No cabe duda que el capitalismo penetra en todos los lugares del mundo, por muy lejanos y feos que nos parezcan. Allí donde antes había cerros ásperos, donde era desierto, ahora, con el capital y el desarrollo científico y tecnológico, se levantan de manera asombrosa grandes ciudades.
Esto viene a cuento, y lo comento, porque en Sonora existe una ciudad que ha surgido entre el desierto y el mar de Cortez, en un lugar que años atrás nadie hubiera creído que allí se desarrollaría una gran zona turística: Puerto Peñasco. Todos los sonorenses sabemos que a ese puerto, el gobierno estatal y la iniciativa privada, le están metiendo mucho dinero para tratar de apuntalarla como la mejor zona turística de noroeste y por eso vemos la campaña en televisión, radio y prensa escrita. También podemos observar cómo el gobierno se vuelve ágil en responder a las solicitudes para invertir: se arreglan calles y lugares turísticos, se construye la autopista Sonoita-Peñasco y, últimamente, se abrió el aeropuerto internacional.
Nadie en su sano juicio puede estar en contra del desarrollo que se observa. Pero el problema sale a la luz en tanto el gobierno estatal gasta y gasta recursos en publicitar los grandes hoteles lujosos, tratando de convencernos de que es un gobierno que sí trabaja. La realidad así presentada está incompleta.
En estos momentos se ve un Peñasco con grandes edificios, hoteles, condominios y zonas comerciales, en fin, un boom comercial, aunque afectado por la crisis inmobiliaria de los Estados Unidos, que se refleja en la paralización de construcciones y despido de mano de obra.
La otra cara de la moneda, digamos, el otro rostro de la ciudad, es la barriada de los pobres. Aquí es otro el panorama. Invasiones por todos lados, una mirada a esta zona causa verdaderamente tristeza e indignación: la gente vive en casas de madera comprimida, cartón y plásticos; no tienen luz, agua ni drenaje; ni soñar con pavimentación. Todo esto en medio de grandes dunas de arena en las que solamente como vegetación se destacan en sus alrededores las choyas.
Los que con sus manos construyen y embellecen los rascacielos de Puerto Peñasco, los que con su fuerza de trabajo generan la riqueza, viven en condiciones verdaderamente deprimentes. Aquí el progreso está muy, pero muy retrasado. Y éste es el verdadero meollo del problema: aquí se patentiza lo que provoca el sistema capitalista en que vivimos los mexicanos generando riqueza para unos pocos y pobreza para miles de millones de hombres.
Se presenta el problema de un desarrollo disparejo y por ello nuestra organización se pronuncia porque debemos tener un gobierno, en este caso estatal, que promueva la inversión privada. ¡Bienvenida la iniciativa privada! Pero al mismo tiempo se requiere un gobierno que equilibre el desarrollo; que no por darle oportunidad a los capitalistas se despoje a ejidatarios y pequeños propietarios de sus terrenos; que vigile que haya justicia para ambos, pero sobre todo, lo digo porque creo que es posible, a los trabajadores; que a los pobres de este puerto se les refleje el progreso en mejores condiciones de vida.
Un llamado a nuestro pueblo sonorense para que aprendamos a conocer la realidad en que vivimos y al mismo tiempo luchemos por hacer de nuestra tierra una donde impere la justicia para todos.