A lo largo y ancho del planeta, los representantes del gran capital financiero, es decir, los dueños de los Bancos, las Aseguradoras, las Casas de Bolsa, así como también los dueños de poderosas empresas inmobiliarias, automotrices y hasta la gran industria pornográfica (como sucede en EUA), están siendo generosamente rescatados de la actual crisis económica por sus respectivos gobiernos. Pero los trabajadores no debemos olvidar en ningún momento que dicha crisis, como ha quedado demostrado plenamente, la provocaron esos mismos magnates financieros, movidos por su ambición insaciable de ganancia, y auxiliados diligentemente por sus gobiernos, que no opusieron ningún tipo de limitación y control. Para entender un poco mejor la magnitud del problema, veamos un par de sencillos ejemplos.
Para el primer ejemplo citemos lo que ocurre con la aseguradora American International Group (AIG), que recibió, desde septiembre pasado, del gobierno norteamericano 173 mil millones de dólares (la cantidad más alta pagada para rescate de bancos en esta crisis), como apoyo para evitar su quiebra. AIG, como las demás empresas del sector financiero, quebró por sus malos manejos, por su ambición desmedida y por violación a las leyes, al otorgar créditos que no se justificaban, buscando utilidades desmedidas, irracionales. Se olvidó toda prudencia y mesura y se otorgaron créditos que no habrían de recuperarse, otorgados por las hipotecarias, mismos que AIG avaló en su calidad de aseguradora, y al final, cuando la burbuja estalló y las financieras descubrieron que habían quebrado y que los créditos eran irrecuperables, tranquilamente fueron con el gobierno, como aseguradora de última instancia, para que las salvara, claro, con dinero público.
El segundo ejemplo nos los brinda Felipe Calderón, que se ha gastado cerca de 25 mil millones de dólares de las reservas del Banco de México, que pertenecen a todos los mexicanos, para “inyectarlos” al mercado a un precio muy accesible para los banqueros, quienes en una ventanilla lo compran barato y en otra lo venden más caro, haciendo el negocio de su vida en plena crisis económica. Todo esto, dizque para mantener a flote al peso frente al dólar, aunque el peso ni se ha enterado, pues en unos cuantos meses se ha devaluado más del 50%.
Por si todo eso fuera poco, ignoramos con la autorización de quién, Felipe Calderón nos acaba de embarcar a todos los mexicanos con un préstamo de ¡más de 40 mil millones de dólares!, otorgado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) al gobierno mexicano. Esta cantidad equivale a la mitad de las reservas de dólares del Banco de México, que andan rondando los 80 mil millones de dólares. Pero Agustín Carstens, Secretario de Hacienda dice que “no hay por qué preocuparse, pues ese crédito no compromete ni la soberanía, ni la economía nacional”. El mismo funcionario que nos dijo hace apenas unos meses que tampoco nos preocupáramos de la crisis, ya que apenas se trataba de un “catarrito” (que terminó convirtiéndose en una bronconeumonía, con cáncer de pulmón que motivó una urgente traqueotomía, que mantiene al país conectado a un pulmón artificial). Pero fuera de eso, “todo está tranquilo”.
Dicho brevemente, los mismos gobiernos que permitieron y hasta alentaron a los capitalistas financieros para realizar toda clase de chuecos negocios que terminaron mal, son los que ahora corren en su auxilio , entregándoles montañas de dinero nuestro, es decir, de la nación, mientras los trabajadores de esos países, y particularmente los trabajadores mexicanos, que ninguna responsabilidad tenemos en ese desbarajuste financiero, debemos pagar, una vez más, los platos rotos de la gran comilona capitalista.
¿Pero nosotros, los trabajadores de México, qué culpa tenemos de todo este desastre financiero que han provocado los multimillonarios nacionales y extranjeros? ¿Acaso nosotros no hemos hecho nuestra tarea? ¿No nos hemos partido el lomo durante años, a cambio de un salario de hambre, para que los ricos se hagan más ricos? ¿Acaso no pagamos nuestros impuestos para mantener a toda una bola de zánganos burócratas, diputados y alcaldes, que no sirven para maldita la cosa? ¿Acaso no nos hemos apretado suficientemente el cinturón, junto con nuestras familias, para que los capitalistas y su gobierno se puedan dedicar a disfrutar la dolce vita? ¿Acaso no parimos con nuestro trabajo al segundo capitalista más rico del mundo? ¿Entonces…?
Ninguna culpa tenemos los trabajadores, y sí en cambio, todo el derecho del mundo de exigir al gobierno de la república nuestra parte en el rescate. De esas montañas de dinero que el Presidente está aventando a los capitalistas, como si fuera bautizo, la mayor parte debe destinarse a mejorar el salario y la vida en general de quienes hacemos que la economía de este país funcione, es decir, de los trabajadores de México.
Pero para lograrlo (no nos cansaremos de insistir en ello), los trabajadores de México debemos unirnos y organizarnos en un verdadero Partido Obrero, con ayuda del cual podamos arrancar al gobierno lo que en justicia nos corresponde. ¡Organízate con Antorcha Obrera!