MOVIMIENTO ANTORCHISTA


¡Ser o no ser…!

Ernesto Enciso Carrillo
Secretario de Prensa y Propaganda en Nuevo León
13 de agosto de 2008

No se crea, amigo lector, que nos referimos a la célebre frase que se hace Hamlet, protagonista de la obra del mismo nombre, escrita por el gran poeta y dramaturgo inglés del siglo XVI,  William Shakespeare. Fue, más bien, el “dilema” con el que se encontró el  panismo neolonés cuando puso a discusión si el método de  selección  de candidatos a los puestos de elección popular (en especial el de gobernador), debería ser,  o como hasta ahora, decidido por un reducido Consejo de panistas, o mediante una  elección “abierta”, es decir, mediante la votación de los ciudadanos. Dicho “dilema” no obedece a un interés genuino por la tan llevada y traída democracia,  sino al más burdo interés por el posicionamiento mediático sobre el votante.  Al menos así se dejó ver en más de una de las declaraciones que dieron a los medios informativos locales, los principales interesados de ese partido por ocupar la primera magistratura del estado. Pero finalmente, como era de esperarse, pues no podía ser de otra manera, triunfó el “ser”, la realidad, y las cosas quedaron como estaban.

Se manejó el argumento de que el hacer una selección del candidato mediante una elección  abierta, daba  notorias ventajas al  partido que la llevase a cabo, pues permite que el candidato en cuestión sea más reconocido por el electorado, tenga “más popularidad”. “La diferencia en las elecciones pasadas- dijo uno de los excandidatos panistas en la anterior inmediata contienda a gobernador- fue que ellos (el Partido Revolucionario Institucional) hicieron elección abierta, y nosotros no”.

Lo que  intentamos  en esta colaboración, es explicarnos por qué el PAN en el estado, se encontró en esa disyuntiva, y el por qué de su decisión final.

Todos los partidos actuales del panorama político actual, se dicen democráticos, se dicen respetar a las mayorías y representar sus intereses. La realidad es otra muy distinta: cada partido representa los intereses de determinado grupo o grupos socioeconómicos (o como dice la teoría marxista, de clases sociales). Actualmente, no tenemos un partido que represente al pueblo trabajador, que es la mayoría. Por tanto, estos partidos, una vez llegados al poder, persiguen, con todos lo mecanismos que les proporciona el Estado ya en sus manos, y mediante su programa de acción, alcanzar, hasta donde la correlación de fuerzas políticas se los permite, los intereses de dichos grupos sociales, no el de la mayoría de la sociedad, como dicen ellos. Pero dado que tiene que hacer creer al pueblo que ellos son sus verdaderos representantes, es necesario justificarlo y para eso sirven del llamado juego democrático: las elecciones. La verdad es que a los actuales partidos no les interesa el votante sino el voto; lo de menos es quien vote, sino que vote por ellos. Lo de menos es si el votante carece de empleo, tiene o no tiene vivienda, si tiene para atenderse médicamente, si puede educar a sus hijos, todo esto es lo de menos; lo importante es que ejerza su vota a favor del partido interesado.

No están nada erradas las cabezas de los partidos electoreros, y en eso el septuagenario PRI lleva ventaja, al suponer que las elecciones abiertas para seleccionar al “gallo” de su  partido, le permite a éste estar en mejor posición ante el electorado antes de empezar la competencia final con los otros partidos. Y cómo no lo va a estar, si esas precampañas implican, aparte del millonario gasto económico, una descomunal propaganda publicitaria consistente en miles de anuncios televisivos, radiofónicos, pintas, etc., en la que se promociona, hasta el hartazgo, al candidato en cuestión. Resultando de ello que el candidato sea, superficialmente, conocido, pues ¿acaso las ventas de una determinada mercancía no se incrementan en razón directa a la publicidad de la misma? ¿Acaso ignoran los expertos en mercadotecnia que la mercancía debe estar en la mente del comprador? Sí,  desde hace ya buen rato.  El panismo, al estar pensando en abrir su proceso interno pensó precisamente en esto, y de ahí el porqué algunos connotados  panistas u optaban abiertamente por este método de selección o por lo menos se mostraban indecisos (el “ser o no ser” del que hablamos).

Ahora bien, si el método  abierto de selección de candidatos da ventajas en el sentido que hemos explicado arriba, lo cierto es que encierra sus riesgos, y, sobre todo, cuando el partido que se lo propone hacer es, en esencia, como lo es el PAN, un partido no de masas, sino de élite. Me atrevo a decir que en la decisión final del panismo peso, no sé si mucho o poco, el fracaso del perredismo en el pasado proceso para elegir la dirigencia nacional, al que el propio fundador del mal llamado (porque no tiene nada ni de lo uno  ni de lo otro) sol azteca, calificó de “cochinero”. Lo cierto es que el PAN quiere votos pero, en primer lugar, no está dentro de su ideología poner en práctica una verdadera democracia,  y en segundo, no está dispuesto a arriesgarse a un descalabro de este tipo.

Lo real es que la democracia como forma de gobierno es superior a otras formas que le precedieron (por ejemplo, la monarquía). Pero es igualmente real que bajo el actual régimen económico, la democracia es ficticia y no dejará de ser más que una justificación para que una reducida minoría de poderosos puedan seguir enriqueciéndose a costa de lo trabajadores que forman la mayoría. La democracia actual esta mocha y así seguirá; su realización plena implica cambios más o menos profundos en la sociedad actual. El panismo persigue propósitos para unos pocos y lo que menos le va es la verdadera democracia. Y por eso sucedió lo que tenía que suceder.

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