En colaboraciones anteriores he dado cuenta de las dificultades que enfrenta un numeroso grupo de estudiantes, campesinos y colonos humildes del municipio de Trancoso, para hacerse escuchar por el alcalde panista Daniel Hernández Juárez, que se niega a resolver un modesto pliego petitorio que incluye demandas de carácter elemental, la trascendencia de las demandas, los ridículos pretextos que la autoridad ha esgrimido y lo prolongado de la gestión, me obligan a regresar al tema para informar a “propios y extraños” cómo se conducen los gobernantes panistas.
Con el propósito de ilustrar al lector sobre la importancia de las demandas, pero sobre todo para evidenciar el tamaño de la negligencia y lo obsceno que resulta negarlas, enlistaré algunas de las peticiones hechas al edil de Trancoso: pavimentación de nueve calles, ampliación de la red de drenaje en diez calles, electrificación para veinte familias, guarniciones y banquetas en seis calles, enmallado y pintura de un kinder, conclusión de la construcción de baños para una secundaria, apoyos para el mejoramiento de las viviendas de ciento cincuenta familias y la construcción de barda perimetral para el Colegio de Bachilleres, todas la anteriores son obras que se necesitan en las comunidades de San Salvador, La Blanquita, El Porvenir, Rubén Jaramillo, San José del Carmen y en cuatro barrios de la cabecera municipal. Como puede apreciar cualquiera, se trata de obras de carácter elemental y de urgente atención, pues en algunos casos están generando focos de infección que pueden causar graves enfermedades e incluso epidemias, pero además en varias de ellas se trata de pequeños tramos que no requieren grandes inversiones y también se trata de acciones básicas, que deben estar presentes en cualquier programa de gobierno. ¿Cuál es entonces la razón para no atenderlas? La respuesta es muy sencilla: Daniel Hernández y compañía no se preocupan por los problemas de la gente pobre y menos aún si están organizados los solicitantes.
En relación a “los argumentos” principales esgrimidos por el alcalde y sus subalternos, para negar la solución de las demandas anteriormente mencionadas, vale decir que, entre una larga y aburrida verborrea, los funcionarios en cuestión le han espetado a los peticionarios: falta de presupuesto, que las demandas deben ser aprobadas por el comité de concejales comunitarios y que ya se está haciendo obra en las comunidades. Da la impresión de que Juárez Hernández cree a los peticionarios ingenuos o que tienen tres años para creerse semejantes cuentos. Primero, por muy poco que fuera el presupuesto, bastaría con tener voluntad de ayudar y hacer una repartición racional de los recursos para iniciar con algunas de las obras más urgentes, pero además lo que resulta contradictorio es que si hay limitaciones presupuestales, el ayuntamiento esté invirtiendo carretadas de dinero en publicidad televisiva y no tenga un solo centavo para entubar las aguas negras que corren por algunas calles del municipio, el fondo de la cuestión es que la publicidad prestigia al ayuntamiento y le permite ganar adeptos al Partido Acción Nacional en el que milita el primer edil y ¡por ello no les importa que la gente siga expuesta a la infecciones! En segundo lugar, ciertamente las obras deben ser aprobadas por los concejales, pero hay que decir que el presidente de ese comité es el mismo que encabeza la administración municipal o sea Daniel Hernández Juárez y por ello seria muy sencillo que sin violentar la autonomía y la representación de ese respetable comité en su calidad de miembro del mismo, el alcalde expusiera la conveniencia y la urgencia de atender algunas de las peticiones planteadas por mis compañeros antorchistas, pero nada de eso, de lo que se trata es de pasar la papa caliente para evadir la responsabilidad. Tercero, en cuanto a las supuestas obras que se están haciendo en las comunidades (supuestas, pues algunos pensamos que sólo existen en la imaginación y en los anuncios pagados con el dinero del pueblo), hay que decir que es casi imperceptible o innecesaria, como la pintura de las oficinas del ayuntamiento, que recientemente se efectúo a pesar de estar en buen estado.
Sobre lo prolongado de la gestión, lo tortuoso que ha resultado la misma y las muchas maniobras en las que han incurrido los funcionarios municipales, podríamos decir mucho y llenar varias hojas, pero unas cuantas líneas bastarán para ilustrar el calvario que están sufriendo los peticionarios y lo nefasto de la actitud de los gobernantes panistas de Trancoso. Conviene dejar asentado que la solicitud se hizo desde los primero días de la administración en octubre del año pasado, que los solicitantes han dado muchas vueltas a las oficinas municipales en busca de respuesta y que el alcalde ha hecho compromisos puntuales en varias de las demandas (que desde luego ha incumplido). Me interesa particularmente referirme a dos acontecimientos recientes. El primero de ellos es el compromiso público del alcalde hecho ante varias centenas de trancoseños, de buscar los mecanismos necesarios para atender la problemática anteriormente referida y que luego ratificó con quien esto escribe, pero que sólo fue palabrería, pues la reunión que se estableció para “concretar”, resultó otra tomadura de pelo. El segundo, es la reunión que derivó de la mesa anteriormente mencionada, pues ante la falta de recursos argüida, los solicitantes ofrecieron al munícipe acompañarlo a pedir apoyo del gobierno del estado; llegado el momento de la reunión los solicitantes llegaron puntuales a la cita y el alcalde, además de llegar dos horas tarde, no hizo otra cosa que seguir con sus endebles razonamientos y no propuso absolutamente ninguna alternativa, ni pidió apoyo de manera concreta a los funcionarios estatales para atender la problemática, por tanto se tuvo que acordar una nueva reunión, donde supuestamente se ofrecerán alternativas de solución.
No hay duda. Además de la ineficacia, la arrogancia y el burocratismo de Daniel Hernández Juárez y compañía, el fondo de la cuestión es el profundo desprecio que sienten los gobernantes panistas por las necesidades de la gente pobre. Por tanto, el pueblo de Trancoso y en general la sociedad zacatecana, no debe creerse los cuentos publicitarios y, sobre todo, debe desconfiar siempre de los personajes emanados de ese partido, pues votar por los panistas significa extender los males relatados anteriormente a todo el estado y sobre todo ahora que estos señores ya se frotan las manos creyendo que en las próximas votaciones engañarán a los electores y con ello ganarán las curules en disputa y en el 2010 la gubernatura del estado (¡Dios nos libre!). Para los antorchistas la consigna es obvia, ¡ni, un voto nunca para el PAN! Y en cuanto a nuestros compañeros trancoseños ¡adelante, hermanos de lucha, tienen el apoyo del antorchismo estatal! y desde luego, no nos quedaremos de brazos cruzados: denunciaremos a lo largo y ancho del estado a estos enemigos del pueblo pobre y nuestra lucha continuará, tope en donde tope, no importa si tiene que durar todo el trienio, de eso no puede quedar la menor duda. Que conste.