Fructífero negocio ha resultado la presidencia municipal de Texcoco desde hace 10 años
Durante los últimos 10 años la presidencia municipal de Texcoco ha sido un jugoso negocio familiar, compartido por los Martínez Miranda y los De la Vega Membrillo, quienes haciéndose pasar por luchadores sociales inventaron un membrete llamado Grupo de Acción Política (GAP), que reúne a unos cuantos parientes y amigos, que de continuo son salpicados por la abundancia en la que hoy nadan los nuevos ricos de la “izquierda bonita”, la “izquierda light”, y que dan vida a una de las 200 “tribus” y “clanes familiares” del PRD en el oriente mexiquense. Jorge de la Vega Membrillo, Higinio Martínez Miranda, Constanzo de la Vega Membrillo y Alberto Martínez Miranda se han pasado de uno a otro la alcaldía.
Muy lejos de armar un buen capital político y generar un movimiento social de importancia, como corresponde a gentes “de izquierda”, han amasado enormes fortunas, que son un insulto y una ofensa para el pueblo pobre que dicen “representar”, y para los verdaderos luchadores sociales de ayer y hoy.
El que lo dude, que vaya a conocer la gigantesca mansión de Higinio Martínez Miranda en Santo Tomás Apipilhuasco, municipio mexiquense de Tepetlaoxtoc. La más excelsa y refinada burguesía, palidecería de envidia ante tanto lujo y tanto derroche. Es un secreto a voces, también, la fabulosa fortuna que logró amasar en un tiempo récord Constanzo de la Vega, sobre todo, aquella parte que “brotó” de su relación con los grandes capitalistas de Puerta Texcoco. Pero, ya enviciados, se comportan como el perro del hortelano: no se han acabado de comer una torta cuando ya quieren otra mayor, Jorge de la Vega ya la gozó y Constanzo de la Vega, también, ahora le toca a Alberto Martínez. El edil con licencia, De la Vega Membrillo, ahora quiere una diputación, para seguir haciendo negocios a nombre de los pobres, e Higinio Martínez, cabeza de la tribu, también la disfrutó a plenitud, y ahora menea su rama tan alto como puede en el árbol del poder, hasta la candidatura al gobierno estatal, para que por lo menos caiga alguna manzana de más abajo, como una senaduría o una diputación federal.
Era necesaria esta breve introducción para poner al amable lector en conocimiento de los antecedentes, así como de la calidad moral y la autoridad política, bastante escasas por cierto, de las fichitas políticas que, un día sí y otro también, se dedican a denigrar y a calumniar al Movimiento Antorchista texcocano. Por enésima ocasión, esta vez con motivo de su Tercer Informe de trabajo, el diputado local del Distrito XXIII del PRD, Francisco Vázquez Rodríguez, a falta de resultados y realizaciones para presumir a sus “representados”, se dedicó a baladronear en contra del Movimiento Antorchista. A la calumnia se sumaron los hermanos Martínez Miranda, Alberto e Higinio, que cobran como presidente municipal y como diputado local, respectivamente. Ardidos en lo más profundo de su orgullo sectario por la fundación de la Colonia Víctor Puebla, que dará morada a 2 mil familias antorchistas, (los gobiernos perredistas no han construido una sola), y hablando en nombre de todos los texcocanos, los mandamases del PRD de Texcoco se comprometieron a ser “la punta de lanza para detener el avance de Antorcha Popular”, “organización que se dedica a invadir y fraccionar terrenos de manera clandestina”, aunque–agregan-, ninguna familia vive ahí debido a que no existen los servicios, ni el equipamiento por ser un predio de uso agrícola, y sólo existen 200 "casitas de madera", “para dar la apariencia de que la colonia existe”. Se comprometieron públicamente, además, a rechazar toda petición de servicios públicos de los colonos antorchistas “a los que no les daremos ni un vaso de agua”.
Por último, se nos acusó hasta de “intentar arrebatar la identidad a Texcoco”. Señores, dejen de preocuparse por su penacho y sus flechas de duro pedernal, que no se las pensamos arrebatar. Como lo hemos dicho cien veces: no invadimos el Rancho Sta. Martha, sino que lo compramos a su legítimo propietario, ni actuamos clandestinamente, sino públicamente y a plena luz del día; nuestras asambleas son tan abiertas que hasta los “chotas” de Higinio Martínez asisten cada domingo, y no son “200 casitas de a mentiritas”, sino más de 200 familias de verdad, que ya habitan sus lotes, como lo puede comprobar toda persona de buena fe que acuda a nuestra colonia. Y, respecto a que nos negarán todos los servicios y obras que solicitemos, eso ya lo veremos.
Pues bien, con el pretexto del respeto a la ley, a las tradiciones y de que “Texcoco debe ser para los texcocanos”, se oculta la verdadera causa de su preocupación: el temor serval, el pánico que les produce la sola idea de que los antorchistas, o cualquiera otro que llegue al poder, descubra toda la cochambre de corrupción que se ha acumulado durante las administraciones perredistas. Han encontrado en Antorcha Popular la horma de su zapato, y saben que tenemos ya la fuerza política suficiente para “bajarlos del macho” y “destetarlos” de por vida. ¡Esa es la verdadera causa de su campaña en contra de Antorcha: el miedo a perder el hueso y que queden al descubierto las innumerables tranzas de los nuevos caciques de la “izquierda” texcocana!