El pasado 10 de diciembre el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Barack Obama, recibió el premio Nobel de la Paz 2009. Esto de inmediato, como era de esperarse, desató una ola de inconformidades en muchos lugares del mundo por grupos pacifistas y hombres progresistas, ya que este galardón (que debería darse a personas que realmente se han preocupado por promover la paz), se le entregaba al representante del país más belicoso que ha existido en toda la historia de la humanidad. Los motivos por los cuales se decidió entregar este premio al representante de un país que mantiene invadidos a Irak y Afganistán (a este último hace unos días envió 30 mil nuevos soldados), cometiendo en estos países pobres los más espantosos genocidios, pueden ser varios y no necesariamente opuestos. Podríamos pensar que es una forma en que el coloso pretende cubrirse con una careta de bienhechor su cabeza de medusa, o bien, podríamos decir que es un intento de otro grupo de poderosos que controlan, junto con aquel, la decisión de a quién entregar el desacreditado premio que pretende “contener” un poco al estado guerrista por excelencia de la época contemporánea. La primera es más que evidente. Sobre la segunda quisiera decir algunas cosas, por ser más difícil de detectar.
Si esto se buscó al dar el premio a Obama, creo que tal ingenuidad ya debió haber sido superada. El presidente norteamericano no tardó en desengañarlos y, como se dice, “mostrar el cobre”. En su discurso en Oslo, Noruega, Barack Obama, dijo entre otras cosas que “a veces la guerra es necesaria, y, en cierta medida, la guerra es una expresión de la naturaleza humana”, que “un movimiento pacífico no podría haber detenido a Hitler, las negociaciones no logran convencer a los líderes de Al-Qaeda de dejar las armas”, que “sin importar los errores que hayamos cometido, el echo es este: Estados Unidos ha ayudado a suscribir la seguridad global por más de seis décadas con la sangre de nuestros ciudadanos y la fuerza de nuestras armas”, entre otras cosas. Hasta un ciego puede ver el mensaje que manda el presidente pues es como si nos dijera: este premio, sépanlo quienes hoy me “honran”, no me va a detener para seguir invadiendo y haciendo la guerra en otros países débiles cuando se trate de defender mis sacrosantos intereses pues “la guerra me es necesaria” ya que no puedo controlar el mundo y hacerme de sus riquezas con medios o movimientos meramente “pacíficos”.
Permítaseme otra forma de decirlo con otra situación similar pero más gráfica. Es como si un despiadado cazador de animales, de esos que matan por mero placer, recibiera inesperadamente un premio por pasar como defensor de la fauna silvestre. Y que con este premio se pretendiera detenerlo, aminorando sus constantes batidas por el monte. Este cazador tendría el mismo derecho que Obama, y les diría a quienes lo premian: acepto, ¡sí!, pero que conste que voy a seguir matando a cuanto venado, oso, gato montés me encuentre, porque me es necesario para satisfacerme y seguir teniendo trofeos.
Pasando al contenido del discurso del galardonado, diremos que por lo que se refiere a “que ningún movimiento pacífico podría haber detenido a Hitler”, con el que el presidente Obama nos muestra sus profundos conocimientos históricos, sólo podemos decir que lo mismo se da en la actualidad, ya que ningún movimiento pacífico, de los muchos que se dieron en distintos países del orbe, a raíz de la ocupación de Irak en marzo del 2003, ha podido detener la carnicería humana del ejército norteamericano en este país, donde cientos de miles de niños, mujeres y hombres iraquíes han muerto como consecuencia de la guerra imperialista. Es cierto: ningún movimiento pacifico detendrá a un ejército armado hasta los dientes. Pero el problema aquí no es saber eso. El problema es saber quién es el “Hitler” de la película, y eso está más que claro.
Por otra parte, si comparamos a Obama con su antecesor en el poder, George W. Bush, aquel hasta ahora se ha mostrado menos belicoso, pero esto no se debe, creo yo, a que la esencia guerrista de un estado como lo es el norteamericano haya cambiado a consecuencia de que es otro hombre el que gobierna ese país. Si en estos momentos se da un leve (tan sólo leve y no esencial) viraje en la política exterior norteamericana es porque hasta cierto punto las condiciones económicas y políticas mundiales han cambiado: Estados Unidos está tratando de salir de una severa crisis económica, y además, buena parte de la sociedad norteamericana y mundial se cansó de la genocida política de los Halcones del Pentágono, encabezados en primer lugar por Bush hijo. Hay que hacerle creer a la sociedad norteamericana y mundial que las cosas han cambiado un tanto.
Conclusiones de todo esto: primera, el desacreditado Premio Nobel de la Paz se desacredita aún más en manos de Obama; segunda, esto no cambiará en nada la esencia bélica de Estados Unidos (y, si no, ahí están los mensajes ya citados, y, más que comprobados, con el envío de efectivos a Afganistán) y, tercera, los poderos siguen engañando y manipulando al mundo.
La verdadera paz en el mundo se logrará cuando en el seno de cada país no haya la explotación del hombre por el hombre, y los pueblos se miren como hermanos. No como ahora en el que los países poderosos buscan adueñarse a toda costa de las riquezas de los países pobres y explotando la mano de obra de millones de hombres del planeta. Todo lo demás, es teatro, como lo representado en Noruega.