Según las estadísticas, en nuestro estado el 22% de la Población Económicamente Activa (PEA) está aún en el campo, y vive de las actividades agropecuarias, pero su aporte al Producto Interno Bruto en esta actividad (0.5%), es la última en el país, por lo que no alcanza para el consumo del Estado; pero además, como es generalizado en toda la nación, los poblados rurales son los más marginados en relación a los servicios básicos. En muchos pueblos carecen de servicios como electricidad drenaje y agua potable, es aquí donde los servicios médicos son particularmente deficientes, pues sólo las ciudades más importantes tienen hospitales; la mayor parte de las calles de los pueblos están sin pavimentar, no cuentan con parques deportivos y recreativos, y a los pocos que existen la falta de mantenimiento los tiene en estado ruinoso; es también aquí, donde se concentra el mayor número de analfabetas, y la población que va a las escuelas es mucho menor que en las ciudades, ya sea por la falta de escuelas o por la falta de recursos económicos. Es cierto que algo se hace por las autoridades, pero es muy poco, pues como siempre, los recursos no alcanzan y cuando los tienen, o se los roban o los desperdician, además, hay una falta de interés y de conocimiento de muchas autoridades para hacer un plan de desarrollo sustentable como dicen ahora.
Es conocido perfectamente bien, que una de las maneras de alcanzar el desarrollo de la sociedad es lograr que las familias obtengan ingresos suficientes, de tal manera que los propios ciudadanos puedan acceder a mejores servicios. También es muy sabido que el aumento de la producción agropecuaria es la base para las actividades industriales y de servicios, al proporcionar alimentos y materias primas, por ello es necesario que los campesinos, mejoren su productividad y obtengan mayores ingresos, y sólo los pueden obtener produciendo cada vez más mercancías, que encuentren lugar seguro en los mercados.
Pues esta verdad, en Tlaxcala, no se entiende; hace ya muchos años que las posibilidades de aumentar la productividad mediante la tecnificación de la agricultura está olvidada, pues no se abren nuevas tierras al riego con la construcción de presas o la perforación de pozos en los lugares donde sean viables, se ha renunciado en dotar al campo de créditos baratos y oportunos para la producción, la mayoría de los recursos federales destinados a la agricultura van a parar a manos sólo de los más grandes propietarios, ya no existen técnicos asesorando a los campesinos, se ha abandonado la organización como una estrategia para tecnificar y hacer eficiente la producción, para acceder a los mercados, en fin, se ha dejado al campesino totalmente abandonado, sólo con las limosnas de Pro-campo y Oportunidades, ni siquiera reciben un apoyo justo cuando la sequía afecta a más del 50% de la producción de cereales, y si bien es cierto esta es una tendencia nacional, en Tlaxcala, por su tradición y por el tamaño del estado algo se podría intentar, sobre todo porque si no se hace, las consecuencias van a ser decisivas con toda la sociedad. Seguir dependiendo de las compras de alimentos al extranjero puede llegar a su término y puede cerrarse esta vía; por otro lado, la industria no está creciendo y no ha podido absorber la mano de obra que el campo produce cuando abandonan sus campos, por lo que las consecuencias se trasladan a las ciudades y a la sociedad entera.
Pero lo que más asombra es como los encargados de la política agropecuaria del estado y de la federación, no asuman su papel como responsables de esta situación, pues ni una preocupación mínima asoma por sus cabezas, están mucho más preocupados por su futuro político, sin entender que ese futuro quién sabe si pueda existir; de seguir en las mismas condiciones este país, están muy seguros de que el campesino manipulado, enajenado, y sometido por la pobreza y la ignorancia, no levantará la cabeza jamás para poder cambiar las cosas, como lo hizo hace exactamente cien años.