Todos los partidos distintos al PRI, con alguna representación de la ciudadanía chimalhuaquense, se han aliado con cacicazgos vetustos y emergentes en este municipio con una sola finalidad: defenestrar al Movimiento Antorchista en el poder municipal. Para este fin no importan los medios utilizados o utilizables a su alcance o concedido a ellos por algún “poder supremo”. Desde la formación de los primeros grupos antorchistas hace 23 años en este lugar, los lobos motearon en el aire un fantasma que a la postre se materializó para procurar progreso y bienestar al pueblo trabajador.
Desde entonces esos caciques y esos “liderazgos” promovidos “ex profeso” como contrapeso al crecimiento vertiginoso del Movimiento Antorchista, cada cual, desde su trinchera, con sus propios recursos iniciaron una campaña xenofóbica, visceral y soez contra los activistas y fundadores del antorchismo en este municipio que a la sazón eran Jesús Tolentino Román Bojórquez y Miguel Ángel Casique Pérez; ambos han sido (y son) protagonistas del cambio social con humanismo y justicia en Chimalhuacán.
En la actual contienda electoral esos partidos y grupos que vieron en Antorcha un peligro para sus intereses, hoy se han unido, en apariencia cada quien por su lado, pero en el fondo subyace un acuerdo tácito y explícito de “hacer todo por sacar a Antorcha Popular del gobierno municipal”. Y para ello han arreciado su campaña difamatoria y calumniosa acusando a Tolentino Román y a Casique Pérez de “invasores”, de “extranjeros”, de “violentos”, de “oportunistas”, de “extorsionadores” y una larga lista de epítetos y calificativos denigrantes que sorprendería a cualquier cristiano con pudor.
Pero no sólo son descalificaciones. También existe un intento de “dorarle la píldora” a la gente para que se trague la rueda de molino de que “es necesario un cambio de partido en el poder” o de que “Chimalhuacán pronto cambiará de color”.
El candidato del PAN, Alan Sánchez, maneja en sus discursos de que es necesario un cambio de partido en el poder porque así el pueblo “podrá diferenciar entre un gobierno y otro”; llama a “votar libremente” y le dice a la gente que “no es necesario hacer marchas ni plantones para recibir los servicios públicos que por ley nos corresponden”. Al respecto hay que recordarle al candidato panista que en la Historia Universal –y por tanto de Chimalhuacán– las grandes transformaciones sociales son resultado del esfuerzo organizativo, de una vanguardia organizada de la sociedad en general, con ideales plenamente formuladas y defendidas en la lucha social; que los chimalhuaquenses no necesitan “probar” con poner otro partido en el poder porque les queda muy claro que el gobierno federal panista los ha excluido de los programas de desarrollo social y han sido precisamente las marchas y los plantones los mecanismos constitucionales que han logrado que 90 mil personas tengan algún beneficio de asistencia social. ¿Qué necesidad hay de hacer llamados de votar libremente si el albedrío individual es decisión de cada persona? Lo que sucede es que los elementos del discurso político del panista atentan contra la organización popular que encabeza el Movimiento Antorchista. Pero debe saber el señor Alan Sánchez que todos los antorchistas han decidido por su propia voluntad estar organizados en torno a un ideal y luchar hasta materializarlo en progreso y bienestar para todos.
Del mismo modo los candidatos perredistas han propalado la frase hueca de que Chimalhuacán pronto cambiará de color y que es tiempo de acabar con el cacicazgo de Antorcha Popular. El discurso más violento y beligerante es precisamente de los perredistas, como que alguien les asegura protección e impunidad, pues son sus huestes quienes agredieron la caravana priísta en San Lorenzo y son ellos quienes han amenazado con violentar los comicios si no ganan sus candidatos. Debo decir que tampoco los chimalhuaquenses, por muy humildes que sean, cambiarán su voto a favor del PRD porque también ya saben cómo gobiernan los perredistas en Ecatepec, Texcoco, Chicoloapan, Ixtapaluca, Chalco, Valle de Chalco, Los Reyes La Paz, Nezahualcóyotl y la mismísima capital de la República: son tan antipopulares y antidemocráticos que hasta a los de casa muerden, y si no, hay que preguntarles a los perredistas que se atrevieron a reclamar cumplimiento de compromisos con sus gobernantes y que fueron reprimidos por la policía, con caballos y perros antimotines. El término cacicazgo les queda a la medida a ellos no a los antorchistas; pues los perredistas son quienes se han enriquecido a la sombra del poder donde son gobierno, colocan a sus familiares en puestos públicos y utilizan la violencia para ganarse “simpatías”.
¿Y qué decir de Convergencia, del Verde Ecologista y del PT? Lo mismo que se aplica para los panistas y perredistas pues la mayoría son engendros o tránsfugas de estos falsos redentores del pueblo progresista de Chimalhuacán. Los chimalhuaquenses votarán por la continuidad del progreso y del bienestar social que representa el PRI aquí.