Un importante número de jaliscienses de los más pobres del estado organizados en las filas del Movimiento Antorchista Nacional llevan ya muchos años solicitando audiencia con el gobernador Emilio González Márquez, luego de que en varias dependencias del Gobierno estatal no han encontrado respuesta a las legítimas demandas.
Es pues la falta de solución a viejas y muy sentidas necesidades lo que explica que comisiones representativas del antorchismo en Jalisco, se vean en la necesidad de salir de nuevo a las calles este próximo martes 22 de septiembre, para manifestar su inconformidad y rechazo a la política de oídos sordos de algunas instancias del gobierno del estado. A esta política, se sumó la cancelación de varias obras ya comprometidas para este año, argumentando falta de recursos debido a los recortes presupuestales motivados por la crisis económica.
Así sucede en el caso de decenas de indígenas migrantes de la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG), quienes desde mayo de este año se han venido manifestando por las calles del Centro Histórico demandando la intervención del gobernador, para que mediante un crédito se compre un terreno y dichas familias puedan ver resuelto su problema de falta de vivienda, bien a la que tienen derecho según lo estipula la Constitución General de la República. Hasta ahora sólo han recibido como respuesta, amenazas con cárcel por parte de funcionarios menores de la Secretaría General de Gobierno y la consabida frase de los gobiernos en turno: “este gobierno no trata con organizaciones sociales, sólo con ciudadanos”.
De igual manera, alrededor de 3 mil 500 familias de los municipios de Talpa de Allende, en el municipio de Tala, entre otros, han venido solicitando a la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL) ser incluidos en los programas de apoyo de esta dependencia del gobierno federal, tales como mejoramiento de la vivienda rural, oportunidades y 70 y Más.
En las comunidades campesinas de los municipios más pobres del estado como Villa Purificación, Tomatlán y Cuautitlán de García Barragán, la respuesta es esencialmente la misma. Como ejemplo, los siguientes hechos; la Secretaría de Desarrollo Urbano (SEDEUR) había autorizado la introducción de energía eléctrica en varias poblaciones de la comunidad indígena de Jocotlán en Villa Purificación y otras tantas en Tomatlán, mismas que han sido canceladas con la promesa de reprogramarlas para el año 2010, argumentando también los recortes presupuestales, por lo que decenas de familias se verán seriamente afectadas al no poder contar con este servicio tan elemental.
Igual ocurre en colonias marginadas del municipio de Zapopan. En “Prados de Santa Lucía” de la delegación de Tesistán está autorizado dentro del Programa de Esfuerzos Compartidos (PEC) el empedrado de varias calles, para lo cual, los vecinos aportarían el costo total de la mano de obra en tanto que el Ayuntamiento apoyaría con los materiales. Los colonos beneficiados, haciendo esfuerzos sobrehumanos para reunir la parte de recursos que les tocaba aportar hicieron todo lo que les fue posible, hasta que los reunieron, los depositaron en una cuenta bancaria y llevan ya cuatro largos meses esperando el inicio de los trabajos, varias veces anunciado.
Como respuesta, se les ha informado que el Ayuntamiento no tiene recursos y que la obra podrá iniciarse hasta principios del 2010. De igual manera, se comprometieron 42 acciones de piso firme para igual número de familias. Dicha promesa, tampoco se ha hecho realidad.
Frente a esta situación nada esperanzadora, los jaliscienses más marginados no tienen más recurso que hacer uso de su derecho constitucional a la protesta pública, pues como se ve, han agotado ya la gestión ante las distintas instancias de gobierno sin ningún resultado favorable. Por ello, el próximo martes 22 de septiembre, se van a sumar a la protesta de miles de antorchistas que en la capital del país y en varios estados de la República saldrán a las calles a manifestar su justo reclamo para que los impuestos que pagamos los trabajadores dejen de emplearse sólo para favorecer a unos cuantos, ahondando así la pobreza de millones de mexicanos.
Demandamos que la riqueza social que producimos con nuestras manos se nos regrese en obras y servicios que alivien en parte nuestras condiciones de miseria y marginación. A todos los hombres y mujeres, al pueblo en general, sólo se les pide su comprensión y apoyo solidario.