MOVIMIENTO ANTORCHISTA


El Ayuntamiento de Guadalajara:
ni ve, ni oye a los indígenas


Estanislao López
23 de mayo de 2009

Dice el refrán popular  que “las penas con pan son menos”, pero para los indígenas migrantes de la Zona Metropolitana de  Guadalajara “las penas con PAN, son más”. Esta es la realidad que viven cientos de familias  de las etnias: purépecha, mazahua, otomí, huasteca, mixteca, wixarika, nahua, chol, triqui, zapoteca y tzotzil,   quienes por falta de oportunidades en sus comunidades de origen, se vieron obligadas a emigrar a esta ciudad capital en busca de una vida mejor.

Desde hace aproximadamente dos años decidieron organizarse en las filas del Movimiento Antorchista Nacional con el propósito de hacerse oír ante las autoridades municipales, ante quien han venido demandando que se autoricen permisos para un espacio en dónde poder vender sus artesanías.

En días recientes y después de esperar una respuesta racional por parte del Presidente Municipal de Guadalajara, Alfonso Petersen Farah, mas de 200 indígenas  encabezados  por Juan Martín Nicolás Jiménez, dirigente del antorchismo en la zona metropolitana de Guadalajara (ZMG); se vieron en la necesidad de salir a las calles para exigir solución a la demandas que reiteradamente y en forma escrita han venido planteando al alcalde tapatío.

Después de esperar más de 40 minutos a que alguna autoridad los escuchara y atendiera -pues el presidente municipal nunca les ha dedicado un minuto de su valiosísimo tiempo-  por fin, uno de los muchos empleados de confianza que laboran en el ayuntamiento, se dirigió a la representación de los indígenas y en forma altanera y  prepotente les manifestó:  “si van a entrar a hablar que sea rápido y ahorita, ahorita porque el Secretario tiene cosas que atender (¡!), y solo 5 gentes, no más. Una vez formada la comisión negociadora y dejando claro ante el grupo la actitud déspota con la que las autoridades estaban actuando, la comisión finalmente entró.

Ya en la mesa, los aguardaba el  Secretario del Ayuntamiento, Alfonso Rejón Cervantes, quien  sólo dijo “ya se a lo que vienen y no, no se puede”. De nada sirvieron las razones expuestas por los peticionarios en cuanto a que son pocos los espacios que solicitan, que no son  permanentes, sino sólo por una semana  (en la cual, además de vender sus artesanías, se ofrece una muestra gastronómica, eventos de danza folklórica, poesía y talleres de lengua de las etnias participantes);   que en otros ayuntamientos como Zapopan, Tlaquepaque y Tonalá se les ha dado apertura  y, finalmente, a reclamar que en Guadalajara no se gobernaba parejo, pues año con año en el mes de abril, el Ayuntamiento permite la venta de artesanías a instituciones y empresas particulares que se apoderan de espacios públicos como la Plaza de la Liberación, con el único fin de exponer y vender sus productos al público para obtener una ganancia.

La insensibilidad que caracteriza también a muchos gobernantes panistas como el ayuntamiento de la perla tapatía, se puso de manifiesto una vez más. Los indígenas migrantes de la ZMG no están solicitando por ahora, que el ayuntamiento invierta recursos para la consecución de alguna obra o servicio; tampoco reclaman algún subsidio que signifique erogar recursos a la comuna; sólo están demandando que, como se hace con otros sectores de la sociedad, (empresarios fabricantes de muebles, de ropa, productores de tequila, etc.) se les permita exponer y vender sus artesanías para llevarle el sustento diario a sus familias.

Ante esta complicada y difícil situación que enfrentamos la inmensa mayoría de los mexicanos, es hora ya de que los gobernantes entiendan que la única forma de acabar con la pobreza y la falta de oportunidades para todos, es generando los empleos necesarios y bien remunerados. No es con negativas ni amenazas veladas contra los inconformes como será contenido el descontento social.

Y finalmente, es hora ya de que los mexicanos pobres como los indígenas migrantes de esta y todas las grandes ciudades del país, entendamos de una vez por todas, que si queremos mejorar nuestras condiciones de vida y aún más, si queremos construir una patria más justa y generosa con todos sus hijos, tenemos que organizarnos y luchar todos los días hasta alcanzar este propósito. Por esto es importante que el próximo 5 de julio, los mexicanos humildes, los que trabajamos a diario para ganarnos la vida, meditemos muy bien a la hora de votar.

Por lo pronto, las manifestaciones y reclamos de los indígenas continuarán.

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