Muchos nos sentimos orgullosos de ser mexicanos debido a nuestra historia, nuestra bandera, nuestros héroes; otros se sienten orgullosos por los triunfos de la selección de futbol, por ser albureros, por el tequila, por el pulque o porque “somos valientes” y comemos chile; total, que de alguna forma nos “sentimos felices por haber nacido en esta tierra”. Pero resulta que, a pesar de todo lo que sentimos por ser mexicanos, muchos vivimos como extranjeros, porque no tenemos ni un pedazo de tierra para levantar un modesto techo para nuestra familia.
En nuestra ciudad, San Luis Potosí, que alcanza una población de más de 730 mil habitantes (y que en los últimos años ha tenido un crecimiento muy acelerado porque miles de campesinos abandonan el campo y emigran a esta ciudad en busca de empleo, y también por el reciente regreso de miles de braceros desde Estados Unidos) la falta de vivienda resulta un gravísimo problema social en esta capital, ya que no hay dónde vivir.
Muchos de los problemas de delincuencia, violencia intrafamiliar y promiscuidad, se originan porque muchas familias viven en verdaderas pocilgas, hacinadas en cuartuchos, en cuevas o a la intemperie; otras, las más “afortunadas” a merced de los “renteros” y de los especuladores de la tierra, que venden a precio de oro el metro cuadrado de terreno para vivienda, o los mercachifles inmobiliarios, que ofrecen las llamadas “casas de interés social” a precios exorbitantes, quedando las familias pobres endeudados para toda la vida.
Aquí los datos. La Comisión Nacional de Vivienda, informa que la ciudad de San Luis Potosí tiene un déficit de 13 de más mil viviendas al año, es decir, que en los próximos años, debido al crecimiento poblacional y al éxodo de la gente del campo esta ciudad, tendrá un problema habitacional enorme.
En la actualidad, debido a situación de crisis que vive nuestro país, sobre todo, en nuestro entorno inmediato, donde según la Secretaría del Trabajo y Previsión Social del gobierno del estado, reconoce que en nuestra entidad no hay generación de empleos, y que, por el contrario, existe un desempleo abierto de más de 35 mil potosinos al año. La pobreza obliga a miles de familias a destinar lo poco que gana a la alimentación, para adquirir vivienda o un terreno; casi nada o simplemente nada. El interés de los organismos que auxilian a los trabajadores a conseguir créditos para vivienda, como el Fovisste o el Infonavit, ya no es dar nuevos créditos; su preocupación, ahora, es recuperar los préstamos que ya otorgaron a los trabajadores despedidos.
Ciudad Satélite, la construcción de 30 mil viviendas que, con “bombo y platillo”, Marcelo de los Santos Franga anunció que serviría no sólo para abatir el déficit de vivienda de miles de familias pobres de la ciudad que no tienen casa, sino incluso, para los miles obreros fabriles que vendrían de otras entidades a trabajar en la planta General Motors y su clúster automotriz que daría empleo a 25 mil trabajadores. Quedó sólo el proyecto. Ni empleo, ni viviendas para los más pobres y necesitados. Ahora resulta que las pocas viviendas otorgadas en el “mega centro de población” sólo sirvió para que los dueños de inmobiliarias se enriquecieran y dar casas a amigos de varios funcionarios que no tienen ninguna necesidad de vivienda.
Urge que la nueva administración estatal atienda el agudo problema de vivienda de los potosinos. Sólo así, se podrá resolver en parte la pobreza en que viven miles de potosinos en la ciudad, aún es tiempo. Mañana será tarde.