Con motivo de la reciente manifestación que realizaron los jóvenes agrupados en la Federación Nacional de Estudiantes Revolucionarios Rafael Ramírez (FNERRR) por las calles de Chilpancingo, se dio al evento un trato en dos sentidos por parte de los comunicadores: la amplia mayoría (afortunadamente en estos tiempos dizque de libertad de expresión y tolerancia) receptivos, objetivos y dispuestos a dar la información tal cual; uno solo, generó una información torcida, calificada por sus intereses muy personales, y abusó del espacio, para llenar páginas con sus fobias y calumnias. Esto me obliga a exponer mi opinión al respecto.
Indudablemente que Guerrero ha cultivado una tradición de lucha social y ello explica que existan gente (y comunicadores) que simpatizan con las causas populares, receptivos y respetuosos a las demandas sociales, aunque caigan algunas veces en los lugares comunes de “caos vial”, “afectando a terceros” o “medida desgastada”. Pero, ¿se protesta por gusto? ¿Toda protesta puede no causar algún trastorno? ¿Pueden ser compatibles los derechos de unos y de otros? Para entender las protestas debemos ver necesariamente las causas que las originan, y ellas están indefectiblemente en el papel omiso, remiso y muchas veces opuesto de la autoridad correspondiente. Por tanto, la protesta pública ejercida responsablemente, dentro del marco legal vigente, tutelada además como derecho constitucional, es una válvula de escape a la problemática social que debe ser ejercida, si queremos llegar a ser una sociedad democrática y progresista.
Esto es precisamente lo que no han entendido, quienes critican los efectos de la protesta, la califican desde su muy particular punto de vista, o la descalifican por los intereses y encargo de otros. Ejemplo de esto último es el escrito publicado por Marcelo Villanueva Luna, quien funge como Secretario General de la sección XVII del Sindicato Nacional de Redactores de la Prensa (SNRP), mismo que escribió: “Acusan a estudiantes de FENERR de revoltosos; en lugar de estudiar exigen dinero, acusan”, sin decir quienes, dónde o cuándo acusaron. Dice que “supuestamente estudiantes…en lugar de estar estudiando… andan de revoltosos…exigiendo dinero al gobernador Carlos Zeferino Torreblanca Galindo…como si el mandatario estatal tuviera la obligación de mantener a holgazanes disfrazados de estudiantes.” ¿Qué le parece semejante perla, amigo lector? No se preocupó el reportero de investigar el verdadero carácter de estudiantes y las peticiones concretas de los manifestantes, a pesar de que se anunciaron públicamente en los medios. ¿Es esto ejercicio honrado del periodismo, o trabajo a tanto la línea para golpear? Se agrega en el escrito de marras que, “agrupación dependiente de Antorcha Campesina…Gerardo Reyes Martínez vocero de esta agrupación fantasma…generando un severo caos vial y causaron daños…con su pinchurrienta movilización pidiendo dinero al ejecutivo estatal”. Reivindico desde aquí la lucha y la independencia de la FNERRR, como en su momento me he manifestado solidario con la lucha de los normalistas por espacios de trabajo, o con las comunidades que luchan por las escuelas que les hacen falta. Llama la atención el rasgo policiaco y descalificador de Villanueva; decir, “pidiendo dinero”, sin señalar por qué y para qué, es tergiversar la lucha de los solicitantes. Al gobernador se le exige porque es la cabeza del ejecutivo, y éste, encargado del manejo de los dineros públicos, mismo que debe ser canalizado para obras, servicios y bienestar social, ¿ya se le olvidó esto al “periodista”? Pero si él también fue morador de la casa estudiantil “Ignacio Manuel Altamirano” (formada por Antorcha), apoyo con el cual pudo hacer sus estudios.
Termina diciendo el escrito que “grupos de moradoras de la casa estudiantil Heroína de Tixtla…fueron desalojadas de manera discriminatoria por Serafín Gallardo, dirigente estatal de Antorcha… como no respondían a sus intereses…” Miente y calumnia Marcelo Villanueva Luna, simplemente para desprestigiar a Antorcha y cumplir mejor su papel de pluma venal. El grupito se fue por su propia voluntad, a las dos de la madrugada, despojando a la casa estudiantil de parte de sus bienes. No cabe duda que ha cambiado el status del “periodista” Marcelo Villanueva, para convertirse en calumniador, deshonesto periodista y policía al servicio del gobierno. Como no es éste el primero, ni el último de sus ataques, estaremos siempre atentos a darle la respectiva respuesta. Que conste.