El pasado martes 9 de junio, la prensa local publicó que el rector de la Universidad Autónoma de Tlaxcala, Doctor Serafín Ortiz Ortiz, durante la celebración del día de la libertad de expresión celebrada el pasado 8 de junio, planteó la necesidad de revisar la norma del artículo sexto de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, ya que impone algunas restricciones y es necesario dijo, “corregir las condicionantes que coartan el pleno ejercicio de la libre expresión y que son claramente subjetivas”, señalando en forma clara y concisa la necesidad de la libertad como uno de los pilares del “derecho moderno” quien junto con la igualdad, la seguridad y la propiedad privada forman los cuatro valores primordiales para la vida.
Comentarios aparte merecen tratar el asunto de la igualdad, la seguridad y la propiedad privada, pues como es conocido, para la inmensa mayoría de los mexicanos no existe la igualdad económica y por ende la social y hasta la jurídica, tampoco existe como se percibe por la sociedad la seguridad, y el 70% de los mexicanos están excluidos de la propiedad privada como no sea la de sus brazos y cerebros para trabajar.
Pero me interesa destacar el asunto de la libertad de expresión, porque fue donde más penetró el Doctor Ortiz, en su intervención, con la cual estoy muy de acuerdo con sus ideas, y es realmente trascendental que un personaje de ese nivel clarifique, utilizando el derecho moderno, la libertad de expresión, reivindicando así el viejo sueño de los revolucionarios franceses del siglo XVIII y que quedó plasmado en la Carta de los Derechos del Hombre. Pero lo que nunca dijo es que en primer lugar en nuestro país este pilar del derecho moderno no se aplica ni se puede aplicar, pues para todos es reconocido que la información en México la hace en un altísimo porcentaje la televisión, la prensa y la radio, que casi toda esta en manos de la iniciativa privada, ellos son los que informan lo que quieren, cuando quieren y como lo quieren, las ideas de las grandes mayorías no pueden tener acceso a estos medios, en segundo lugar la clases pobres no tienen libertad de expresión porque no tienen la preparación de calidad que siempre se ha reservado a las elites que tienen educación superior.
Pero lo que si llama mucho la atención, es que el Doctor Serafín Ortiz esté realmente convencido de la necesidad de la libertad de expresión como un mecanismo necesario para construir una sociedad moderna y realmente libre, y sin embargo me entra la duda de que si realmente el doctor está enterado de lo que sucede en la universidad que él dirige, pues hay datos y actos evidentes que en su universidad este principio no se practica, por ejemplo en la UAT que es el lugar donde se encuentra la conciencia critica y científica y nuestros mejores hombre por su preparación teórica, nunca ha habido un pronunciamiento respecto a problemas tan graves y tan urgentes que agobian a nuestra sociedad tlaxcalteca, como lo pobreza, el desempleo, la situación del campo, etc., Ha sido también reiterativo las acusaciones de que a los alumnos y a los maestros, se les hace participar en las campañas del partido en el gobierno mediante prebendas, y lo más grave creo yo, son las muestras de intolerancia que sufre la supuesta disidencia de maestros y alumnos dentro de la universidad, y algunos actos que inclusive me han sucedido a mi, pues hace un año un grupo de estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad me invitaron para una platica sobre el Movimiento Antorchista, me presente puntualmente y ahí se me dijo que el director de le escuela había prohibido esta platica, en alguna ocasión otro grupo de estudiantes de la Facultad de Filosofía invitaron al Doctor Abel Pérez Zamorano, graduado en una de las mejores escuelas de economía del mundo la “London School of Ecomics”, a dar un platica sobre educación, también le prohibieron utilizar la sala audiovisual y finalmente la dio en una pequeña aula para unos cuantos estudiantes, y también es de todos conocido que estudiantes inquietos que quieren dar a conocer sus ideas se les acosa y se les prohíbe prácticamente difundirlas, con el planteamiento de que en la universidad no se pueden publicar ideas “extrañas”, y todavía es más represora la táctica de amenazar a los estudiantes (y también a los profesores aunque de esto no tengo ninguna información), cuando manifiestan tener otra visión de la realidad como no sea la de las autoridades, todo esto revela que en nuestra universidad hay intolerancia y que esta daña gravemente no sólo la libertad de expresión, sino también la calidad académica.
Por último yo prefiero pensar que el Doctor Serafín no sabe todo esto que sucede en su universidad, puesto que por su pronunciamiento estaría en total desacuerdo con lo que hacen sus directores de facultad y sus secretarios departamentales, y que está vigilante que en su propia universidad se cumple lo que predica con gran acierto, de otro modo sus declaraciones no serían nada sinceras.