La posible alianza entre el PAN y el PANAL en el estado de Nuevo León, de la que nos han dado nota los diversos medios de comunicación, y la cual está por decidirse por estos dos organismos políticos, sacó a relucir el rechazo que “algunos” integrantes de Acción Nacional tiene por todo aquello que huela a lo que ellos llaman “corporativismo” y todo lo que, según ellos, engloba este concepto. Varios connotados panistas se han manifestado en contra de dicha alianza con este partido que está integrado en sus bases por maestros del SNTE, es decir, por una corporación, en este caso sindical.
Un miembro del PAN, ex candidato a la gubernatura en las pasadas elecciones, se manifestó en contra de cualquier alianza con dicho partido, amenazando incluso con abandonar las filas de su partido en caso de que esta alianza se concretará, pues, dijo que esto sería aceptar el corporativismo, lo cual implicaba que su partido renunciara a sus principios básicos. Todo lo anterior, claro está, no quiere decir que el afán por lograr la gubernatura, al fin y a la postre, le imponga al PAN hacer “a un lado” sus “principios”. Ahora bien, fuera de lo que verdaderamente representa el PANAL, y de si se concreta o no dicha alianza, me interesa abordar el por qué el rechazo que tienen, si no todos los miembros del Partido Acción Nacional, si sectores influyentes de ese instituto político, por el “corporativismo”, y muy particularmente, por todo lo que sea organización de los humildes. Esclarecer lo anterior no es secundario, ya que en el caso de que ese partido llegara a salir vencedor en las ya próximas elecciones, ese rechazo de “principio” al corporativismo, que ahora se hace en el terreno declarativo, se vería traducido en la práctica, en seis años, en la política que se seguiría hacia todo lo que represente lucha organizada de los pobres de Nuevo León.
No se trata, para el caso de nuestro estado, de sólo elucubraciones del que esto escribe; es ya la experiencia que dejó a su paso el gobierno panista en la inmediata anterior administración estatal. En todas las dependencias, en esa administración, se combatió sin tregua todo lo que significará lucha organizada. Los funcionarios en turno de todas las dependencias, unos abiertamente y otros de manera velada, no se cansaban de repetir a todo grupo de colonos que asistían a plantear un problema de sus comunidad, que no se les atendería en grupos sino sólo a ciudadanos y que no se aceptaban “líderes”. Para resolver tus problemas, les decían, no se requiere de “representantes”. En dependencias como Fomerrey (institución encargada de resolver vivienda en el estado) se colocaron en ese tiempo letreros en ventanillas, puertas, mamparas y demás lugares visibles de el edificio, a tal grado que poco faltó que al sentarse una persona en el sanitario viera frente de si esos avisos, que más o menos decían: “La atención es individual, no se atienden a grupos”, “No se atiende a líderes, sólo a ciudadanos”, etc., etc. ¡Guerra contra organizaciones y líderes!, era la consigna. Pero esto que predicaban los funcionarios, no era espantar “con el petate del muerto”; no se quedaban en el terreno puramente declarativo, sino se aplicaba consecuentemente, es decir, que en los hechos no se recibía a grupos, a menos que estos no se arredraran. En muchas ocasiones, a los grupos de colonos organizados en el Movimiento Antorchista, al plantear problemas tan sensibles como introducción de servicios básicos o terrenos, se les cerraba las puertas. Sólo la unidad y la combatividad de los grupos antorchistas, los hacían salir adelante y ser recibidos “en grupo”. Lo de la solución de las demandas que dichos grupos planteaban era ya otra cosa: no se resolvían en la mayoría de los casos.
Pero esta situación que se presentó en nuestro estado, no es ni cosa del pasado ni una cuestión aislada. Actualmente, los humildes habitantes de la comunidad de La Piedad, en el municipio de El Marques del estado de Querétaro, están viviendo en carne propia, y en todo su “esplendor” esta política antipopular, ya que 13 de sus habitantes junto con miembro del comité estatal del Movimiento Antorchista, el cual se solidarizó con ellos, están encarcelados desde el mes de septiembre del año pasado, sólo por defender el derecho que les corresponde por ley en la administración y uso del pozo que ellos construyeron con sus recursos y mano de obra. La represión del gobierno yunquista ha llegado a tal grado, que se encarceló a la abogada de los detenidos, por lo que ahora hay 15 presos políticos. Lo que no tolera el Gobierno ultraderechista de Garrido Patrón y su garrote rupestre, llamado Alfredo Botello Montes, es que los campesinos de esta comunidad se hayan decidido a luchar en una organización limpia como lo es el Movimiento Antorchista.
Los dos ejemplos que he puesto no nos dejan lugar a dudas que efectivamente el PAN no tolera todo lo que signifique organización, agrupación o “corporativismo” de la gente humilde. Pero ¿por qué? Porque el PAN representa a ciertos grupos de poder económico y político que le temen, como la peor de las “pestes”, a la organización de los desposeídos. Ven en ello una amenaza para conservar y acrecentar sus privilegios. La única participación que debe tener la gente, según ellos, es su voto en las elecciones. Fuera de ahí, la gente humilde, debe limitarse a acatar sin rechistar al gobierno “democráticamente” electo. Para la gente pobre, que es la inmensa mayoría de este país, está prohibido pedir solución a sus más apremiantes necesidades. Pero si a la gente, según esta concepción cavernaria de ejercer el poder, le esta prohibido demandar solución, es un verdadero crimen de Estado, hacerlo de manera organizada.
La organización de la gente humilde no es el capricho de nadie; es una necesidad para la defensa de sus intereses legítimos. Sin esta organización, estará indefensa ante los poderosos. Los pobres tenderán a organizarse, pese a quien le pese, mientras no encuentren solución a sus más apremiantes necesidades.