A últimas fechas, en los diferentes medios masivos de comunicación del estado –lo que resaltó en el sexto y último informe del ex Gobernador José Natividad González Parás- se ha venido subrayando y destacando hasta el cansancio los diferentes rubros en que el estado de Nuevo León ha figurado en los primeros lugares del país. De tal manera que se califica al estado líder en industria, en comercio, en educación, en vivienda, cultura y deporte; que por tanto, tiene ya, dicen, el sello distintivo de ser un estado de progreso. Se ha estado difundiendo que en sólo 6 años, en Nuevo León se han abierto más de 40 centros de investigación científica, convirtiendo a Monterrey en la ciudad que más centros de este tipo ha creado en América Latina en los últimos años; se reconocen la UANL y al Tecnológico de Monterrey (y al sector empresarial) como primeros lugares nacionales en investigación y proyectos científicos; la Academia Mexicana de Ciencias reconoció al Gobernador del estado como “Gobernador de la ciencia, el conocimiento y la innovación”; la Cámara Nacional de Desarrollo de la Vivienda “CANADEVI”, reconoció al Gobernador del estado, como el “Gobernador promotor de la vivienda”, Nuevo León ha sido primer lugar por cinco años consecutivos en el otorgamiento de créditos para vivienda; el Paseo Santa Lucia es considerado una de las 13 maravillas de México construidas por el hombre; el Instituto Mexicano de la Competitividad, A.C. califica al estado como primer lugar en competitividad general; del 2003 a 2008, es primer lugar Nacional acumulado en captación de inversión extranjera directa; se le otorgó al estado la “Medalla al Mérito Turístico Nacional, por la Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles, A.C. Sólo por mencionar los reconocimientos más importantes.
Yo creo que es cierto que Nuevo León ha destacado a nivel nacional en todos estos renglones mencionados, que no son simples elogios al estado y al Gobernador. Sin embargo, los mismos medios masivos de comunicación, mostrando la otra cara de la moneda, nos han dado a conocer cifras que revelan que no todo es progreso, que no todo “es color de rosa”: el desempleo se ha incrementado enormemente en el estado; solamente en este año se han perdido 85 000 empleos; ha crecido el rezago en vivienda popular, ya que son miles y miles de familias que no cuentan con un lugar para vivir ni para comprar una casa de las que construyen las compañías desarrolladoras. Se habla, según el propio Instituto de la Vivienda del estado, que el déficit de vivienda anda cerca de las cien mil viviendas; también se ha difundido que la delincuencia, producto en última instancia de la pobreza, ha crecido de manera importante. Los robos a personas, a casas habitación, negocios, vehículos, cristalazos, registran un incremento del 39 por ciento con relación a 2008, se ha incrementado también las extorsiones telefónicas, de tal manera que se dice que casi el 50 por ciento de la población ha cambiado su manara de vivir debido al temor que siente por la delincuencia: unos dejaron de usar joyas, dejaron de salir de noche, ir al cine, llevar efectivo, usar transporte público, etc.; se habla, por último, de que la miseria en el estado ha crecido, que ya anda cerca del 30 porciento del total de la población.
¿Por qué a pesar de todo el desarrollo y crecimiento del estado, a pesar de todos los primeros lugares a nivel nacional en vivienda, competitividad, ciencia, deporte, turismo, etc., se incrementa el desempleo, la miseria, la falta de vivienda y la inseguridad en el estado? Desde mi punto de vista, creo que se debe a que vivimos en una sociedad dividida en clases, que la clase dominante tiene como fin esencial la obtención de la máxima ganancia, de tal manera que todo lo que se impulse en esta sociedad tiene como propósito el conseguir dicho fin, pero nunca el de satisfacer las necesidades más elementales de toda la población, y menos conseguir el bienestar y felicidad de las mayorías. Un ejemplo elocuente de esto, son las constructoras de vivienda, las cuales no construyen para proporcionar casas amplias, baratas y con facilidades a la población de más escasos recursos económicos, sino que tienen el propósito de obtener jugosas ganancias, esto es, la construcción de casas es un negocio para obtener riqueza no una tarea caritativa para dotar de vivienda a los más humildes, sino que va dirigido a la población solvente, por eso no se combate el rezago en vivienda popular; es por eso que con esta política, los únicos que se benefician con los resultados y avances en los diferentes renglones señalados arriba, son un grupo reducido dueño del dinero en el estado, de las constructoras de vivienda, empresarios, que son los que aprovechan los avances de las investigaciones científicas y las obras como el Paseo Santa Lucia, para incrementar las ganancias de sus negocios.
Estos programas de ninguna manera van dirigidos a combatir la enorme desigualdad que hay en el estado, no ataca el fondo del problema para combatir la miseria, el desempleo, la delincuencia. Cabe preguntarse ¿qué sentido tienen tantos avances en la industria, en la ciencia, en la investigación científica, en el comercio, en turismo, si no se van a traducir en un mayor bienestar de las grandes mayorías?
Para que cambie este estado de cosas, se requiere de un cambio a fondo de la política económica y social vigente. Una política que tenga como propósito principal la satisfacción de las necesidades elementales de las inmensas mayorías, el propósito de conquistar la felicidad y el bienestar de toda la población, y no el de buscar la máxima ganancia a costa de lo que sea; se requiere de una política cuyo propósito sea la conquista de una sociedad más justa, más equitativa, más democrática y más soberana, y esto sólo lo puede lograr un pueblo educado, consciente, organizado y que se disponga a luchar para conseguir ese cambio de política.