MOVIMIENTO ANTORCHISTA


La corrupción y los subempleados

Ernesto Enciso Carrillo
Secretario de Prensa y Propaganda en Nuevo León
15 de julio de 2008

Fue en el mes de mayo que los medios locales de comunicación en Monterrey, Nuevo León, empezaron a dar cuenta de los que más adelante se llamó “ordeña de los parquímetros”, esto es, el robo que,  día con día, se realizaba del dinero de estas alcancías por parte de los propios funcionarios y empleados del municipio encargados de la recaudación. Estos aparatos, a decir de algunos que pasan por ingenuos, se pusieron para evitar que algún automovilista se “adueñara” de los lugares de estacionamiento, disponiendo de más tiempo. Sin embargo, esto dista mucho de la realidad, pues los parquímetros no son más  que otro medio para obtrener dinero. La recaudación por parquímetros es cercana a los 40 millones de pesos anuales y el monto de lo robado asciende (a  razón de 33,438 pesos diarios, que es lo que se estimó fue la “ordeña”) a más de 10 millones en un año. La administración panista está “investigando” a sus propios funcionarios involucrados, con una tibieza que, más que ir al fondo, es una actitud de solapamiento y de corrupción. Después de dos meses de que se dieron a conocer las irregularidades, se ha cesado a algunos funcionarios, entre ellos, al encargado de la Subdirección de Parquímetros, y, recientemente  se determinó suspender temporalmente el funcionamiento de los aparatos.

Pues bien, aunado a este problema, hay otro: el de los llamados, peyorativamente, franeleros, que son como todo mundo conoce a las personas que se colocan en las aceras donde están los parquímetros y realizan, a cambios de unas monedas, una serie de actividades como de auxiliar al conductor del  vehículo para que éste  entre y salga del espacio donde se estacionó, asegurar que el parquímetro tenga las monedas para que el conductor no sea infraccionado mientras deja su automóvil pues muchas de la veces no se sabe si se va tardar mas, limpiar el vehículo ( de ahí viene el nombre “bautismal”) con una franela y agua, y  hasta cuidar el propio vehículo de un posible  robo. Ahora bien, sobre estos trabajadores humildes se ha desatado una verdadera cacería por parte las autoridades municipales (y más de un medio de comunicación, que también contribuyen a este linchamiento), quienes han ordenado que en el momento en que aquéllos intenten realizar su trabajo sean detenidos por la policía regia como viles delincuentes y llevados a las celdas, hasta que no paguen la tan socorrida  multa por “falta administrativa”. Resulta que el subempleo generado por la muy antipopular y torpe política del gobierno es combatido represivamente; así estamos de mal en el estado.

El argumento de la autoridad municipal es que los franeleros abusan de los automovilistas y se “adueñan de las calles”. Realizan, según ellos, una actividad ilícita y son unos vivales. La realidad es que estos hombres, en su inmensa mayoría, ni abusan de los automovilistas, ni se adueñan de las calles, son simplemente hombres desempleados, muchos de la tercera edad, que están tratando de ganarse con trabajo el sustento de ellos y de sus familias. Engrosan esa masa de parias modernos a los que este régimen no les da trabajo y no entran al PEA (Población Económicamente Activa). No solamente no se les da trabajo, sino que se les quita toda posibilidad de sobrevivir; no solamente no se les da una alternativa, sino se les encarcela. ¿Por qué no aprovechar -razonan los funcionarios- la situación de los franeleros como una distracción de la ciudadanía ante muchos otros problemas sociales, mucha podredumbre y mal funcionamiento de la sociedad regia?

¿Por qué a los funcionarios corruptos que desfalcan el erario público al robarse lo que entra en los parquímetros se les trata tan suavemente y a los franeleros se les trata con mucha dureza? La respuesta es clara: por la acendrada corrupción, propia del sistema social que prevalece en el país. Pero esta corrupción que campea a lo largo y a lo ancho del país no es eterna, ni ha existido en todos los tiempos  como sostienen los que justifican su existencia. La corrupción, y en particular la corrupción económica, aparece cuando  existe la posibilidad de enriquecerse a costa de los demás, de poseer para sí esto o aquello, cuando se pierde ese sentimiento de hermandad y fraternidad y aparece el individualismo. Esto es, cuando aparece en la sociedad humana la propiedad privada, y con ello el interés privado. En la comunidad primitiva esto era imposible pues todos los medios de producción y los bienes pertenecían a todos.

Esto último que menciono, dirán algunos, no es más que prehistoria, y la sociedad actual nada tiene que ver con ella, pero, a mi juicio, la historia debe servir para que el hombre conozca su pasado y aprenda de los aciertos y errores, y si una sociedad en el pasado demostró ser mejor en algo, ¿por qué no aspirar a ello, aunque, claro está, de una forma superior? 

¿Por qué, entonces, extrañarse de la corrupción en la administración municipal actual? Esto de los parquímetros es lo que salió a flote; la cloaca seguramente ahí está. Se debe acabar con la corrupción de los fondos públicos y dar empleo al pueblo trabajador, en lugar de reprimirlo porque busca su sustento. Sólo el pueblo organizado, cual Hércules,  puede limpiar la suciedad de “los establos de Augías”. Al tiempo.

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