulia, me abstuve de salir
de casa, desconecté el televisor y me dediqué
a leer rimas contra el fascismo. De modo que no puedo ser un
testigo confiable. Afortunadamente hasta mi retiro no llegó
el olor de la pólvora mezclado con el de las fritangas,
pero sí llegó con lánguidos ecos el ruido
del jolgorio. Y no bien hubo terminado el estruendo de la cohetería,
de los pitos y las cornetas, cuando los superficiales pregoneros
de noticias me pusieron al tanto de lo ocurrido en la superficie
y por ellos me enteré que hubo varios gritos. Al escuchar
la noticia, tomé nuevamente el libro de poesías
y lo abrí en la página donde el poeta dice empleando
un lenguaje exacto, un lenguaje de científico-poeta y
habla cantando así: ¡qué lástima
que yo no tenga una patria!...
....Padre mío y poeta peregrino
de todos, cuánta razón tienes, pero ahora permíteme
a mí decir con mis hermanos, ¡qué lástima
que nuestra patria no nos pertenezca! Sí, no nos pertenece
lo que alguna vez fue nuestro, ya que en estos confines de la
Mesoamérica alguna vez tuvimos patria en la persona de
los abuelos de nuestros tatarabuelos, a pesar de que también
ellos fueron nómadas como los buenos poetas, pues ¿qué
es la patria para los hombres sencillos, sino una finita porción
de tierra de donde extraer frutos y vivir con alegre tristeza
y morir con triste alegría? Ahora, sus nietos seguimos
siendo nómadas y no tenemos patria, nos la han arrebatado
generaciones atrás. Y, por eso, estos días de
las llamadas fiestas patrias tienen pena. Algunos mexicanos
sentimos pena de que empuñen la bandera nacional y griten
vivas quienes no son verdaderos patriotas, ¡esos farsantes!,
si no fueran solamente farsantes, después de la arenga
en la noche del grito no irían al festín nocturno
a hartarse de grasa y alcohol, en lugar de eso empuñarían
la espada en una mano y en la otra los ideales libertarios y
se lanzarían por la senda que siguió Miguel Hidalgo.
Y ¿quiénes son esos farsantes? Por ahora solamente
señalaré a uno: el señor Francisco Garrido
Patrón, gobernador de Querétaro. ¿Cómo
se atreve a invocar a la patria y a la libertad un individuo,
un don Patrón, que mantiene presa a una mujer inocente
de todo delito como Cristina Rosas Illescas? Por individuos
como este existen seres como yo, que prefieren apagar el televisor
y no salir a la calle en estos días para no sentirse
asqueados con tanta hipocresía; y no exagero, los hipócritas
no saben que la hipocresía produce un olor más
nauseabundo que el de la pólvora mezclada al de las fritangas.
¡Qué lástima!
....Y que lástima que yo
también no tenga patria, que lástima que mi patria
no me pertenezca. Pero no voy a llorar, ni estoy llorando. Lo
que sucede es que de nuevo se me revinieron a las mente aires
de pitonisa y recuerdo que la última vez que me dio por
profetizar asesinaron a un antorchista allá por Tecomatlán
y no escarmiento, hoy voy de nuevo a profetizar y les digo a
los asesinos y farsantes que hoy tienen bajo su bota fascista
a la patria que el próximo dos mil diez, todo habrá
concluido para ellos. Diez, diez, diez, recuérdenlo bien
señores embaucadores y chupasangres del pueblo, los verdaderos
días de la patria están por llegar. 15 de septiembre
de 1810; 20 de noviembre de 1910 y un día de tantos del
2010 el pueblo volverá a gritar, en verdad a voz en cuello
volverá a gritar: ¡Viva la Patria! ¡Viva
la libertad!
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