La CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) presentó un estudio sobre la distribución de la riqueza en los países de América Latina, incluido México. Los resultados, aunque no nuevos en esencia, no dejan de ser reveladores sobre la política económica seguida por los gobiernos de distintos países, sobre todo aquéllos que difieren diametralmente en su concepción de cual debe de ser la participación del Estado en la economía y el carácter que esta participación debe de tener en relación a las masas trabajadoras, que son la mayoría de la población. Nos referimos a México y Venezuela. El primero, con modelo neoliberal que considera que el Estado debe participar lo menos en la economía, la cual debe quedar en manos del sector privado. El Estado, según neoliberalismo, debe dejar de preocuparse por los niveles de vida de las masas trabajadoras, de los grupos más desprotegidos, es decir, debe aplicar la política económica de que “cada quien se rasque con sus uñas”, que cada quien resuelva sus problemas con sus ingresos, no importando que éstos sean míseros. En Venezuela, por su parte, el Estado está jugando otro rol muy distinto (ser, con su cada vez mayor participación en empresas de sectores estratégicos, el verdadero rector de la economía, y trabajar en favor del mejoramiento de las condiciones de vida de las amplias mayorías de la población), llegando incluso a presentarse como un régimen que camina hacia un nuevo socialismo, cosa que no dudamos.
Pues bien, los resultados de la CEPAL nos confirman lo relacionado a la actitud de los gobiernos, tanto de México como de Venezuela, hacia el nivel de vida de las mayorías; mientras en México el 10 por ciento de de los hogares más ricos concentran el 35 por ciento de los ingresos totales del país, en Venezuela ese mismo porcentaje de familias concentra el 28 por ciento del ingreso. Pero lo de destacar en esta información que da la CEPAL es que en el período de que abarca el estudio (el quinquenio 2002-2007), Venezuela redujo en cuatro puntos porcentuales esa concentración de riqueza de las familias ricas, es decir, que antes de 2002, ese 10 por ciento de familias acaudaladas concentraba el 32 por ciento del ingreso. Se desprende de ahí que esa riqueza que dejó de ir a parar los grandes magnates del dinero pasó a las familias más pobres. El estudio, dado el organismo que lo proporciona, no puede hablar con la claridad necesaria y sólo dice que en México, junto con otras naciones (Colombia, Costa Rica, Ecuador, Perú y Uruguay) ha habido “un relativo estancamiento en la estructura distributiva”. Pero como para la presente colaboración no se hacen necesarias palabras que “suavicen” la cruda realidad, lo anterior, para nosotros, no quiere decir otra cosa que los magnates del dinero en México acaparan cada día más la riqueza social, y los millones de obreros, campesinos pobres y trabajadores humildes en general de nuestro país se ven despojados de esa riqueza que ellos mismos generan, teniendo cada vez en lo económico una vida más miserable y llena de penurias.
La forma (no la única, pero sí la fundamental) en que la mayoría de los trabajadores “participa” de la riqueza social en los países capitalistas como el nuestro, es su salario. Participación que sólo le permite, mediante la venta de su fuerza de trabajo, obtener lo que necesita para apenas sobrevivir él y su familia. Venta a la que se ve forzado por carecer de medios de producción y mediante la cual el patrón le quita buena parte del valor (riqueza) que produce con sus manos. Pues bien, ya fue informado que el incremento salarial para 2009 autorizado por la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami) será de 4.6 por ciento general, y mientras el salario apenas aumenta, vemos un inflación (incremento de los precios de las mercancías, mercancía que producen los dueños del dinero) galopante que según datos oficiales acumulo hasta la primera quincena de diciembre un incremento de 6.23%. Por otra parte, según datos del centro de Análisis Multidisciplinario de la Facultad de Economía de la UNAM, el 47 por ciento de los trabajadores en México vive con uno o dos salarios mínimos. Ahora bien, si como dice en su estudio la CEPAL que “la mayor parte de las mejoras en la distribución de la riqueza registradas son atribuibles a aumentos en salarios en la población mas pobre”. No nos será difícil sacar la conclusión de que en México se profundiza cada día la desigualdad en el reparto de la riqueza, es decir, se abre más la brecha entre pobres y ricos.
El problema principal que enfrenta México es, precisamente, el de la injusta distribución de la riqueza social. Y pareciera que es un juego de palabras, usadas sólo para la agitación, o en el mejor de los casos, palabras huecas, por lo trilladas. Sin embargo, son la expresión, sintetizada, sí se quiere, pero objetiva, de la realidad que vive nuestro país y la mayoría de los países del planeta. Se requiere que el actual gobierno, si desea aminorar la desigualdad social que priva en México, debe, entre otras cosas, cambiar su política salarial. Pero esto, pareciera ser como “pedirle peras al olmo”.