Desde hace 35 años, el Movimiento Antorchista agrupa a campesinos, colonos, obreros, estudiantes y profesionistas, de extracción humilde, que han decidido voluntariamente unirse para pugnar por una repartición más justa y equitativa de la riqueza social. Así, a través de la gestoría en los tres niveles de gobierno, que realizamos los 365 días del año a lo largo y ancho del país, ha sido posible llevar progreso y bienestar a través de obras y servicios a miles de ciudadanos, que sin la acción colectiva, es decir, sin la lucha organizada, probablemente seguirían careciendo hasta de los servicios básicos.
Sin importar el partido al que pertenezcan, la mayoría de los gobernantes (las honrosas excepciones, son pocas) inmediatamente que reciben las solicitudes de obra pública o acciones de tipo social, casi siempre por sistema esgrimen múltiples pretextos, y es común escuchar de los “flamantes funcionarios” frases trilladas como: “no hay presupuesto”, “no hay programa, para atender su solicitud”, “para este año, ya hicimos la repartición del presupuesto”, “vengan después y haber qué se puede hacer”, y cosas por el estilo. Considerando que ciertamente las carencias de los mexicanos son muchas, que hay que cubrir ciertos requisitos y que no somos los únicos que demandamos atención, siempre cubrimos toda la tramitología, hacemos antesala tantas veces como nos lo requiere el funcionario al que le hacemos la petición y dejamos pasar prudente tiempo para recibir respuesta; conviene poner el acento en esta parte de la gestoría, pues nunca, léase bien, nunca, exigimos que de un día para otro se resuelva la problemática que planteamos, sea del tipo que sea.
A pesar de la justeza de nuestros propósitos y aunque la mayor parte de los políticos declaran estar al servicio del pueblo, la realidad nos ha demostrado exactamente lo contrario; pues a la hora de pedir alguna alternativa o que se establezcan plazos ante los requerimientos de la gente, se presentan diversos fenómenos, pero casi siempre dos son las disyuntivas entre las que se mueven los funcionarios: o establecen compromisos a muy largo plazo o simplemente se niegan en rotundo a dar atención a los peticionarios.
Y es en este punto donde resulta inevitable acudir de manera masiva a solicitar atención del funcionario en cuestión o de sus superiores y hay que decirlo, en ocasiones encontramos la sensibilidad e inteligencia necesaria para tomar acuerdos en pro de nuestros representados y con ello conseguimos que se ejecuten acciones de orden social u obras de infraestructura básica, también aquí resulta necesario destacar que se trata siempre de este tipo de acciones y que nunca se pretende buscar prebendas o beneficios personales para los dirigentes -y quien afirme lo contrario está obligado a probarlo, pues de lo contrario quedará como un vil calumniador-. Pero no siempre hay el talento para pactar y, por ello, lo que pudo acordarse sin ningún problema en una mesa de trabajo, se traduce en numerosas manifestaciones, donde el solicitante, sea colono, campesino o estudiante, que sufría por no contar con agua potable, drenaje o aulas dignas, tiene que sumar a su calvario las inclemencias del tiempo, el cansancio y los gastos que implica acudir a una manifestación (transporte y alimentación).
Entonces, partiendo de las premisas anteriores y considerando que una marcha no es un día de campo, sino un verdadero suplicio, ¿por qué los antorchistas hacemos marchas? La respuesta es muy sencilla: porque no nos queda otro camino, pues sólo tenemos dos alternativas: nos resignamos a vivir en la miseria o nos decidimos a combatirla, pugnando por una repartición más justa y equitativa del presupuesto público. Los antorchistas optamos por la segunda opción y sabemos de los riesgos que esto conlleva, pues los poderosos acostumbrados hacer su soberana voluntad con el poder que les confiere el pueblo, al ver en riesgo su omnipotencia acuden a todos los recursos a su alcance para detener “a los rijosos” que se atreven a sugerirle cómo gastar los recursos del erario. Dado el poder que tienen en sus manos los funcionarios en cuestión, de acuerdo a su nivel, echan mano de múltiples mecanismos para hacer desistir a los solicitantes, desde la tramitología interminable, los plazos incumplidos una y otra vez, hasta la campaña calumniadora en los medios de comunicación, la represión abierta a los manifestantes o incluso el injusto encarcelamiento de los líderes.
