Pero no solamente de la libertad se ocupaba y en pro de ella batallaba el caballero de la triste figura. Otros temas también ocupaban su atención. Por las mismas fechas e idénticos parajes de la Mancha, el caballero andante y su escudero estudiaron y pusieron en práctica la truculenta cuestión del gobierno. Eran los años venturosos del siglo XVII y las principales monarquías del viejo mundo estaban de pie; no había conocido la humanidad la experiencia de un gobierno democrático y las nociones que de la democracia se tenían, eran las que habían legado los antiguos griegos. Sin embargo, por la pluma de Miguel de Cervantes quien diera origen al famoso hidalgo manchego quedó consignada, aunque no con el epíteto de democracia, la posibilidad de un gobierno emanado del pueblo. Y todos los que nos hemos asomado al mundo que vio y vivió el valeroso cuanto sufrido enamorado caballero de la sin par Dulcinea del Toboso, hemos podido ser testigos del gobierno que ejerció en forma digna de ser recordada, admirada e imitada, Sancho Panza en la ínsula Barataria. ¡Claro!, seguramente algunos que gobiernan en nuestros días si pasaran su vista por estas líneas sonreirían con sorna o tal vez con indulgencia. Sépalo pues quien así proceda que estará dando prueba de que gobierna a tontas y a locas, sin saber desde donde viene la raíz de su mandato y de que no sabe nada de nada, ni siquiera nada de la vida, que también es una gran escuela.
Pero sea como fuere, en el mundo del renacimiento en que le tocó ver la luz a “El Quijote de la Mancha”, Sancho Panza gobernó… Si, gobernó porque el caballero andante le prometió hacerlo gobernador; gobernó porque el mismo Sancho exigió que se cumpliera lo prometido; gobernó porque los duques burlones le concedieron el gobierno; gobernó porque él se sentía apto para gobernar. Y renunció al gobierno; si, más no por falta de aptitudes sino porque se dio cuenta que lo estaban burlando y como burla quedó su hazaña, porque así convenía para el buen curso de la novela.
Renunció al ejercicio del gobierno el fiel escudero. Para hacerse del poder no fue necesaria una revolución, para que soltara el mando del gobierno no fue necesario arrebatárselo con la fuerza de la violencia, nadie le exigió la renuncia, por su propia voluntad dimitió y al verle que renunciaba, sus vasallos postizos en un arranque de arrepentimiento y con la verdad espontáneamente surgida en sus palabras, le rogaron que permaneciera en su puesto a lo que Sancho respondió: “-¡Tarde piache!...Así dejaré de irme como volverme turco. No son estas burlas para dos veces…yo soy del linaje de los Panzas, que todos son testarudos, y si una vez dicen nones, nones han de ser, auque sean pares, a pesar de todo el mundo…” el mayordomo le suplicó: “-Señor gobernador…nos pesará mucho de perderle, que su ingenio y su cristiano proceder obligan a desearle; pero ya se sabe que todo gobernador está obligado, antes de que se ausente de la parte donde ha gobernado, dar primero residencia… –Nadie me la puede pedir –respondió Sancho- …cuanto más que, saliendo yo desnudo, como salgo, no es menester otra señal para dar a entender que he gobernado como un ángel. –Por dios que tiene razón… –dijo el doctor Recio- …Todos vinieron en ello, y le dejaron ir, ofreciéndole…todo aquello que quisiese para el regalo de su persona y para la comodidad de su viaje. Sancho dijo que no quería más de un poco de cebada para el rucio y medio queso y medio pan para él… Abrazáronle todos, y él, llorando, abrazó a todos, y los dejó admirados, así de sus razones como de su determinación tan resoluta y tan discreta…” ya antes el mismo mayordomo había declarado: “Cada día se ven cosas nuevas en el mundo: las burlas se vuelven en veras y los burladores se hallan burlados.”
Cuando las testas coronadas dominaban el mundo era una audacia plantear esto, era audacia proponer que un campesino podría gobernar y no a secas, sino con calificativos de honrado, justo, humilde, compasivo, modesto, preocupado por todos sus gobernados y en suma, como buen hombre a carta cabal. Con todo, ante los distraídos ojos de la realeza deslumbrados por el resplandor que emitía “El Dorado” distante y desconocido, Sancho Panza dictó la constitución para sustentar un gobierno justo, para dar origen a una nación laboriosa, progresista y equitativa: “…es mi intención limpiar esta ínsula de todo género de inmundicia, y de gente vagamunda, holgazana y mal entretenida; porque quiero que sepáis, amigos, que la gente baldía y perezosa es en la república lo mismo que los zánganos en las colmenas, que se comen la miel que las trabajadoras abejas hacen. Pienso favorecer á los labradores, guardar sus preeminencias á los hidalgos, premiar a los virtuosos…” más adelante manifestó “…siempre es alabado más el hacer bien que el mal; y esto lo diera, firmado de mi nombre si supiera firmar, y yo en este caso no he hablado de mío, sino que se me vino á la memoria un precepto, entre otros muchos que me dio mi amo Don Quijote…” también “…Ordenó que no hubiese regatones de los bastimentos en la república, y que pudiesen meter en ella vino de las partes que quisiesen, con aditamento que declarasen el lugar de donde era, para poner el precio según su estimación, bondad y fama, y el que lo aguase ó le mudase el nombre, perdiese la vida por ello; moderó el precio de todo calzado principalmente el de los zapatos, por parecerle que corría con exorbitancia…” Ante los ojos y frente a las barbas de la realeza gobernó el campesino Sancho Panza, legisló y administró con justicia, equidad y honradez, como no se había visto nunca en ningún gobierno del mundo conocido.
Plantear esto, aun bajo el jocoso ropaje de la comedia, fue una gran audacia intelectual, política y moral de Miguel de Cervantes y cuatro siglos después, plantear eso ya no como comedia en el mundo de la fantasía, sino como tragedia de la vida real, sigue siendo una audacia. Tras las revoluciones promovidas por la burguesía muchas coronas rodaron por los suelos y en ocasiones junto con la corana rodó también la cabeza del monarca, pero con esto no siempre ni en todas partes, no necesariamente fue el pueblo quien tomó en sus manos las riendas del gobierno. Sin embargo nadie puede negar sin torcer los acontecimientos históricos, que casi cuatrocientos años después de Sancho en la ínsula Barataria, la previsión cervantista se ha hecho realidad en ciertos rincones del orbe, aunque estos son pocos y viven constantemente asediados por duques burlistas y falsos vasallos.
Mucho habrán de batallar todavía los pueblos del mundo para que se consoliden gobiernos auténticamente populares, pero la ruta ya está trazada. El lanzón del caballero andante, señala el camino correcto. Por eso hoy, a quien esté gobernando o pretenda gobernar, exijámosle que se ponga frente al espejo del gobernador Sancho Panza y se atreva a decir como él al final de su mandato: “Vuestras mercedes se queden con Dios…que, desnudo nací, desnudo me hallo: no pierdo ni gano; quiero decir, que sin blanca entré en este gobierno y sin ella salgo, bien al revés de cómo suelen salir los gobernadores de otras ínsulas…” Quien ejerza el gobierno de una pequeña villa, de una población mediana o de una grande nación y no sea capaz de verse reflejado en la claridad de esas sencillas palabras, que se tenga confeso del delito de usurpación más los de corrupción y felonía. Y dicho esto, Dios les de salud y a mi no me olvide. Vale
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