¿Cuánta es la potencia del hombre educado y organizado? Incluso en un pueblo tercermundista como el nuestro, no por sus capacidades reales y potenciales, sino por el orden social que lo aprisiona -el capitalismo- con su injustísima propiedad privada, sus inevitables y detestables compañías: la explotación, la miseria, la ignorancia y todas las lacras que éstas a su vez producen: los vicios, la prostitución, la delincuencia y un sinfín de etcéteras. Insisto: ¿cuánta puede ser la potencia creativa, curativa y regenerativa de millones de seres humanos educados y organizados para ello? Yo le ofrezco, amable lector, el siguiente ejemplo.
Se trata del Movimiento Antorchista Nacional, orgullosamente mexicano. Un movimiento con todas las de la ley, es decir, con todas las leyes de la dialéctica, que nos enseña las condiciones de la interacción y el desarrollo; que se va desenvolviendo de lo viejo (¿no es vieja, no va caducando nuestra formación social capitalista?), hacia lo nuevo (¿no es nuevo, que en medio de tanta podredumbre, brote, como la flor en el pantano, una fuerza descomunal que refrenda la necesidad de humanizar y dignificar al hombre?). Un movimiento colosal de un millón de mexicanos que, por todo el país, lucha denodadamente en todos los frentes: entre los campesinos, los obreros, los colonos, estudiantes y maestros; entre indígenas, mestizos y criollos; entre las mujeres y los hombres, a favor de sus demandas materiales y espirituales integrales: por la tierra o por un lote para vivienda, sí, pero también por la educación, la ciencia, el arte y el deporte.
Ahí están, descritas con todo detalle en su sitio de internet (www.antorchacampesina.org.mx) y como pruebas indudables las miles de gestiones que realizan los comités estatales y la Dirección Nacional de Antorcha en todo el país, entre todos los sectores populares; también los cientos de eventos artísticos, deportivos y académicos en los que Antorcha invierte ingentes recursos y esfuerzos en la medida de sus posibilidades, realizando, año tras año, cientos de presentaciones y el certamen nacional correspondiente a cada actividad: el Encuentro Nacional de Teatro y Pintura, en San Luis Potosí; el Torneo Nacional de Ajedrez, en Chimalhuacán; el Campeonato Nacional de Volibol en Jalapa, Veracruz, y el de basquetbol en Morelia, Michoacán; el Concurso Nacional de Canto en Hidalgo; las Conferencias Nacionales en Tecomatlán, Puebla, D. F., Guadalajara, Monterrey y las principales ciudades y capitales de los estados, acerca de las temáticas más ricas y educativas para los intelectos y los espíritus: las causas de la crisis económica y de las luchas políticas, más también la importancia de las matemáticas, de la física, la literatura y el deporte (este domingo 12 de diciembre, toca el turno al tema de la Física Cuántica); y así, un evento tras otro, y otro… hasta llegar a su máxima expresión cuantitativa y cualitativa: la Espartaqueada Nacional, un año en artes y el otro en deportes, en la que participan miles de niños, jóvenes, adultos y hasta ancianos, mujeres y hombres de todo México, en la cuna de Antorcha que es Tecomatlán, Puebla.
¿Y todo esto para qué, acaso para la Secretaría de Educación? preguntará algún extrañado lector. Quizá esta extrañeza se deba en mucho a que jamás ve a los partidos políticos, a los distintos niveles de gobierno (municipal, estatal y federal), y a otros organismos, incluso empresariales, a pesar de la inmensa superioridad de sus recursos económicos, materiales y humanos, dedicarse con tanto ahínco, con tanta regularidad y perseverancia, llueva o truene, a gastar tanto dinero, y tiempo; a comisionar tanta gente y activistas; a moverse por todos los caminos de la sierra, el campo, las colonias populares de la ciudad… para hacer deporte, para practicar las artes. ¿Para qué pues…?
Estoy convencido, muy estimado y apreciable, y muy raro y caro lector, de que si usted lo vuelve a pensar, seguro que encontrará la respuesta. Porque Antorcha es el pueblo mexicano, y es la historia de ese pueblo, en pleno movimiento, vigoroso y formidable Movimiento, en búsqueda de su regeneración. Que no nos gane la miopía ni la ceguera: por ahí viene la única opción viable para rescatar a nuestro país de las garras del imperio, del subdesarrollo y de la decadencia del capitalismo. ¿O hay otra opción? Nos urge conocerla.