Siempre que se habla de teatro, se habla de cambio y de insurrección contra lo establecido, la comedia, la sátira, el drama; son géneros de teatro siempre encaminados a reflexión de los espectadores y a su educación para que puedan ver su realidad bajo otra perspectiva, para producirles aspiraciones espirituales profundas y revolucionarias; para alcanzar lo bello a través del arte escénico: una comunicación entre lo que desea y aspira la humanidad, y lo posible.
Tespis, padre del teatro en la antigua Grecia (540 años antes de nuestra era) fue el primero que pudo encarnar a los personajes heroicos de la mitología griega, para hacerlos más humanos con sus pasiones, sus envidias, sus bondades o maldades; para hacerlos más cercanos descubrió que el arte escénico era una verdadera arma para educar al pueblo, darle vida y confianza en sus propias fuerzas en sus ansias de libertad y progreso. La tragedia, fue el género que impulsó Tespis, a través del cual, daba vida a sus personajes y los ponía al nivel del más miserable plebeyo, de personajes importantes de la sociedad esclavista, de reyes o de dioses a quienes el público, casi podía tocarlos, ovacionarlos o repudiarlos; produciendo emociones que llevaban hasta un estado catártico a los espectadores y producían una elevación superior a su espíritu, un movimiento revolucionario en su conciencia, haciendo que las clases marginadas de aquella época en su miserable existencia, pudieran adquirir una personalidad humana, de la cuál en su condición opresión e ignorancia, pudieran albergar ansias de cambio. Ese es el espíritu y el ambiente que se respira entre los espectadores y actores que asisten cada año al Encuentro Nacional de Teatro que organiza el Movimiento Antorchista en la capital potosina.
He visto la participación de humildes campesinos de la zona indígena del estado de Guerrero, de los tepehuanes del estado de Durango, de hijos de obreros de colonias marginadas de todo el país, desenvolverse como verdaderos artistas escénicos; transmitiendo, vaciando sus ideas, emociones y pasiones entre la multitud que presencia las obras en el majestuoso Teatro de La Paz, para llevarlos a la reflexión, hablándoles de su realidad, de sus propias desgracias, de sus temores, de sus angustias y también, de la posibilidad de que su situación de entes sociales sin personalidad y sin vida pueda cambiar.
Al Encuentro Nacional de Teatro antorchista, que este año llega a su XI edición, es un hecho de comunicación popular revolucionario, que cambia el modo de ver la realidad de la gente, sobre todo, la más humilde; he sido testigo al escuchar cómo indígenas de la huasteca potosina que asisten a este evento, con vestimentas muy modestas y algunos hasta descalzos, se impresionan tan solo por entrar al monumental Teatro de La Paz, y dicen, “parece una catedral, es muy bonito”, porque jamás en su vida han tenido la oportunidad de entrar a un recinto tan bello, y mucho menos disfrutar de una obra de teatro, del teatro clásico griego, o de autores geniales como Shakespeare, Molière, Calderón de la Barca, Federico García Lorca o del teatro mexicano de Emilio Carballido, y exclama esta gente conmovida, “parece como chiste lo que dicen, pero son consejos para nosotros”. Un fenómeno comunicativo edificante para los espectadores, alejado de la terrible manipulación y enajenación de que somos objeto a diario millones de mexicanos a través de los medios de comunicación y la cultura dominante.
El Encuentro Nacional de Teatro donde participan más de 300 actores y 40 grupos teatrales de las 32 entidades del país, es una experiencia de convivencia social y cultural que en pocas ocasiones el pueblo marginado y artistas populares puede disfrutar, porque los grupos teatrales participantes no van con un interés comercial o monetario, van por el reconocimiento o aplausos sinceros que les brindan miles de manos rudas de campesinos, de obreros, de la gente más humilde de nuestro país; los que somos mayoría, pero que aún no somos actores de nuestro propio destino para dirigir a esta sociedad por derroteros donde exista mayor justicia, libertad y una vida digna para todos.
Por lo pronto, que se abra el telón y a disfrutar el XI Encuentro Nacional de Teatro Antorchista, asiste, la entrada es libre.