En días recientes, el presidente Felipe Calderón anunció, en el desayuno conmemorativo con motivo del día del Ejército, un incremento salarial del 40 por ciento al personal de tropa del Ejército y la Marina; ahí, el titular del Poder Ejecutivo enfatizo el “gran” apoyo que el Gobierno Federal le ha brindado a los integrantes del las Fuerzas Armadas de la nación, que, entre otras cosas, consiste en “realizar un esfuerzo financiero adicional para encontrar los mecanismos que permitan renovar parte del equipo e instrumental del Instituto Armado”, es decir, que se pretende adquirir, para pagar a largo plazo, helicópteros cougar, cinco aviones C-295 y 200 Hummer. Todo esto bajo el tan conocido slogan publicitario de “combatir al crimen organizado”.
A todo esto el lector se preguntará ¿a dónde quiere el articulista llegar? Respondo de la siguiente manera.
Recientemente, el departamento de Estado de la Unión Americana afirmó que, en nuestro país, el crimen ocurre con frecuencia especialmente en la Ciudad de México, Tijuana, Ciudad Juárez, Acapulco y los estados de Sinaloa y Durango. Esto, aunado a la campaña de desprestigio por parte de los medios de comunicación de nuestros vecinos del norte, en los cuales se afirma que México es un destino turístico peligroso, lo cual pone en riesgo la actividad turística nacional. Como dato concreto puedo decir que, tan sólo el año pasado la industria turística reportó una pérdida de 2 mil millones de dólares en el rubro de llegadas de turistas internacionales, claro resultado de la contingencia sanitaria, la recesión económica mundial y la percepción de inseguridad en nuestro país. Como resultado, la industria hotelera ha disminuido su demanda en los destinos del norte y centro del país, presumiblemente por los actos asociados a “la delincuencia organizada”, como lo demuestra el caso de Chihuahua y Baja California que han perdido uno de cada 10 turistas de los que recibían el año anterior. Por si esto fuera poco, lugares como Tijuana, Rosarito y Ensenada han perdido a la mitad de sus turistas. Por su parte, el sector privado también resultó afectado ya que la inversión extranjera directa de 2009 fue de 7 millones de dólares menos que la de 2007.
Después de todo esto, y aunque nadie duda de la necesidad de ponerle un alto al tráfico de enervantes y a la violencia criminal que lo acompaña, queda claro que para nadie es un misterio que la violencia genera violencia, y más aun si se le da aviso a los perseguidos mediante shows mediáticos que anuncian sus “grandes victorias” como lo ha estado haciendo el gobierno Federal.
Ahora bien, si aceptamos que la criminalidad en general no es un problema heredado genéticamente de padres a hijos, sino el mismo resultado del malestar de una sociedad dada, es decir, que las condiciones sociales -desde las familiares, hasta las laborales y sentimentales- son las que determinan que un individuo se transformará en sabio o en narcotraficante, y sólo si aceptamos dicho enfoque, podremos darnos cuenta de que el simple uso de la fuerza y el castigo “legal” no bastan para terminar con “el crimen organizado”, ya que se deja a un lado el problema de raíz y, para colmo, la violencia se reproduce a grandes escalas y el dinero se despilfarra en mejoramiento de “equipo” militar, aumentos salariales a integrantes de la Armada y a campañas mediáticas, dejando de lado la causa estructural del problema.
A manera de conclusión, resalto que según datos de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) México alcanzará en lo que resta del primer trimestre del año, una tasa de desempleo del 6.5 por ciento y una caída de 8 por ciento en nuestra economía para el cierre de 2010, con lo cual se puede augurar un futuro desolador y, por lo tanto, más crimen y más “guerra” contra éste; a lo que reafirmo que, sin cambios sociales serios y profundos, no podemos esperar victorias duraderas en contra del narcotráfico y el crimen en general.