Para nadie es desconocida la influencia que tienen los medios masivos de comunicación en la sociedad actual, al grado de ubicarlos hace tiempo como “el cuarto poder”, lo que se acentúa en las últimas décadas con los avances técnico-científicos a través de la mercadotecnia, la psicología, etc. En estos medios de comunicación, entre otras cosas, se da la promoción de mercancías a través de repetir miles de veces anuncios que no reflejan las características reales de determinada mercancía, sino nos las presentan con propiedades y cualidades casi “mágicas”. Así, cual la más vulgar de las mercancías, también se ha dado y se da la promoción en los medios electrónicos de la “figura y personalidad” y “méritos” de políticos de todo pelaje que aspiran a un cargo público, de programas y políticas de gobiernos por demás “bondadosos”, de las reformas salvadoras de cataclismos, propuestas por el gobierno. Lo mismo que con las mercancías, se utilizan dos mecanismos: uno, la repetición de anuncios en pro hasta el cansancio en los medios masivos de comunicación, hasta que prácticamente el consumidor “la vea hasta en sueños”, y, segundo, hacer pasar, en la mayoría de los casos, mentiras por verdades.
La verdad (o más correctamente el conocimiento científico de las leyes de la realidad) se ha dicho, con toda justeza, es todo poderosa, esto en el sentido de que bien aplicada a la realidad permite la transformación de ésta en favor del hombre. Pero la mentira o deformación de la realidad (sobre todo en el terreno de las ciencias sociales y económicas, y práctica cotidiana de los gobernantes de todos los niveles), es harto frecuente, y no carece de poder; ha prevalecido y prevalece porque así les ha convenido a los explotadores de todos lo tiempos. Mentirle a pueblo, deformando la realidad, para someterlo es una de las armas del poderoso. Este recurso se ha afinado, se ha perfeccionado, con el correr del tiempo. Ya en la antigüedad, en Grecia, surgió una escuela filosófica que cultivo el arte de la elocuencia o retórica, el arte de la discusión y el de la demostración: la sofística. Esta escuela abordo muchos otros problemas filosóficos, en varios casos dio aportaciones y posiciones avanzadas y acertadas. Pero en la actualidad, por lo que los conocemos, es en lo que degeneraron los últimos representantes del sofismo, a saber: defender a ultranza cualquier tesis fuera verdadera o falsa. Protágoras, uno de sus representantes, decía que a toda demostración podía oponerse otra contraria, tan convincente como la primera, en otra palabras, que dada una mentira podía demostrase que era verdadera y viceversa. En la actualidad, por un sofisma se entiende una mentira que se hace pasar por verdad, un subterfugio bajo el cual se disimula la verdad.
En los tiempos que corren se da, más que nunca en ninguna otra época, lo que podríamos llamar la mentira a gran escala, masiva. Los potentes medios de comunicación utilizados para “vender” mentiras, con sus pretensiones de posesionarse de la mente del pueblo, de determinar ya su decisión o posición, en otras palabras, todo con miras a controlar su voluntad.
Todo lo anterior, lo menciono por que eso precisamente viene sucediendo con el actual gobierno federal, y más particularmente, con la propuesta calderonista de reforma energética. Esta no tiene otro objetivo que la privatización de ese recurso natural de la nación, y para predisponer a su favor dicha propuesta se utilizan los dos recursos señalados arriba, y si no veamos:
Cuantos anuncios pro reforma energética, desde que se empezó a manejar la propuesta, han salido: ya varias decenas de miles, si contabilizamos todos los medios electrónicos. Saben bien los defensores de tal reforma que deben meter esta idea en la mente pueblo trabajador, de que éste la debe verla como se dice “hasta en la sopa”. Por otra parte, el uso de los sofismas en los anuncios, para muestra, un ejemplo: “…si se rechaza la reforma de PEMEX, tendremos menos petróleo, tendríamos que importar cada vez más gas y gasolina; el gas y la gasolina saldrían más caras, por eso debemos apoyar la reforma PEMEX que propone el Presidente…”, dice un fragmento de uno de los anuncios. Es decir, que sólo con la reformas presidencial (del PAN) podremos tener suficiente petróleo, no tendremos que importar ni gas ni gasolina, nos saldrá más barata. No existe pues más que una salida, todas las demás nos llevarán a un desastre energético. Sabemos que esto es falso, pero se hace pasar por verdadero. Se oculta el carácter privatizador de la propuesta No se dice que desde hace años el gobierno sólo ha desangrado a PEMEX, retirándole más allá de sus utilidades, en lugar de capitalizarlo, entre otras cosas invirtiendo en la construcción de refinerías. Lo real es que PEMEX requiere cambios, entre otras cosas acabar con la corrupción que junto con lo anterior lo tiene postrado, pero éstos no implican necesariamente su privatización.
Sólo cuando lo medios de comunicación masivos dejen de ser un instrumento de los poderosos, hasta entonces las mentiras dejaran de “venderse” a gran escala y servirán para manipular la conciencia del trabajador. Tarde que temprana esto sucederá.