En esta semana, el hombre mejor posicionado entre la opinión pública para convertirse en candidato a gobernador por el PRI, según dicen las encuestas (aunque habría que preguntárselo a Enrique Doger y a Jesús Morales, a ver si opinan lo mismo), se fue a las colonias del sur a darse “baños de pueblo”, dijeran los clásicos.
El pretexto fue lo de menos, inaugurar obras que -según dice el boletín entregado a los medios- superan los 2 millones de pesos; cantidad que, vista a “vuelo de pájaro”, pareciera bastante y pudiera servir de argumento a más de uno para preguntarse: ¿entonces, que más quieren los antorchistas?, ¿por qué están en plantón? Pues fue precisamente en colonias con fuerte presencia de esta organización donde López Zavala presumió las “importantes inversiones” que el Estado hace para atender la pobreza.
Aquí es donde están los contrastes e, incluso, la maniobra burda del Gobierno del estado, para tratar de exhibirnos como intransigentes, pues, mientras los antorchistas estamos -desde hace más de tres meses- plantados frente a la sede del gobierno estatal, exigiendo que se inviertan recursos para combatir la pobreza en la Sierra Norte, Negra, Mixteca y la propia capital, en cantidades similares (que rebasan los 600 millones de pesos) a las que invierte el gobierno estatal en las zonas más exclusivas de la ciudad de Puebla, ellos nos quieren dar una o dos obras al año, cuando, como siempre lo hemos dicho, la pobreza y las necesidades de los poblanos al interior del estado y la periferia de la capital son ancestrales.
Prueba de lo que aquí he mencionado es la reciente visita del senador panista Humberto Aguilar a Huitzilan de Serdán; él, junto con Eduardo Rivera, pudieron constatar de viva voz que una de las demandas más sentidas de los huitziltecos (antorchistas y no antorchistas) es la construcción de un hospital integral, con médicos suficientes para atender a toda la población. Esa es precisamente una de las razones que nos mantienen frente a Casa Aguayo, pero los funcionarios, incluidos el titular de la Sedeso en Puebla y el propio ex secretario de Salud, se escudan en el “argumento” de que una inversión así implica mucho dinero y que ya existe un hospital en Teziutlán.
Con esa actitud, ciertamente, demuestran su insensibilidad y falta de conocimientos de la geografía poblana, pues trasladarse de Huitzilan a Teziutlán implica más de tres horas de viaje, aunque en el mapa no parezca. Estas y otras medidas, ni siquiera grandes obras, son las que el gobierno estatal -en su conjunto- se niega a resolver.
Qué bueno que pavimenten una o dos calles, qué bueno que de vez en cuando se acuerden de los pobres, pero sería mejor que se acordaran todos los días y que decidan atacar de fondo la pobreza tan lacerante, miles de campesinos y colonos se los agradecerán toda la vida. ¿No es suficiente que existan 400 mujeres con cáncer cervicouterino en solo un municipio de la Sierra Norte?, ¿o el que, día con día, sean más los pobres en Puebla y México?