MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Contrastes de Monterrey,
y la lucha de Antorcha
Ernesto Enciso
Secretario de Prensa y Propaganda en Nuevo León
26 de abril de 2008

En Monterrey y su área metropolitana, como todas las  urbes que surgen del desarrollo capitalista, se tiene una realidad formada por dos contrastes: por un lado pequeños sectores de zonas residenciales, lujosas y “selectas”, con  grandes centros comerciales, obras imponentes cercanas a aquellas, todo  acorde a una ciudad que pretende ser de “primer mundo”, y, por otro lado, contrastando, amplias zonas de colonias con una marginación lacerante,  carentes en muchos casos de los servicios básicos, sin agua potable, sin drenaje, sin electrificación, sin escuelas, sin centros de asistencia médica, etc.; males cuya causa última es la mala distribución de la riqueza social que priva en el estado. Opulencia y pobreza, conviviendo aparentemente en “perfecta armonía”, al menos así lo pretenden ver y hacernos creer los medios de comunicación, con cantos de sirena por parte de los poderosos, sus corifeos y sus representantes en la política y el poder.

Para no dejar en general, amable lector, este planteamiento, quisiera ilustrarlo con ejemplos concretos.  Se ha hablado de que se viene dando un “boom” en el crecimiento de hospitales privados en el área Metropolitana de Monterrey, se habla de que aquí y allá se están construyendo (o están en proyecto)grandes hospitales. Este crecimiento se debe, dicen los empresarios dueños de los hospitales, a la gran demanda no sólo en la entidad, sino de personas que vienen a atenderse de otros estados, e incluso, del vecino país del norte. Es un  hecho real que a la inmensa mayoría de la población trabajadora, le es imposible atenderse en estos hospitales por sus altos costos (y para no pocos, incluso, también en hospitales públicos).

Cada vez que algún miembro de la familia enferma, viene a representar una verdadera crisis en su economía familiar, de la cual se sale no sin heroicos  esfuerzos.  Dentro de la cuestión de salud pública, se pronostica para esta temporada de lluvia otro affaire (o escandalito), que pone a “temblar” a la  Secretaría de Salud, como el que el año pasado estuvo apunto de costarle el puesto a su titular, cuando se propagó el dengue. El año pasado se presentaron casi tres mil  casos de esta peligrosa enfermedad (dengue hemorrágico) y, en lo que va de este año, existen 60 casos, sin que todavía  estemos en el período de lluvias (en que se reproduce este insecto). Tenemos, pues, por un lado, hospitales de lujo para la gente que puede pagar miles de pesos desglosados en conceptos que hacen una larga lista: habitación con todas las comodidades imaginables y con la medicina y con la tecnología médica más moderna, con alimentos como de restaurante caro,  etc. Por otro lado, miles y miles de familias que ni siquiera pueden comprarse las medicinas recetadas o pagar, ya no hablemos de un médico especialista, sino de uno  general. Tenemos personas  que son víctimas (mortales en el caso del dengue hemorrágico) de una enfermedad que se trasmite por un insecto que se reproduce en cacharros, llantas y todo lugar donde se pueda contener el agua sucia, es decir, en condiciones insalubres originadas por la pobreza de la gente que vive en los márgenes de ríos, cañadas, barrancos, colonias cercanas a basureros. Hasta ahora no sé de ningún caso de dengue en San Pedro, Cumbres  o cualquier otra zona privilegiada.

Sigamos. Ciudad  de “grandes obras”  que le dan embellecimiento y la hacen ser de “primer mundo”: el puente atirantado que  se hizo para conectar San Pedro (municipio más rico en el país por su ingreso per cápita) con Monterrey, y que cruza lo que queda del río Santa Catarina. En este puente  se invirtió  más de quinientos millones de pesos y por el cual no circulan más automóviles que cualquier avenida de afluencia vehicular media; Paseo de Santa Lucía, que conecta la  famosa Macro Plaza con el Parque Fundidora, para realizar el llamado Fórum de las Culturas; se acaba de inaugurar  la alberca olímpica en el campus universitario, en la que originalmente se dijo se invertirían  53 millones de pesos, pero que finalmente se concluyó con una inversión de 118 millones de pesos. Todo esto está bien, pero ¿y las necesidades de la mayoría de la población que se debate en la pobreza? Estoy convencido de que los “lujos” deben de venir después de satisfacer lo básico. Ciudad, pues, de obras suntuosas y costosas, pero también, ciudad de grandes  cinturones de miseria: la otra cara de la moneda; cara en la que Monterrey se muestra como  una ciudad de “tercer mundo”; colonias que no cuentan  con agua potable, drenaje, electrificación, que no están regularizadas, que no tienen centros de salud, etc.

¿Cómo se explican estos contrastes? Al surgir históricamente la  clase capitalista (o empresarial), surgió, también, el proletariado (trabajador) moderno, carente de propiedad y destinado  a asalariarse,  vendiendo su fuerza de trabajo al dueño de las materias primas, de la tierra, herramientas, las máquinas y local de trabajo, etc. Y en la misma medida que el capitalismo se desarrolla, en esa misma medida se hace más numerosa la clase de los trabajadores asalariados. Unos producen la riqueza y no se apropian más que de la parte  de la riqueza que les permite seguir existiendo como tales: los medios de vida (alimento, ropa, calzado, instrucción al nivel que le es necesario a la industria, etc.). Esto es, unos no producen y se apropian de mayor parte de la riqueza social, que  son los que viven en las zonas lujosas y “selectas”, en tanto el proletariado, que forma la inmensa mayoría de la población, es el que vive en la pobreza, sin contar muchas veces con lo más elemental. Esto hace que la sociedad y  todas sus manifestaciones sean contrastantes.

Cruda realidad a la que se nos quieren presentar como “normal”, se nos dice que siempre ha habido pobreza y riqueza, ricos y pobres; que siempre han existido los dos polos. Pero la verdad es que eso no es más que expresión cruda de la injusta distribución de la riqueza, problema lacerante que se quiere “solucionar”  lanzándoles a los trabajadores el anzuelo de un supuesto  “futuro mejor que llegará si somos optimistas”. Engañifas y más engañifas.

La solución es la lucha organizada de los pobres. Para muestra basta un botón: cuando este escrito salga, ya se habrán entregando por parte del Antorcha Popular alrededor de 600 lotes a familias humildes que carecían de terreno donde vivir en la zona de Escobedo y del Carmen, Nuevo León, y, además está por iniciarse una unidad deportiva. Vendrá en seguida la lucha por los servicios. “Hechos, son amores”, dice el dicho popular. 

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