En la primera década del siglo pasado, la tierra era la principal forma de riqueza existente en México, por lo que la agricultura y la ganadería eran la base económica de la sociedad. Don Porfirio Díaz gobernó la República durante más de 30 años en favor de los señores hacendados que, junto con la Iglesia Católica, se habían adueñado de la mayor cantidad de las tierras del país. Sin embargo, el capital ya había penetrado en el territorio, lo que propició cierto desarrollo económico con la construcción de infraestructura ferroviaria, la explotación de los minerales y el petróleo. Esta mala distribución de la tierra generó gran descontento entre el campesinado y las comunidades indígenas, por lo que al levantarse Francisco Ignacio Madero contra la dictadura porfiriana de inmediato se sumaron a la lucha anti reeleccionista de éste, planteando su demanda de un mejor reparto de la tierra. Madero representaba los intereses de la clase naciente, de los dueños del capital, y a la cabeza del campesinado se pusieron Zapata en el sur y Francisco Villa en el norte.
Unidos los sectores populares con los maderistas derrotaron al porfiriato, asumiendo el poder político desde ese entonces los representantes del capital, quienes han llevado las riendas del país hasta los niveles de desarrollo que todos conocemos en la actualidad. La lucha armada concluyó en 1917 y en la ciudad de Querétaro se redactó la Constitución Política del país, documento en el que se recogieron los intereses de los distintos sectores que participaron en la Revolución Mexicana. Por la presión del campesinado se estableció en esta Ley máxima el reparto de la tierra, para lo cual se crearon toda una serie de leyes, reglamentos e instituciones como las Comisiones Agrarias Mixtas, la Reforma Agraria, los Cuerpos Consultivos Agrarios, etc. Las tensiones sociales y económicas durante la gran depresión de la década de 1930 explican la profundización de la Reforma Agraria durante la presidencia de Lázaro Cárdenas (1934-1940). Se repartieron más de 18 millones de hectáreas, pero casi dos terceras partes eran bosques y pastos escasamente productivos; quedando muchos latifundios y las mejores tierras sin repartir. Así pues, las nuevas explotaciones ejidales continuaron y continúan siendo mucho menores y menos rentables que las pequeñas propiedades inafectables de los latifundistas protegidos desde altas esferas del gobierno.
Como punto referente para celebrar el “triunfo” del agrarismo se escogió el 6 de enero, debido a que en un día como ese de 1915 fue promulgada la primera ley agraria por el entonces Presidente de La República, Venustiano Carranza en el puerto de Veracruz. Por este motivo, año con año, se vino celebrando el acto agrario del 6 enero en Veracruz y no fue sino hasta el actual que no se realizó dicha ceremonia. Hubo otros eventos agrarios, pero no el oficial que organizaba el gobierno federal ni en la fecha ni en el lugar correspondiente.
Con esto, la actual corriente gobernante del país pretende borrar de tajo todo indicio de lucha por una mejor distribución de la riqueza. Pretende se olvide la gesta heroica de los agraristas en 1910, que el campesinado y la sociedad en general se mantengan conformes con el actual estado de las cosas: ahora, la principal forma de riqueza ya no es la tierra, está la riqueza generada en la industria, en el turismo y en los bancos, riquezas todas producto del trabajo de la clase obrera, de los jornaleros y de la mano de obra calificada de los profesionistas. La aplicación de la ciencia y de la técnica en la producción generan inmensas cantidades de bienes y mercancías propiedad de los capitalistas. Nunca la humanidad había producido tanta riqueza como ahora que se utilizan maquinas y herramientas modernas, pero para desgracia de la humanidad, dicha riqueza está concentrada en unas cuantas manos, está muy mal distribuida.
En México, de 106 millones de mexicanos que somos, 75 millones viven en condiciones de pobreza. Y lo peor, es que no hay esperanzas a corto y mediano plazo de que la situación económica vaya a mejorar; el desempleo va en aumento, por el decrecimiento de la economía resultante de la crisis económica mundial; la inseguridad y la delincuencia organizada crecen día con día y no producimos los alimentos que requiere el país para la autosuficiencia alimentaria.
Así pues, en 1910 estaba mal distribuida la tierra y ahora en el 2009 la riqueza nacional está pesimamente mal distribuida, lo que está generando malestar e irritación en grandes sectores de la población. Medidas como las de eliminar el acto agrario del 6 de enero no son la solución para enderezar el rumbo de la nación, se requiere de una mayor participación del pueblo en el diseño y en la aplicación de las políticas gubernamentales y una mejor distribución de la riqueza nacional. Sólo de esta manera podrán evitarse estallidos sociales como el de 1910.
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