No quisiera empezar con la misma cantaleta con que empiezan casi todos los que se ponen a analizar el proceder de alguno de los partidos políticos; pero es que éste es uno de los modos de entender mejor la política en nuestro estado. Leonel Godoy, cuando anduvo en su campaña electoral para gobernador de Michoacán, tomó como bandera principal la atención que se le debe dar a los ciudadanos, porque, según él, el ciudadano es el más importante; así recordamos cómo sus seguidores y él mismo vociferaban: “Si llego yo a ser gobernador, tú, seas quien seas, recibirás toda mi atención porque TÚ ERES IMPORTANTE”. Con estos pronunciamientos que hacía y, además, con las acciones ilegales que puso en práctica (y que aún, siendo gobierno, sigue practicando, como es el reciente y famoso CEMENTAZO), logró que tanta gente cayera en la trampa del engaño, haciéndole creer que su partido, el de la Revolución Democrática, era la mejor opción para gobernar a Michoacán.
Pues bien, primero se hicieron las elecciones para gobernador y resulta que ganó el PRD. Pero, ¿cómo se explica que haya ganado, siendo un partido tan demagogo, es decir, tan hipócrita, porque dice ser de izquierda, pero en los hechos, es de derecha, igualito que el PAN? ¿Cuál es la causa de que así haya sucedido? La razón es la crasa ignorancia política en que se hallan las personas de nuestro pueblo, pero no porque éste sea tonto por naturaleza, sino porque a la clase explotadora y parasitaria de nuestro país así le conviene. Sí, esa clase que nos gobierna anhela con vehemencia que el pueblo sea un verdadero jumento, para así manejarlo a su antojo, sin que nadie le diga nada. Así vemos, por ejemplo, como en vez de impulsar el nivel de educación en el pueblo, lo que hace es advertirle: “¡Aguas! Leer hace infeliz a la gente… por tanto, no leas ciencias sociales, ni historia, ni filosofía”. Con esta actitud, bien que se percatan que están violando a la Constitución; sin embargo, ello les sigue importando un bledo. Y es que saben muy bien que, si la gente estuviera mejor educada, mejor instruida, más politizada, ésta no se dejaría engañar tan fácilmente. Sí, causa coraje y enfado el ver que muchos políticos, con una miserable despensa o una camiseta piojosa o unos bultos de cemento que les regala un candidato, de cualquier partido, los ciudadanos votan por esos politicastros demagogos, mentirosos, hipócritas. ¿Cómo convencernos de que los políticos del PRD son unos demagogos, igual que los del PRI, y ya no digo los del PAN? Pues demostrando con hechos que no nos hagan dudar, como el que sigue: En las elecciones del 5 de julio, los votos con los cuales el PRD ganó 8 curules, mientras que el PAN ganó 4 y el PRI, 0; ello sucedió así, no porque realmente estuvieran convencidos de que ese partido es el mejor, sino porque con el cemento (“c e m e n t a z o”) que les dieron compraron las conciencias, o sea los votos. Esto que han hecho los del PRD ¿no es acaso una flagrante violación a la ley, una traición a la democracia que tanto dicen defender y al mismo tiempo corrupción? ¿Dónde está, entonces, su honradez revolucionaria?
Es más, si comparamos al PRD con los otros partidos, veremos que antes de que estuvieran en el poder, criticaban sin piedad a los que lo tenían, que eran los del PRI. Panistas y perredistas no se cansaron de gritar que si el pueblo otorgaba a ellos el poder, gobernarían mucho mejor a como estaba gobernando el PRI; y así le terquearon hasta que se lo arrebataron; pero en cuanto lo obtuvieron, empezaron a ser igualmente o peor.
Los actuales perredistas, empezando por su fundador Cuauhtémoc Cárdenas, antes eran del PRI, pero se separaron de él con el pretexto de que iban a formar un verdadero partido de izquierda que realmente estuviera del lado de los desposeídos. Mucha gente, dejándose llevar por el gran prestigio que dejó Don Lázaro Cárdenas del Río, de inmediato se convencieron y se hicieron “perredistas”. Pero aquí, la mera verdad es que lo que les interesaba a esos pseudolíderes renegados que militaban en el PRI, no era cambiar el modo de vida del pueblo mexicano, sino el gran subsidio que estarían recibiendo al registrarse como partido. Y la mejor prueba de esto que digo es que ya llevan más de veinte años como partido en el poder y ¿qué han hecho por los indigentes? ¿Los han educado? ¿Los han organizado para que defiendan sus legítimos derechos y así cambiar su mísera vida por otra mejor? O tú, como ciudadano, ¿notas alguna diferencia entre el PRD y los demás partidos? Pues ¡No!, tan malo es el pinto como el colorado. Entonces esto deja en claro el alto grado de oportunismo, de deshonestidad y de inconsecuencia de que adolecen todos esos partidos (aunque aquí me dirijo en especial al PRD) al no cumplir con lo que prometieron al pueblo desde el principio.
Un suceso muy importante que, en gran parte, es el que me ha obligado a pensar todo lo anterior es el hecho de que el gobierno perredista de Godoy se haya comprometido con los antorchistas a dar solución a sus demandas por las cuales estuvieron en plantón, demandas más que justas, y que no les ha cumplido, a pesar de que son demandas que fueron expuestas y firmadas desde el periodo de Cárdenas Batel, por quien también fueron firmadas. En efecto, en febrero pasado, los antorchistas ya casi cumplían dos años de plantón en la Plaza Melchor Ocampo, de Morelia; pero tanto al gobierno perredista saliente de Cárdenas Batel como al entrante de Leonel Godoy les valía un cacahuate el que los antorchistas estuvieran en plantón; hasta que Godoy, presionado por el pueblo, les dijo: “Yo les voy a resolver todo, pero quiten de inmediato su plantón” y firmó. En efecto, los antorchistas al instante abandonaron la plaza, confiando en que el Gobernador les cumpliría, pero ¿qué ha pasado? Pues que ya van más de seis meses transcurridos y el gobierno del PRD no les resuelve. Por este motivo están por reiniciar de nuevo sus movilizaciones, para así obligar al gobierno perredista de Leonel Godoy que les cumpla; y es que, de no ser así, quedará aún más demostrado que es un gobierno demagogo de lo más indeseable; un gobierno que el pueblo debe detestar porque, definitivamente, no le sirve para cambiar el modo de vida como se lo prometió. Ya le mintió al pueblo y le sigue mintiendo.