En la capital regiomontana, se ha venido produciendo protestas que han sido catalogadas por los medios como “atípicas”, consistentes en el bloqueo de avenidas importantes por grupos de entre veinte y cuarenta personas, varias con el rostro cubierto. En las primeras, de las varias que se dieron durante los últimos días, la mayoría de los participantes eran jóvenes del sexo masculino que no rebasaban los veinte años, y cuya vestimenta correspondía a los llamados “cholos”, lo que denunciaba su procedencia: colonias populares, como la Independencia. En las más recientes protestas empezó a verse, también, a mujeres igualmente jóvenes, con sus niños en brazos. La demanda de estas “protestas”, la cual se daba a conocer a través de cartulinas y consignas, y con el propio bloqueo, era la salida del estado de Nuevo León del Ejercito Mexicano, al que se acusa, creo yo de manera exagerada y errónea, de abusos. Ante el caos vial provocado por estos llamados “tapacalles” o “tapados”, se acudió a las fuerzas del orden, tanto estatal como federal. Pero ni la presencia de granaderos y otros cuerpos policiacos, ni del estrenado “Oso” (que por cierto nos trae a la mente la forma en que se disolvían con chorros de agua, a altas presiones, las manifestaciones en el Chile de Pinochet), arredraba a los participantes de las protestas. Parecía aquello, sin serlo, una guerra de igual a igual que culminaba finalmente, una vez disuelto el grupo, con la detención de unos cuantos desbalagados “tapados”.
La autoridades del estado de inmediato dijo que detrás de estas protestas estaba el narcotráfico, quien está “desesperado” y usa su base social. Se manejó que las personas participaban a cambio de 500 pesos y una mochila con útiles escolares. No dudo del diagnóstico que hace el gobierno pero creo que no podemos quedarnos con esa visión superficial y debemos procurar ver que se esconde más allá.
Si es cierto que los llamados “tapados”, por ¡500 pesos y una mochila!, se deciden a bloquear avenidas y enfrentarse a los cuerpos de seguridad, con los riesgos más que evidentes que ello conlleva, entonces debemos preguntarnos, si es que queremos ahondar en la cuestión, por qué lo hacen. Y me lo pregunto, y deben preguntárselo con mayor razón las propias autoridades, porque es un hecho real que en las últimas protestas, por las imágenes que los medios de comunicación nos presentaron, como ya lo mencioné arriba, aparecían mujeres jóvenes con sus niños en brazos que, según creo, no tenían facha de capos o siquiera de adictas a la droga, sino gente de colonias marginadas, es decir, gente del pueblo. Lo anterior debe llevar a pensar a las autoridades que detrás de las protestas, aparte de la de por si grave manipulación de grupos delictivos que han crecido por la descomposición de este sistema , existe un gran deterioro de las condiciones económicas de amplios sectores de la población, provocado por políticas económicas en el país que sólo favorece a los dueños del dinero, quienes siguen amasando fortunas que ni en toda su humana existencia van a disfrutar, y que, por otra parte, esta llevando a sectores amplios de la población a situaciones de pobreza, que los lleva a participar en acciones como la que hemos estado viviendo. Si en nuestro país no existieran familias que enfrentaran una pobreza lacerante, desempleo, falta de oportunidades educativas, falta de atención médica, etc., etc., difícilmente la gente se vería orillada a dejarse utilizar por un mísero mendrugo en tareas tan peligrosas.
Dentro de este contexto, a raíz de estos bloqueos, todos los medios de comunicación en el estado, funcionarios, candidatos de los partidos, se han lanzado con mayor ardor a la defensa del tan recientemente socorrido derecho de “libre tránsito”. Más de un comunicador ha pedido mano dura contra todo aquel que se atreva a obstruir una calle. El propio Gobernador del estado ya anunció que mandará una iniciativa de ley al Congreso local para que se castigue más severamente las protestas. Lo anterior a rajatabla, sin la menor distinción de si son protestas plenamente justificas o no, aunque, como se ha tratado de explicar, tengan un fondo común.
Ahora bien, la realidad es que la pobreza en que viven millones de mexicanos en el país y la nula atención sus necesidades más apremiantes y sentidas por parte de muchas autoridades de los tres niveles de gobierno, los está obligando (y obligará) a manifestarse públicamente por demandas verdaderamente legitimas y justas como empleo, mejores salarios, dotación de servicios básicos en las colonias, etc., etc. Y no lo harán, como ahora sucede desafortunadamente, porque se les esté manipulando por un mendrugo, sino de manera legítima y consciente. Ello conducirá a los manifestantes, sin proponérselo en lo más mínimo, a tener que “perjudicar a terceros”, pues la manifestación se hace con contingentes de gente que quiere hacerse oír, y no con entes incorpóreos de los espacios siderales. Las autoridades de gobierno, tendrán que ver que la mejor manera de evitar manifestaciones verdaderamente legítimas (como creo que son la mayoría) de la gente humilde en calles y plazas del país, es mejorar el nivel de vida de los trabajadores con un mejor reparto de la riqueza social.