Desde la campaña a la presidencia de Estados Unidos del candidato del Partido Demócrata, Barack Obama, el mundo entero ha sido bombardeado por una intensa campaña publicitaria de este personaje, que recién acaba de asumir la presidencia de aquel país; una campaña llena de imágenes del hombre de familia, del hombre estadista, atractivo, generoso y salvador del mundo, que ha logrado llevar a la movilización en actos masivos a cientos de miles de norteamericanos, e incluso de otros países, como el caso de los europeos, y vaya, visto así, como un superhombre, a alguien se le ocurrió ponerlo a la “altura” de los superhéroes de Hollywood, al tú por tú, con el “hombre araña” y lo publicaron en una revista de historietas.
Ya convertido Barack Obama como superhéroe de la sociedad norteamericana, los gringos esperan que atienda los agudos problemas económicos que enfrenta Estados Unidos, entre ellos, el desempleo creciente, que al cierre del año 2008 alcanzó a más de un millón 200 mil trabajadores, la caída de su sistema financiero representado por la Bolsa de New York y un déficit presupuestario federal que alcanzó a los 450 mil millones de dólares, una crisis financiera que no se había presentado en esta nación desde hace décadas.
A nivel planetario, la humanidad espera que Obama ponga fin a las guerras de exterminio en Irak y Afganistán, impulsadas por el gobierno saliente de George Bush y que cierre la cárcel de la base naval estadounidense de Guantánamo, enclavada al sureste de Cuba. Por parte de México, el gobierno federal espera que se pueda implementar un “justo acuerdo migratorio” en las fronteras de ambos países.
“Sueños guajiros”
La verdad es que la humanidad no puede esperar grandes cambios en la política internacional de Estados Unidos, y ahora de su nuevo gobierno porque la trayectoria de su historia y de la formación de su imperio ha tenido como base la invasión despiadada de pueblos enteros, la explotación y aniquilación de su gente; Estados Unidos, siempre tendrá en su mente la invasión y dominio de nuevos países. Ayer, a México se le despojó de más de la mitad de su territorio; lo mismo que con África, Vietnam, Afganistán y recientemente Irak. Nunca la faltarán pretextos o motivos para invadir a nuevos países; es su esencia y forma de existencia, y si hoy desaparece la cárcel de Guantánamo, abrirá más en otros lugares.
México es el “patio trasero de los gringos”, como una vez alguien dijo. ¿De qué nos serviría a los mexicanos un “justo acuerdo migratorio”, si lo que está sucediendo es que se están regresando nuestros braceros por falta de empleo allá, donde se pronostica un éxodo masivo de cientos de miles a nuestro país? De los norteamericanos y de su gobierno, no podemos esperar nada bueno, que no sea el engaño y mayor dominación.
Barack Obama es una estrella más de Hollywood. De esas estrellas de las historietas, imagen creada por los dueños del mundo para decirle a los desarrapados y a los hambrientos del planeta que ya tienen un títere más para manipular su conciencia y hacerles creer que ha llegado el “salvador” del mundo, que sólo basta un poco de su voluntad y sus “buenos deseos” para que este mundo cambie. Sin embargo, la historia y la realidad objetiva, que es más terca que los buenos deseos y la imagen de un “buen gobernante”, nos demuestran los contrario: que hace falta, más que caudillos o una mente “brillante”, movilización y organización consciente del pueblo organizado, de un pueblo valiente y heroico, para exigir lo que es suyo, de lo que lo han desprovisto los poderosos. Sólo así llegará el cambio. Lo demás sólo será la ilusión de una mala película, con la que hoy se deslumbran los norteamericanos. Triste realidad.