Podrá diferirse de nuestros métodos o cuestionarse nuestras acciones, pero quien lo haga está obligado a proponer una alternativa para enfrentar la aguda problemática que aqueja a casi 70 millones de mexicanos que padecemos las consecuencias de la injusta distribución de riqueza social. Por otro lado, pruebas de que a través de nuestra lucha se ha mejorado la calidad de vida de centenas de miles de mexicanos, hay muchas y, por lo que respecta a nuestro estado, baste mencionar que tan sólo en el último año, gracias a la intensísima labor de gestoría que realizamos, conseguimos la construcción de aulas para el colegio de bachilleres de Trancoso, caminos para varias comunidades rurales, centenas de acciones de mejoramiento a la vivienda, decenas de obras de drenaje, agua potable, electrificaciones, pavimentaciones, guarniciones y banquetas, alumbrado público, etc., etc. Por si alguna duda cabe sobre la veracidad de lo anterior, basta con acudir a la comunidad del Pardillo en Fresnillo, a la cabecera municipal de Trancoso o a Lomas en el municipio de Guadalupe, por mencionar sólo algunas. ¿Podrán nuestros flamantes críticos presumir logros similares? Sinceramente lo dudo, pero estoy abierto a cualquier demostración en sentido contrario.
En virtud de lo anterior, considero totalmente desproporcionados, injustos y fuera de lugar, los epítetos y las descalificaciones vertidas por el articulista de La Jornada Zacatecas, José de Jesús Reyes Ruíz, pienso que, por elemental profesionalismo, antes de verter sus respetables puntos de vista estaba obligado a conocer la versión nuestra, pues en los dos artículos donde habla del movimiento al que pertenezco, hace afirmaciones temerarias que no se demuestran con ningún elemento probatorio.
Debido a que en los dos trabajos en los que se ocupa de nosotros y sobre todo en el último resulta sumamente complicado entenderlos, pues están plagados de contradicciones, no quise ocuparme punto por punto a dar respuesta a sus acusaciones y por ello preferí ocuparme en tratar de explicar las razones de nuestra lucha y de los métodos a los que acudimos, pero para no dar lugar a la duda me interesa poner algunas cosas en su lugar.
Primero, Antorcha Campesina jamás ha invadido ningún terreno en el estado, ni se ha apropiado de lotes como él lo afirma. Segundo, tampoco hemos recibido “recursos” de manera ilegítima como lo afirma don José de Jesús, ni del gobierno de Ricardo Monreal, ni de ninguna otra administración. Como ya se dijo, nuestras demandas siempre son obras o acciones de orden social y si él tiene pruebas de lo contrario lo reto a demostrarlo, pues de no hacerlo quedará como un vil calumniador. Tercero, ciertamente el articulista en cuestión está en la libertad de dar su punto de vista, sobre lo que él quiera, pero acudiendo a su método, “sin afectar a terceros”, pues resulta inconcebible que un defensor a ultranza de los derechos de otros, como pretende serlo Reyes Ruíz, lance calificativos e insultos contra quien no le ha hecho absolutamente nada.
Termino. Creo sinceramente que así como el articulista en cuestión está en su derecho de militar en el Movimiento de Resistencia Civil, sin que esto desate hilarantes criticas o insultos gratuitos en su contra, de la misma manera mis compañeros y yo podemos elegir libremente militar en la organización que nos plazca, por ello ofrezco a don José de Jesús, que a fin de clarificar muchos de sus erróneos puntos de vista sobre nosotros, la posibilidad de entablar diálogo directo conmigo o con alguno de mis compañeros y pido respetuosamente también frene la actividad de desprestigio que ha emprendido en nuestra contra, pues resulta extraño que una gente que se asume como promotor del cambio en el país en beneficio de los más marginados trate con tanto desprecio a una parte de ese sector que ha decidido unirse y organizarse en el Movimiento Antorchista para construir mejor país.