MOVIMIENTO ANTORCHISTA


¿Quién dijo que la conducta
del hombre no puede cambiar?


María Elena Torres Castro
4 de febrero de 2009

Mucho se afirma, en el ámbito estudiantil, que la juventud es libre de hacer lo que le plazca, que los padres, maestros y autoridades, deben darle seguridad, confianza y todo el apoyo a los jóvenes para que sus sueños no queden frustrados, para que no se arrepientan mañana de lo que no pudieron hacer hoy. Es decir, que se les permita hacer todo lo que quieran porque son jóvenes. Conductas como la de no obedecer a los padres, exigir a los mismos andar vestidos a la moda, pedirles cosas que a veces resulta imposible para la economía familiar, entrar al mundo de los vicios, negarse a trabajar dentro del hogar, no estudiar, llegar tarde a sus actividades escolares, destruir lo que encuentran a su paso, tirar basura en cualquier lugar, no respetar a los mayores, etc., son el común denominador de jóvenes “estudiantes”, sobre todo de nivel preparatoria, en el medio urbano. Estas conductas obedecen, como sabemos, a que el propio sistema capitalista en que vivimos bombardea, por todos los medios posibles, un día sí y otro también, el cerebro del joven para formarlo como un ente falto de miras a elevarse culturalmente; el sistema quiere un joven insensible ante los problemas, ante la política, quiere que sólo les interese resolver medianamente sus necesidades inmediatas, necesita a un individuo que en lo futuro sólo sirva para accionar una palanca dentro de la fábrica, en el mejor de los casos. Así, pues, se va formando una personalidad, un carácter que, al correr de los años, si no se corrige, si no se reorienta, conduce al fracaso.

Es por eso que la labor de educar a la juventud es muy difícil, como afirman los grandes maestros y pedagogos de la historia, porque se enfrentan dos posiciones: por un lado, la conducta del individuo que no quiere cambiar y, por el otro, la insistencia de aquel que quiere hacer cambiar, que busca en el individuo el amor al trabajo, al estudio, que abrace valores como la responsabilidad, y la solidaridad con sus semejantes. Esta última posición, como también sabemos, requiere de mucho esfuerzo, trabajo y constancia, por parte del interesado en modificar su conducta.

En este contexto se desarrolla la actividad educativa en escuelas de nivel medio superior de la ciudad de Culiacán, en el estado de Sinaloa; la preparatoria Rafael Ramírez no es un caso aislado a pesar de que los maestros y personal directivo hacen un gran esfuerzo por que se corrija la disciplina al interior de la institución. Su director, Fernando Hernández García, de manera constante y con mucha paciencia, ha insistido en todos los foros en que es necesario que la juventud entienda la situación en que vive, que la juventud tome conciencia de que vale mil veces más una disciplina intrínseca (nacida de la conciencia propia) que una disciplina extrínseca dada por un reglamento escolar que muchas veces se asemeja a un garrote; que es necesario cambiar de conducta para formar al hombre nuevo.

Y esto ha dado sus frutos. Después de que los alumnos llegaban tarde, se salían del salón en horas de clase, tiraban basura por doquier, entre otras cosas, ahora se cuenta con los dedos de las manos a los estudiantes que llegan tarde, la escuela permanece limpia, hay orden y disciplina dentro de clases, los maestros se muestran contentos y convencidos de que no habrá marcha atrás, de que el hombre sí puede cambiar. Que es difícil de lograrlo, sí, pero no imposible.

 

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