Después de la retirada de Aurelio Gancedo Rodríguez, ex dirigente del comité directivo estatal del Partido Revolucionario Institucional, (sustituido por el delegado del CEN de este partido, Armando Romero Rosales), la situación del tricolor anda de “patas para arriba”, todos quieren meter la mano. No hay dirección, concesos, unidad, ni diálogo con las bases priistas que enaltecían los miembros de este partido por sus triunfos electorales del pasado 5 de julio y que llevaron al poder al actual gobernador, Fernando Toranzo Fernández.
A los priistas potosinos parece les estorba su memoria y olvidan que precisamente su falta de acuerdos y de unidad en el pasado, fue lo que los llevó a su derrota electoral. Tal parece que, de nueva cuenta, se cumple de manera fatal esa vieja leyenda de la mitología griega, de que los dioses cuando deseaban que un mortal se volviera loco, primero le daban poder. Así sucede con nuestros políticos guachichiles, que apenas llegan a “subirse a un ladrillo” y enloquecen, y bueno, para muestra el relevo de la dirigencia del PRI estatal. ¡Claro, porque ahora es el partido en el poder! Unos se dicen los elegidos por el señor gobernador, otros, por los sectores de la CNC, otros más por las fracciones parlamentarias del PRI, etcétera. Si el “pueblo me lo pide, no me queda más remedio que aceptar“. Dicen otros alucinados.
Los destapados y autodestapados para dirigir el PRI, están a la orden del día. Tal parece que la agenda nacional de los priistas hacia los procesos electorales del 2012, ya se está imponiendo de manera prematura en tierras potosinas, y por lo mismo, surgen como hongos los mesías políticos, priistas prominentes, los del pueblo, los tricolores vitalicios y toda una variada fauna políticos; que aprovechan sus cargos públicos o foros para atacar a sus adversarios.
Todos tienen a su gallo y también a sus adversarios. Se enfrentan con gran fe, como si lucharan por una gran causa, y se olvidan de los que los llevaron al poder, de las bases de este partido, de los ciudadanos que pensaron que con una nueva oportunidad a los priistas su situación cambiaría; pero la realidad que ahora se impone representa una gran desilusión, empezando por quienes dirigen la administración estatal.
El Palacio de Gobierno estatal prácticamente se ha convertido, en breves días, en un inmueble vacío, donde no existe el poder de nada, no hay nadie quien escuche, quién atienda las demandas de la gente. Los reclamos de los ciudadanos, las protestas, no tienen un receptor. ¿De qué sirve un gobierno priista?
Para qué pelear por el poder…
|