El pasado 1 de julio ¡por fin! concluyó el proceso electoral donde se renovaron los 58 ayuntamientos y el Congreso Local, arrojando como resultado un cambio de partido en el gobierno de los municipios más importantes, por ejemplo, el PRD perdió la capital del Estado y Fresnillo que es el municipio más poblado; el PAN perdió Jerez; y el PRI, aunque avanzó en el número de municipios, no podemos olvidar que perdió Trancoso, uno de los municipios más cercanos a la capital. Sin duda, es necesario que las autoridades -que ya en estos momentos entraron en funciones- reflexionen en relación a sus nuevas responsabilidades y se dispongan a cumplir con las expectativas que despertaron en la ciudadanía, y sobre todo que, en lugar de estar pensando en saltar a otra posición de poder, se apliquen a trabajar en pro de sus municipios, pues la gente ya está harta de tantas promesas y nada de cumplimientos.
Sin embargo, a pesar de que los nuevos presidentes juraron servir a todos sus gobernados sin distingo, apenas a un mes de estar en funciones, las señales que se envían desde las oficinas de gobierno no son nada buenas y sí dejan ver que los que en campaña juraban ser totalmente distintos, se parecen mucho en los hechos. De ello, los antorchistas ya empezamos a sentir “el cambio” y a imaginar lo que nos espera los próximos tres años. A título de ejemplo, en esta primera parte me referiré a dos gobiernos emanados de partidos “distintos” y en otra ocasión expondré la situación en otros municipios. Veamos.
En primer lugar, el caso de Fresnillo, que gobierna el Lic. David Monreal Ávila, ex perredista que llegó al cargo por las siglas del PT. Muchas son las carencias que agobian a los ciudadanos de este importante municipio, baste decir que la gran mayoría de las comunidades rurales padece la falta de alguno de los servicios básicos, como agua, drenaje, luz eléctrica o, en el mejor de los casos, pavimentaciones. Esta aguda problemática ha sido ignorada históricamente por los ediles, que se limitan a repartir dádivas entre sus incondicionales, pero de obras muy poco han hecho. Ante este panorama tan desalentador, desde hace muchos años, un importante sector de fresnillenses se ha organizado en Antorcha Campesina y ha logrado, gracias a su lucha organizada, importantes beneficios para sus comunidades (casas de salud, electrificaciones, pavimentaciones, salones de usos múltiples, etc.). Pues bien, la lucha decidida de los antorchistas poco agradó al anterior presidente Rodolfo Monreal Ávila (sí, ¡otro Monreal!) quien siempre se negó a resolver las demandas. Hoy, con el cambio de administración, algún ingenuo podría pensar que las cosas van a cambiar, pero algunos elementos hacen pensar que nos esperan otros tres años de bloqueo e insensibilidad, pues desde los primeros días que tomó posesión el nuevo ayuntamiento acudieron los fresnillenses a solicitar entrevista con David Monreal para exponerle las peticiones, pero los funcionarios menores que atendieron a los peticionarios les dijeron que a la brevedad posible agendarían una reunión y llamarían para darles la fecha de audiencia a mis compañeros, y ¡siguen esperando la llamada! Por eso acudieron de nueva cuenta a recibir respuesta y el Secretario de Gobierno, Juan Cristóbal Félix Pichardo, dijo a los solicitantes que estaban estudiando las demandas y nos llamarían para dar respuesta. Aquí conviene aclarar (para que no se nos acuse de intransigentes) que prácticamente la plana mayor de los funcionarios de la administración anterior fue ratificado en el cargo; por lo tanto, las demandas las conocen y por ello ya deberían de dar respuesta, o por lo menos, sentarse con los solicitantes para acordar los plazos y las vías para atender sus peticiones. Este mal síntoma es prueba de lo que nos espera.
En segundo lugar, el caso del municipio de Guadalupe donde, de nueva cuenta, gobierna el PRD, ahora encabezados por el Ing. Samuel Herrera Chávez. También ahí son muchas las carencias que padecen los habitantes y se requieren, por tanto, acciones ambiciosas para abatir el atraso en el que vive la mayoría de los guadalupenses; por ello también aquí existe un numeroso grupo de gente que se ha organizado en las filas del antorchismo y, de manera respetuosa, acudimos el pasado 28 de septiembre a solicitar por escrito una entrevista con el primer edil para plantear nuestro pliego petitorio. Para sorpresa de muchos y para dar la impresión de mucha sensibilidad, (pues no teníamos cita) el Presidente Municipal salió a atendernos y, haciendo gala de mucha “voluntad política”, dijo que valoraría las demandas para ejecutar en lo inmediato las que fuera posible atender y las demás las programaría para el año entrante y se acordó una reunión para el 12 de octubre para tomar acuerdos. Hasta aquí todo iba bien, pero no pasó mucho tiempo para comprobar que la verborrea de la reunión anteriormente citada era pura demagogia. Y entonces, cuando acudimos a la cita pactada nos dijeron que el presidente no se encontraba y que nos atenderían los directores de área y el Secretario Particular. Como lo que nos interesaba eran las respuestas, aceptamos la reunión con los funcionarios menores, resultando un verdadero fracaso, pues no hicieron otra cosa que quejarse de los muchos asuntos que tenían que revisar y hasta nos regañaron, pues no éramos los únicos con problemas (sic), dejando al descubierto que la “voluntad” de su jefe, o era puro rollo o por lo menos, que no les interesaban a ellos los compromisos del Ing. Herrera Chávez. Pero hay más, como si lo anterior no fuera suficiente, un tal Navarro, que es funcionario menor de la presidencia, acudió hasta la puerta de la casa de dos destacadas antorchistas a recomendarles se salieran de Antorcha, porque el presidente iba a resolver todos los problemas sin que nadie lo presione. Vayamos con calma. Si el presidente no necesita presión, entonces ¿qué importa si la gente está organizada o no? Pues no hay problema. Pero, ¡esperaremos desde nuestra casa la respuesta! Y veremos que lo que les preocupa es exactamente eso, o sea, que la gente se organice, porque ya organizada va a exigir sus derechos. Eso es lo que los pone a temblar.
Los dos acontecimientos anteriormente relatados hablan por sí solos y dejan ver lo que nos espera con los recién estrenados funcionarios. En el caso de Fresnillo se asoma la insensibilidad y el cinismo; y en Guadalupe, además de la demagogia e ineficacia, se ejemplifica, de manera clara, la aversión de los políticos al pueblo organizado. Pero los antorchistas no nos amedrentamos, y sí, en cambio, ratificamos la idea de que no tenemos otra opción más que la lucha organizada, pues ningún partido de los que hasta ahora conocemos tiene como preocupación fundamental sus gobernados. Y es que, sólo el pueblo organizado y conciente podrá, en lo inmediato, mejorar sus condiciones materiales de vida y, más adelante, luchar por un cambio serio y profundo en su beneficio, de eso no hay duda.