El pasado sábado 24 de octubre falleció Doña Margarita Morán Veliz, madre del Ingeniero Aquiles Córdova Morán, Secretario General del Movimiento Antorchista.
Entre los antorchistas, los halagos y las alabanzas jamás han tenido el interés de ganar simpatías ni de quedar bien con alguien, quizá no haya expresiones más sinceras que las que se dan entre nosotros, para todos la noticia de la muerte de doña Margarita Morán Véliz fue un golpe muy duro, y algo tenemos que decir. Algunos de nosotros ya no hablábamos con ella ni escuchábamos su voz, pues sus males la obligaron a recluirse, aunque sabíamos que seguía muy atenta a las luchas de todos los antorchistas y al trabajo de los activistas en los diferentes frentes en todo el país.
Doña Margarita fue una extraordinaria mujer no sólo por su lealtad inquebrantable a los pobres, sino por su inteligencia y claridad para entender su lucha, no sólo fue biológicamente madre y abuela de muchos hombres y mujeres verdaderamente revolucionarios que destacan por su inteligencia, humanismo y energía, sino que además inspiraba a todo aquel que la conoció y seguía el camino de Antorcha Campesina (nombre con el que bautizó a nuestra organización), una confianza y fe ciega en la organización, en sus hombres y en su lucha. Pero también sabia corregir, animar, consolar, emocionar, a todo aquel que la escuchara, jamás he visto a una mujer con una valentía que estremeció a todos; cuando asesinaron a su hija, la maestra Clara Córdova Morán, mostro coraje y valor, más decisión que consternación, nos enseñó a todos que lo más importante no era quien caía, sino vencer al caciquismo que había mantenido en el atraso y en la miseria a los pobladores del municipio de Tecomatlán, en la región de la baja mixteca, su tierra natal y cuna de lo que es actualmente el Movimiento Antorchista Nacional. Doña Margarita destacó también por su inteligencia natural, a pesar de que no conoció estudios superiores dominaba los temas que más inquietan a los hombres, sabía descifrar perfectamente las debilidades y fortalezas, y siempre daba el consejo adecuado. A Doña Margarita le molestaba la simulación, la hipocresía, le enojaba la cobardía y la indecisión de los hombres, pero sabía cómo lograr que los que la conocimos nos diéramos cuenta de nuestros errores.
Por ello hoy que no encontramos fácilmente ejemplos humanos y vivientes, que nos hagan recuperar la esperanza en un mundo mejor, más igualitario, más justo, más libre, y más feliz, aquí está una vida realmente ejemplar, digna de mencionarla, de que se conozca, de que la sociedad sepa perfectamente bien que hay todavía algunos hombres y mujeres que respiran luz, y que son los verdaderos héroes de la humanidad y sobre todo de los pobres del mundo.
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