Los mexicanos vivimos angustiados por la grave situación económica que padecemos: un día despertamos con la noticia de que aumentó el precio del pan, otro, que el arroz, el aceite, la tortilla, hasta llegar a casi todos los productos de la canasta básica. Nos angustiamos también porque muchos paisanos que radican en Estados Unidos, y que mandan millones de dólares en remesas a nuestro país, se están regresando de aquel lugar porque allá ya no hay trabajo. Otro problema es que a muchos productores mexicanos de materias primas ya no les compran sus productos en el vecino país del Norte, porque la economía de ese país prácticamente está paralizada.
La recesión económica en Estados Unidos es un problema que hace unos meses se pretendió ocultar por todos los medios, tanto por los propios economistas estadounidenses, como por los mexicanos; ahora ya es difícil de ocultar, y ya se están sufriendo los primeros embates de esta vorágine económica, que, según anuncian los especialistas, serán devastadores.
La semana pasada, una noticia cimbró a la economía norteamericana: la empresa transnacional General Motors (GM) -“la que generará miles de empleos en aquí San Luís Potosí, de acuerdo con el gobierno del estado”- cerró varias de sus plantas ensambladoras en el mundo. En Estados Unidos cerró tres de ellas, porque el mercado mundial se ha contraído por los descomunales incrementos a la gasolina, y ahora los posibles clientes de la GM no tienen interés por adquirir automóviles o camionetas grandes que consumen mucho combustible y prefieren autos pequeños y austeros; la alternativa fue echar a la calle a 35 mil obreros. Los efectos en nuestro país también fueron inmediatos: la GM que está en la ciudad de Toluca, que tenía años operando en allí, también cerró su planta y arrojó a la calle a cientos de trabajadores.
Más todavía. Ayer, grandes empresarios norteamericanos anunciaron que, debido a la contracción de su economía, van a obligar a sus trabajadores a trabajar cuatro días a la semana y a reducirles el salario, pues su producción se encuentra estancada y no hay quién se le compre sus productos. Los efectos de esta medida traerán como consecuencia más problemas a la endeble economía mexicana.
Vista así la terrible situación que se avecina en contra de los sectores más débiles de nuestra sociedad, derivado de la injusta distribución de la riqueza en el país y en el mundo y de la desaforada producción anárquica, dirigida por la ciega ley de la oferta y demanda capitalista, este sistema social se encontrará en un callejón sin salida que, irremediablemente, cavará su propia tumba. Al tiempo.