Entre los habitantes de esta colonia la respuesta a la interrogante del encabezado es aún incierta. Ellos, como miles de mexicanos pobres, no cuentan con un patrimonio propio, les falta ser dueños de un pedacito de tierra de su patria; sin embargo tienen algo a su favor, ellos han habitado esta zona abandonada desde hace más de 12 años por el INFONAVIT, dependencia que por voracidad interpuso denuncias judiciales en su contra. La antigüedad de su posesión, así como las mejoras que han emprendido en la colonia y en las viviendas, semidestruidas cuando llegaron a habitarlas, dan el derecho y la convicción para, al lado del Movimiento Antorchista, luchar por la regularización de sus casas para proveer a sus familias de un patrimonio seguro. Los intereses del INFONAVIT, con constructoras y banqueros, no han permitido a los colonos comprar las casas; como recia y sorda pared, no ha cedido a la justa petición de los pobres de Villas, los cuales no piden nada regalado, pues están dispuestos a comprar las casitas, para ello han pedido la intervención decisiva del Gobernador del Estado, que hasta ahora, no interviene decididamente. Mesas de negociaciones han sido reventadas por la insensibilidad mostrada por la dependencia federal mencionada, se han detenido las acciones arbitrarias contra las personas de dicha colonia, ellos mismos lo lograron a base de lucha.
Los inexistentes programas vivienda para los pobres son los que causan estas verdaderas desgracias urbanas y humanas, los asentamientos irregulares, más en una ciudad donde la industria y cercanía con el gigante del norte, ha causado una explosión demográfica -cabe señalar que si bien no estamos en grados tan elevados como lo es el vecino municipio de Tijuana, Mexicali, tiene, sin lugar a dudas, el mismo problema-, viven al margen del desarrollo que se presume en la entidad, sin servicios y en completo abandono. Un caso ilustrativo es el de Los Santorales. Nueve muertos (cifras manejadas por la prensa) y decenas de enfermos por una “rara enfermedad” lo confirman. No hace mucho tiempo, alguien (funcionario público por cierto), refiriéndose a éste problema, me dijo que la causa principal era la falta de higiene, dando a entender que eran los habitantes los principales culpables de la epidemia. La contraparte olvidó que la falta de atención por parte de las autoridades, además de los factores señalados arriba, es lo que ocasiona que los cinturones de pobreza se vean expuestos a la insalubridad de las grandes urbes; si a esto agregamos que las zonas no regularizadas representan “impedimentos legales” para que nuestros gobernantes lleven progreso y desarrollo a las comunidades de este tipo, concluiremos que la gente se ve obligada a establecerse y vivir entre la pochedumbre e insalubridad, siendo víctimas de la incapacidad del gobierno, para hacer un plan urbano que vaya de acuerdo a las necesidades de la gran mayoría, la cual es, al final de cuentas, la sangre que hace correr la economía estatal; son ellos los que producen toda la riqueza conocida, repartida inequitativamente, y las clases poderosas son las que se hinchan como verdaderas sanguijuelas, mientras Juan Calle soporta su suerte sin ningún apoyo.
Hace 35 años que Antorcha Campesina nació, hace tres que arribó al municipio, tenemos ya más de diez años en Baja California.
No hace mucho, el Gobernador del estado dijo, con grito sonoro, que “con Antorcha llegó el progreso”, en el cauce de un conocido río en Tijuana, El Alamar, donde la organización de la gente hizo posible que el gobierno del estado reubicara hasta el momento a 500 familias de las mil que ahí viven (lucha que duró cinco años). Éste, es un botón de muestra de la fuerza de Antorcha, que no tan solo se mide en números, sino en conciencia ganada a pulso por una lucha consecuente en defensa de los intereses inmediatos de los pobres, además de la emprendida hace tres décadas y media, por una distribución equitativa de la riqueza nacional y la justicia social.
Por lo señalado arriba, en cuanto los “problemas” jurídicos que impiden a las autoridades ejercer la noble tarea de dar una vida más digna a la población, Antorcha no dejará caer esta bandera; quizás chocaremos con la demagogia y las truculentas evasivas por parte de administraciones que buscan, a toda costa, mantener en una cajita a organizaciones sociales como la nuestra.
Pero no nos rendiremos. Ser consecuente, cuesta mucho; resolver las carencias y proveer a familias con progreso y desarrollo, se ha vuelto, más que una obligación, una verdadera selección política estratégica por parte de los señores funcionarios que buscan beneficiar a su partido en el poder, llevando beneficios a sus partidarios para luego tener seguros sus votos en las elecciones.
Esta idea no nace como simple reproche infundado, se basa en la falta de atención y en los compromisos incumplidos por los funcionarios hasta ahora. Un ejemplo: desde el pasado 4 de febrero, colonos antorchistas le pidieron alumbrado público al alcalde, Rodolfo Valdez Gutiérrez. No ha habido respuesta a su promesa de un mes para resolver lo mencionado. Por esto, el próximo 1° de abril, habitantes de Villas del Valle, Pascualitos y la colonia Abasolos, vendremos a decirle al Presidente Municipal, que no están de acuerdo con el tiempo que se ha tomado para dar alumbrado público en Villas del Valle, reclamarán los apoyos sociales que los bateadores en asistencia social y la secretaria de Gobierno, han arrojado fuera de su cancha, enviando la pelota al gobierno del estado, alegando que no hay partida del municipio para darlos, ni siquiera una parte, haremos uso de nuestro derecho a la manifestación pública y, de manera pacífica, alzaremos nuestros puños.
Hemos dado muestra de paciencia y hemos estado abiertos al diálogo, hemos dado vueltas y vueltas, topándonos con la misma respuesta: “problemas jurídicos”, la cual se ha desgastado ante la gente, por la falta de alternativas de parte de los funcionarios; hemos recibido “curitas” para curar la llaga de la pobreza en Villas del Valle; hace falta una solución de fondo, hace falta que alguien represente al pueblo y lo defienda; mientras esto ocurre, exigimos que los incrustados en el poder, den solución a las demandas populares, pero esto, sabemos por la experiencia, sólo ocurrirá con la unión, fraternidad y lucha de los pobres de México, en este caso, por lo verdaderos dueños de Villas, los excluidos.