Este día 27 y hasta el 31 de este mes, representantes de la UNESCO, estarán en esta ciudad para confirmar la posible declaratoria de San Luís Potosí, como Patrimonio Histórico de la Humanidad. Gran expectativa ha generado la llegada de estos funcionarios internacionales, por la posibilidad de obtener una certificación favorable de aquel organismo dependiente de la ONU; sobre todo, de la administración estatal, que dirige Marcelo de los Santos Fraga, que ha dedicado todo lo que va de su gobierno a lograr tal declaratoria, además de la inversión millonaria para rehabilitar el Centro Histórico.
El interés de la autoridades estatales por lograr la declaratoria tiene la motivación, dicen, de que una vez lograda su certificación, llegarán a la ciudad de San Luís Potosí recursos internacionales para mantener la belleza arquitectónica de los inmuebles considerados en el catálogo de monumentos históricos de la época de la Colonia; además, se atraería al turismo nacional e internacional a visitar nuestra ciudad y, con ello, una derrama importante en la economía potosina, por la prestación de servicios en el ramo de hotelería y gastronomía, y habría generación de empleos. Éstos son los motivos y bondades de llegar a ser parte del Patrimonio Histórico de la Humanidad. Sin duda, la preocupación del gobierno estatal es loable y empuja a nuestra entidad hacia un mejor progreso y desarrollo.
En contraparte, académicos e historiadores potosinos, se muestran escépticos de que se pueda lograr tal Declaratoria, al señalar que esta ciudad ya no tiene nada de histórico, ni colonial; que prácticamente se ha destruido en años recientes, lo poco que tenía de inmuebles coloniales en el Centro, y se han instalado objetos que nunca existieron en la época de la colonia, como es el caso de las horribles rejas que tapan los accesos a la Plaza de Armas; y lo peor, es el desparpajo que pretende el presidente municipal, Jorge Lozano Armengol, de instalar los llamados “parquímetros” en las principales calles de la ciudad.
En medio de estos pros y contras sobre la posibilidad de lograr la anhelada Declaratoria, existen sectores de la sociedad que se sienten afectados porque no se les ha tomado en cuenta para participar en estos propósitos tan “llenos de bondad”; es el caso de los humildes comerciantes ambulantes que durante muchos años han desarrollado su actividad comercial en el Centro Histórico y que ahora se les pretende reubicar, bajo el argumento de que dan “mal aspecto” y “afean la ciudad”. Estos propósitos de desalojo de los ambulantes del centro, se hicieron antes realidad, en 1990, cuando el alcalde represor panista Mario Leal Campos, a punta de cárcel y golpizas mandó a los comerciantes a los llamados mercados “San Luís 400”, “La Pulga de Allende” y “Tomás Vargas”, lugares donde nunca los comerciantes pudieron desarrollar sus ventas, porque nunca se acreditaron dichos espacios, por falta de apoyos del gobierno del estado y del municipio, para que fueran funcionales. Ahora se pretende de nueva cuenta desalojarlos, y para empezar, los han obligado a no comerciar durante los 4 días que permanecerán los funcionarios de la UNESCO en la ciudad, para que no den mal aspecto ante visitantes tan distinguidos.
Todo esto es injusto; los comerciantes humildes también son humanidad, el elemento humano es el más importante patrimonio del mundo; es parte de nosotros mismos, de la colectividad; por tanto, se les debe respetar sus derechos y su trabajo y ofrecerles alternativas reales para que puedan llevar el sustento diario a la familia.
No vale ningún Patrimonio Histórico de la Humanidad, cuando se pretende eliminar a la humanidad misma.