El presidente del Partido de la Revolución Democrática, en la deslucida inauguración del VII Consejo Nacional “Refundacional” dijo que este partido es ejemplo de la aplicación de la autocrítica partidaria, pues “lo que nos hace diferentes a otros partidos es que el PRD no teme a revisarse a sí mismo, que el PRD, con determinación (¿?) se ausculta y se revisa en su historia. Que el PRD localiza con precisión, sin dobleces, con claridad, sus deficiencias y errores”. Y después de esta verborrea hueca, preguntémonos: ¿Será la revisión seria, el reconocimiento y, sobre todo, las correcciones de sus fallas lo que distingue a este partido político? ¿Los gobiernos estatales emanados del PRD son ejemplo de virtud, resultado de esa sincera revisión de errores y fallas?
“…Por sus frutos los reconoceréis” reza parte de un texto bíblico. Y esto es más que cierto en un sentido: a las personas (o partidos para el caso que nos ocupa) se les debe juzgar no por lo que ellos mismos dicen de sí mismos, sino por sus hechos contantes y sonantes, por su actuación diaria, por sus resultados. Todo lo demás es palabrería. Y me viene a la mente una escena de la obra “Don Quijote de la Mancha” de Cervantes Saavedra, en el que un pastorcillo atado a un encino era brutalmente azotado con una correa por su rico propietario, pues le dice éste - en la narración- a Don Quijote, que la causa del castigo es porque al muchacho se le perdía una oveja diaria por descuidado. Después que Don Quijote, alterado por la injusticia que se comete, amenaza al propietario con pasarlo de parte a parte con la lanza si no le desata y paga lo que adeuda al pastorcillo, el rico propietario lo desata y arguye que en ese momento no tiene dinero, pero en su casa le pagaría un real sobre otro.
Pues bien, ¿qué se podía esperar del propietario, explotador al final de cuentas? Los hechos (el por demás injusto azote contra un débil) ya lo habían anunciado. Don Quijote, pensando que con su amenaza era suficiente, le creyó y se retiró dejando nuevamente al labrador y al muchacho solos. Cervantes nos da el desenlace: el pastorcillo terminó nuevamente atado al encino y azotado con redoblada furia hasta casi quedar muerto. Desafortunadamente como bien lo dijo un gran pensador, el hombre ha sido víctima del engaño ajeno y propio. Y es precisamente lo que representa el discurso del presidente del PRD: pretender engañar a los demás y un engaño propio.
Veamos si no. El lector menos informado –pues son hechos que fueron de sobra difundidos por los medios de comunicación- no le será difícil traer a la mente ejemplos más que elocuentes, como cuando hace algunos años un miembro de este partido, se llevaba a los bolsillos fajos de billetes producto de un soborno a un empresario, escena grotesca por el grado de ambición mostrado este personaje que fue videograbado sin que se diera cuenta, y en el que los fajos apenas y podían meterse en los bolsillos; o la cloaca pestilente que representó el pasado proceso de elecciones de presidente de ese organismo político donde se dio desde la difamación oponente, el robo de urnas, la compra de votos, etc. y en el que, ante la insalvable pugna de las “tribus” que lo conforman, fue prácticamente la mano del Estado, después de algún tiempo, la que tuvo que dar el último fallo. En la actualidad estamos viendo el caso “Juanito”, en la delegación Iztapalapa, que por lo nauseabundo del caso está por demás comentar.
Pero alguien podía decir que estos ejemplos no demuestran que el PRD carezca de autocrítica, pues para que exista tienen que haber necesariamente “los errores” a ser corregidos. La autocrítica “con determinación” y sin “dobleces” sería innecesaria si no existieran “fallas y deficiencias”, se nos dirá. Pero debemos decir contra esto que en los partidos u organizaciones verdaderamente avanzados, representantes verdaderos de las grandes masas empobrecidas, por lo menos desde la segunda mitad del siglo XIX, la autocrítica ha sido un método vivo (no simple formulismo) que, como dijo el más grande dirigente y pensador político que ha dado a la humanidad, sirve para “reconocer abiertamente las fallas, descubrir sus causas, analizar la situación que le ha dado origen y estudiar atentamente los medios para corregirlo”. Hemos mencionado ejemplos de hechos separados por espacios bastante amplios de tiempo ¿y cuál es la corrección en el PRD? Ninguna en absoluto; se ve siempre el mismo cochinero, la misma corrupción, la misma intolerancia y sectarismo de ese partido.
Desde siempre el PRD ha sido un verdadero establo de Augías (en la mitología, es un establo con tres mil bueyes propiedad del de la antigua Elida. Al no ser limpiado por mucho tiempo se habían acumulado grandes cantidades de suciedad que sólo Hércules, desviando el curso del río Alfeo, pudo limpiar). Y lo seguirá siendo pues no es un partido que verdaderamente practique la autocrítica y, principalmente, porque no representa los verdaderos intereses de pueblo pobre de nuestro país; es una mezcolanza de oportunistas y arribistas salidos de distintos partidos y corrientes que buscan hacerse a como dé lugar del poder (y conservarlo cuando lo tienen) para enriquecerse, caracterizados por su sectarismo e intolerancia. Ajena les es totalmente la verdadera autocrítica. La suciedad se seguirá acumulando en este partido “autocrítico” y ejemplos de ella se seguirán dando.