MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Las Espartaqueadas: medicina
para nuestros males

Juan Manuel Gutiérrez Corona
29 de enero de 2009

Es preocupante, para gran cantidad de mexicanos con estudios y sin ellos, contemplar como nuestros gobernantes enfocan el origen y la posible solución de los males que más daño están causando a nuestra patria, en especial a nuestra población más humilde, trabajadora y, por tanto, a la gran mayoría de los mexicanos. Ya sea la crisis económica, con su carestía, devaluación, carga fiscal, cierre de empresas, desempleo, etc. O la falta de servicios, como escuelas de nivel medio y superior, centros de salud,  la desnutrición, falta de transporte, etc. O, por ultimo y para cerrar los ejemplos, las terribles secuelas sociales, como la corrupción, la mendicidad, los vicios, el narco, la delincuencia ( organizada y no organizada), la migración, etc.

En efecto, preocupa que entre numerosos integrantes de la clase de los funcionarios y políticos de México, muchas veces sin distingo de partidos, pero sobre todo entre los más derechistas, encontremos “propuestas” legislativas y de gobierno, que no pasan de la visión policiaca y hasta militarista para afrontar los problemas sociales, por ejemplo, la delincuencia en sus diversas manifestaciones. Hay un auténtico torneo nacional entre ellos, para ver quién propone la acción más “radical”, el castigo más violento y fulminante, en contra de quienes infringen las leyes, la propiedad y las vidas ajenas. La coincidencia de opiniones, en el fondo, es casi de absoluta unanimidad, aunque también hay quienes de plano ni se miden, al restaurar la pena de muerte.

Me permito aclarar que, como a todo mundo, me resultan indignantes y estremecedores los crímenes que sufrieron, como muchos otros menos publicitados pero también abominables, los jóvenes Fernando Martí y Silvia Vargas. Por tanto, al igual que todo mundo, me parece que el castigo que merecen sus perpetradores debe ser absolutamente enérgico, ejemplar. Sin embargo, generalizar y radicalizar el tratamiento policiaco y cuasi militar de todo tipo de delincuencia, aprovechando la indignación social que los referidos crímenes suscitaron, por efecto de la repetición informativa de los medios, claramente parcial y unilateral en sus enfoques, esto, lo creo con toda firmeza, no solo es equívoco, sino aun más peligroso y potencialmente contraproducente, por cuanto que puede conducir a un agravamiento de las injusticias sociales que ya de por sí padece nuestro pueblo, un pueblo hambriento, sin empleo y sin salario digno, n o se nos olvide, y por ende tentado ya, en más de una ocasión, por el estallido social.

Porque la nueva legislación en materia de seguridad y combate al crimen, le da más amplios poderes a corporaciones y autoridades que, según informan también los medios, han resultado infiltradas hasta la médula por el mal que dicen combatir: el crimen, el narco, etc. Entonces, por ahí no va el camino que en verdad nos puede conducir a la erradicación efectiva, de raíz, de nuestros males sociales. Porque éstos no tienen otra causa que la injusticia enorme, innegable, en el reparto de la riqueza social, que incluye lo material, el ingreso económico, sí, pero también la cultura, la educación, el arte, lo espiritual.

A este respecto, en mi muy modesta visión del problema, creo que el Movimiento Antorchista está en lo justo, le atina al meollo del problema, primero, porque pugna por una distribución más justa de la riqueza social en todo el país, a través de una lucha que ya dura casi 7 lustros, más de tres décadas, gestionando y presionando por que al campesino se le apoye con tierra, con agua, asesoría técnica, crediticia, etc.; por que al obrero, al colono, al estudiante y al profesor, se le otorgue un salario digno, servicios asistenciales suficientes y de calidad aceptable.

Pero Antorcha no se conforma con eso: también trabaja, todo el tiempo, en todas partes y con cuanta gente le es posible, para que practique el deporte, todos los deportes, para que practique el arte, todas las artes: así los niños, adolescentes y jóvenes, como las mujeres y los hombres adultos; los del campo y los de la ciudad. Antorcha pugna porque conozcan y aprendan los poemas de Víctor Hugo, de José Martí, de Díaz Mirón; las piezas de la oratoria inmortal de un Demóstenes o un Cicerón; el canto popular, la música clásica o el baile regional y autóctono. Como lo va a hacer, una vez más, a principios de este próximo febrero, con la realización de la XIV Espartaqueada Nacional Cultural, en Tecomatlán, Puebla, la cuna de Antorcha, y en la que también estarán, una vez más puntuales a la cita, entre los más de seis mil participantes de todo México, los artistas colimenses.

Así se combate al crimen y al vicio que nos carcome: luchando por la justicia social y con las armas de la cultura, transformando y elevando los espíritus. He aquí la verdadera medicina contra nuestros males.  Salud compañeros espartaquistas.     

 

 

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