MOVIMIENTO ANTORCHISTA


La demagogia y las
peticiones de los estudiantes


Ernesto Enciso Carrillo
Secretario de Prensa y Propaganda en Nuevo León
10 de marzo de 2009

No deja uno de asombrarse de la “habilidad” que han desarrollado muchos de los servidores públicos, en particular los de mayor responsabilidad, dentro de la estructura de gobierno, para engañar y, con ello, envolver al pueblo sobre la solución de sus demandas legítimas. Prometer cosas a sabiendas de que no se van cumplir a cabalidad, es decir, lo que conocemos con el término demagogia, se ha vuelto un recurso cotidiano en la atención de los grupos que acuden a las diferentes dependencias. Esta es una “asignatura” en la formación de los políticos y servidores públicos de todo pelaje y que como en toda profesión se mejora con el correr de los años. Político que en los tiempos que corren no aprende este “arte” de mentir, “envolver” o prometer lo que no cumplirá, no se gradúa como servidor público. 

La  demagogia es un mal intrínseco al injusto régimen socioeconómico en el que vivimos, hija natural, creo yo, en última instancia, de la injusta distribución de la riqueza social, principal problema que aqueja a nuestro México. Por una parte, los gobiernos no están dispuestos a invertir grandes recursos en las necesidades del pueblo,  porque, la realidad sea dicha, no representan, aunque se cansen de decirnos lo contrario, a éste, y por otra, el mar de necesidades del pueblo pobre, que siempre sobrepasa los pingues recursos de que se dispone (y no por que no haya; los hay de sobra, pero están destinados a otros menesteres, “macroeconómicos”, nos dicen) para que  resuelva sus apremiantes necesidades. ¿Cómo salva, o mejor dicho, qué medios instrumenta el sistema para ir resolviendo esta “contradicción” entre oferta y demanda de recursos para el pueblo? Poniendo (como el mecánico que no se puede despegar de la máquina vieja y destartala y que sin embargo debe funcionar), en dependencias públicas a funcionarios maestros en el arte de la demagogia, del engaño, individuos, en fin, sin ninguna sensibilidad social. Dura realidad, pero cierta.

Así sucede actualmente en esta entidad con un grupo de jóvenes universitarios de las Casas del Estudiante de Monterrey, que han venido solicitando al Gobierno del estado, desde hace meses, una serie de  modestas y legítimas peticiones, tales como remodelación de las dos casas en las que habitan ( ya que la mayoría son estudiantes humildes del interior del estado o de otros estados aledaños que haciendo grandes sacrificios han venido a estudiar al área metropolitana, pues en sus lugares de origen no hay opciones de preparación superior, y el albergue les proporciona el hospedaje), el mejoramiento de la despensa alimenticia, subsidio mensual, pago de servicios, entre otras.  La problemática del albergue ha sido planteada infinidad de veces en oficios y audiencias en Dirección de Gobierno del estado a cargo del licenciado Felipe González Alanís, funcionario que en ningún momento ha negado la legitimidad y justeza de las demandas.

En el mes de julio del año pasado su dirección firmó una minuta en la que se hicieron compromisos sobre los puntos señalados estableciendo en el mismo documento plazos de solución. Los plazos se vencieron una y otra vez, y el albergue sigue con las misma problemática: edificios deteriorados, particularmente el edificio donde se alberga la sección varonil, que es una construcción antigua, se encuentra en un lamentable estado, en ruinas prácticamente (paredes cayéndose, cuartos sin puertas, baños con fugas); una alimentación deficiente, cortes constantes del suministro de servicios de agua por no contar con recursos para pagar. En fin: cosas que no se merecen  los estudiantes universitarios a los que decimos que “son el futuro de México”.

Los estudiantes, ya desesperados ante las promesas incumplidas, en la última quincena de febrero, realizaron dos manifestaciones frente al palacio de Gobierno para pedir la intervención del Gobernador, José Natividad  González Parás. Al poco tiempo de que los jóvenes iniciaron su protesta, son invitados a  platicar con el señuelo de que ya había una solución. Haciendo acopio de paciencia y racionalidad, los estudiantes se han retirado en espera de que les den respuestas. Pero,  ¡oh frustración!, sigue sin darse, ya no digamos soluciones, sino al menos respuestas serias. Se prometió una audiencia con el subsecretario de Gobierno donde se les daría  plazos de solución mediante una nueva minuta. No hay nada, absolutamente nada, sólo dilación para cansar a los inconformes.

El mejor antídoto para desenmascarar y desterrar  la demagogia, es la lucha decidida y organizada de los pobres. Por eso a los estudiantes universitarios del albergue estudiantil no les quedará otro camino que  dar una lucha decidida en los próximos días, con el apoyo de los miles de estudiantes que se aglutinan su movimiento en todo el país.

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