Desde hace algunos años, se ha recrudecido la situación económica entre los pequeños productores, sobre todo los del campo, y ha venido aumentando el número de dependencias en los diferentes niveles de gobierno, que otorgan créditos a los campesinos, para llevar a cabo proyectos productivos que, poco a poco, según reza la misión de estas dependencias, permitan que los campesinos se conviertan en verdaderos empresarios competitivos y puedan salir, así, de la pobreza en la que viven.
Ahora, con la crisis a cuestas, los gobiernos, federal y estatal, han propuesto, entre otras medidas, la de crear y fortalecer pequeñas y medianas empresas para paliar los efectos del desempleo y la improductividad, por lo que se ha desatado una verdadera carrera para ver que dependencia u oficina puede otorgar más créditos o crear más proyectos, pues dinero, dicen, hay y, además, hay que gastarlo.
Sin embargo, la realidad y la experiencia de las llamadas pequeñas y medianas empresas (Pymes), en el desarrollo del sistema capitalistas, no han sido del todo exitosas; muchas de ellas fracasan en los primeros años, otras lo hacen en algunos más y, sólo pocas, muy pocas, logran florecer después de varios años. En lo que respecta a quienes se benefician como empresarios, los números son todavía mas duros, pues en aquellos proyectos que se iniciaron en forma colectiva, donde la participación y ganancia de los productores era más o menos pareja, casi todos terminaron en un fracaso estrepitoso, con carteras vencidas, deudas impagables, y con instalaciones abandonadas; otros, quizás los menos, terminaron manejados por un solo individuo que pagó o engañó a sus compañeros y se quedó con toda la empresa.
Mucho se ha hablado de las causas de que una micro o mediana empresa fracase, y, a esas diferentes causas se les ha tratado de encontrara soluciones, mediante un mejor estudio del proyecto, mejor análisis del mercado, más y mejor asesoría a los productores, creación de sistemas administrativos eficaces y sencillos etc., pero hasta ahora no se ha encontrado el método certero, eficaz y adecuado y, por ello, las probabilidades de que un proyecto fracase sigue siendo muy alta.
hace mucho tiempo que la teoría económica clásica, descubrió que en el desarrollo capitalista, se tendía a la acumulación y a la centralización de los capitales y que éstos casi siempre llegaban a crear grandes empresas cuya economía de escala, abarataba los costos de operación y por ende eran mas competitivos sus productos y servicios; por lo tanto, las empresas más pequeñas quebraban irremediablemente.
Es cierto que en el desarrollo de la producción, quedan espacios que las grandes empresas no pueden ocupar en la producción o en la circulación o en la misma venta, y estos espacios son llenados por las empresas de menor tamaño, pero que dependen de las grandes; por lo tanto, cuando las grandes quiebran o entran en recesión, a las que dependen de ellas les pasa los mismo, pero al mismo tiempo estos espacios cada vez se reducen más, hasta reducir a un número ínfimos estos lugares.
También es cierto que las medianas y pequeñas empresas no sólo llenan los espacios a que las grandes no pueden acceder, sino que también cumplen un papel estratégico en el crecimiento de la economía; pero en las actuales condiciones este papel casi se reduce a cero; por eso la inmensa mayoría de las pequeñas y medianas empresas están destinadas a fracasar tarde o temprano.
Esta verdad es poco conocida por la inmensa mayoría de los funcionarios, promotores, proyectistas, analistas de las dependencias; o si la conocen, no le dan la importancia requerida, y la prueba es que siguen teniendo la idea de que la creación de proyectos y empresas colectivas e individuales, salvarán a la economía capitalista, casi moribunda; siguen creyendo que si los proyectos fallan se debe a causas que es posibles y fácil eliminar, sin trastocar la estructura económica y por lo tanto que es posible remontarlas o, lo que es peor, que el fracaso se debe, a las actitud, pasiva, conservadora, ignorante y hasta tradicionalista de los campesinos; algunos más, le echan la culpa a la conducta oportunista y aun maquiavélica de los mismos. Existe otro problema, el de que, muchas veces, la creación de miniempresas en el campo se utiliza en proyectos políticos totalmente extraños a los productores, pero que sirven para lograr presidencias Municipales, diputaciones, senadurías, y hasta gobernaturas.
La política de crear pequeñas empresas ha sido reforzada desde la escuela; se ha introducido desde el bachillerato, con materias como administración y creación de empresas, contabilidad etc. En la Universidad Autónoma de Tlaxcala se estableció momentáneamente la materia llamada “Emprendedores” repudiada por los estudiantes, y que ahora tratan de aderezar introduciendo una mezcolanza de la anterior con teorías de la superación personal, materia denominada “Autorrealización”.
Pero la realidad ha dejad, durante muchos años, una estela de campesinos endeudados, instalaciones abandonadas y muchas, pero muchas esperanzas rotas, en aras de proyectos que estaban destinados a fracasar. Desde luego, los paganos son los productores, pues las presiones para que paguen los créditos a costa de embargarles su único patrimonio aumentan cada día.
Mientras tanto, una nube de funcionarios y proyectistas han encontrado trabajo, frecuentemente bien pagado, y si no que las digan las señoras del proyecto la “Vaquita” del Poblado de Huexotitla del Municipio de Tlaxco.