El Movimiento Antorchista Nacional saltó a la palestra de la historia en 1974 como una organización política con la finalidad de agrupar a la clase trabajadora, tanto del campo como de la ciudad, y buscar alternativas para encaminar a los pobres hacia la senda del progreso y del desarrollo, mediante la lucha organizada por el reparto de la riqueza social.
Fundada por un puñado de hombres visionarios y dirigidos por Aquiles Córdova Morán, maestro y guía del proletariado mexicano, esta organización de los humildes ha logrado la proeza de organizar y educar a una importante porción de la sociedad. Campesinos, obreros, colonos, estudiantes y profesionistas, se han unido a la gran causa de liberar al pueblo de la miseria, la explotación, la ignorancia, la insalubridad. Desde hace 35 años, la lucha organizada se ha librado en diversos campos contra los intereses retrógrados de los caciquismos regionales y de los grupos políticos y económicos incrustados en los ámbitos del poder público.
Cada uno de éstos años tiene una significación histórica para la organización popular. Pues en cada batalla, en cada negativa y en cada represión de los gobernantes, el pueblo ha aprendido lecciones de política que van forjando su conciencia de clase. Después de cada mitin, marcha, plantón o incluso la cárcel, la convicción de luchar se fortalece, pues de otro modo no podríamos transformar nuestro entorno en beneficio de todos. Y gracias a estas lecciones políticas -adquiridas en la defensa de nuestro legítimo derecho a existir como organización política y como alternativa del pueblo mexicano para mejorar sus condiciones de vida-, es que hemos logrado avanzar y consolidar nuestro movimiento.
A lo largo y ancho del país se han logrado beneficios directos a las familias antorchistas, e indirectos que benefician a comunidades enteras, incluso a quienes no se han decidido a defender nuestra causa. Las carencias y necesidades solucionadas se pueden agrupar básicamente en viviendas, escuelas, centros de salud, canchas deportivas y parques de recreación, sistemas de agua potable, electrificaciones, redes de drenaje sanitario, apertura y rehabilitación de caminos, pavimentaciones, banquetas, proyectos productivos, cooperativas, dotación de tierras agrícolas y forestales a campesinos. Todas estas demandas se cuentan por miles. Pero no sólo esto ha logrado Antorcha con su lucha tesonera. También nos hemos preocupado por enseñarle al pueblo a practicar el deporte, a aprender y disfrutar de las bellas artes como los medios más efectivos para forjar un pueblo fuerte, humanista y orgulloso de sí mismo, capaz de plantearse grandes retos como lo es la construcción de un mundo mejor para todos, derrotando al egoísmo y al individualismo imperantes.
La fraternidad entre los antorchistas es uno de los valores más preciados que cultivamos y es la médula de nuestra inquebrantable unidad. Y mediante el esfuerzo conjunto de los activistas, que son los organizadores de los grupos comunitarios, hemos creado algunos negocios que nos han permitido solventar nuestras luchas con recursos propios, sin tener que aceptar sobornos o negociaciones indignas de verdaderos luchadores sociales.
La formación de grupos representativos por centro comunitario, la lucha por las demandas más sentidas de la población, la educación cultural y deportiva, y la independencia económica, es una distinción del resto de las organizaciones sociales existentes en el mundo. La labor de concientización diaria de los activistas, a nivel grupal o individual, nos ha permitido forjar a la organización progresista y vanguardista del pueblo trabajador.
Durante estos 35 años hubo poderosos afanes por evitar nuestro nacimiento como organización popular y por frenar, a toda costa, nuestro ulterior crecimiento, desarrollo y consolidación. No han cesado los ataques desde distintos ámbitos porque nuestra organización representa un movimiento emancipador, justiciero y humanista. Incluso en cada grupo, colonia o comunidad nuestros adversarios están plenamente identificados. Pero por muy poderosos que sean económica y políticamente, ningún individuo o grupo tiene la grandeza para considerarse nuestro enemigo. Y tampoco triunfarán en su propósito pues todo el que se ha opuesto a las ruedas de la Historia ha sido arrollado por la misma.
Nuestros triunfos, aunque modestos todavía con relación a la inmensa población depauperada, son alicientes para todo luchador social honesto y consecuente; son motivo de sobra para festejar en grande. Pero más que eso, es una prueba irrefutable de que podemos transformar nuestro país en un mundo mejor para vivir dignamente. Mientras tanto, los antorchistas hemos preparado un magno evento político-cultural en el majestuoso Estadio Azteca con 130 mil compañeros, el próximo domingo 21 de junio, para que todo México vea lo que es capaz la organización de los pobres.