El Movimiento Antorchista de Chihuahua celebró el pasado fin de semana su Asamblea Estatal, la que se evaluaron los resultados del trabajo y lucha con los pobres de este histórico estado, durante el año y medio pasado. En los últimos 18 meses, se avanzó en cantidad y en calidad en la titánica tarea de educar y organizar al pueblo pobre de México: se triplicó el contingente que, en relación con la asamblea pasada, asistió con sus propios medios para trasladarse de los más diversos municipios a la ciudad capital y, sobre todo, aumentaron su conciencia política con la realización de tres manifestaciones masivas contra las autoridades estatales que, en su momento, se negaban a atender sus legítimos derechos.
Convivir con los asistentes, comprobar su disposición a continuar en la lucha legal y pacífica por sus demandas de corto plazo y por la justa distribución de la riqueza nacional, a largo plazo, es alentador.
El evento político fue completado por el evento cultural, en donde pudimos apreciar la irrupción armada de Las Adelitas que, con sus bailes, desplazaban de la escena a las copetudas aristócratas de gustos franceses… y el pueblo recordó entonces sus raíces… Les diré un poco. El padre de una asistente fue coronel villista que pudo, con sus propios recursos, armar un pelotón en Chínipas para enfrentar al cacicazgo minero, ganadero y agrícola; la primera acción de Don Epifanio -así se llamaba- fue buscar aliados entre los sin tierra de Guazapares dado que el enemigo local era fuerte y, ya con poder, logró tener preso al cacique y trasladarlo a Álamos, Sonora, en un recorrido de tres días a caballo por la sierra -claro que también tuvo su caballo fiel, El Lucero, negro con un lunar blanco en la frente-.
Dice nuestra acompañante: A mi padre le gustaba leer, tenía su biblioteca llena de libros; además era compartido con su pueblo, en Salitrillo, y todo lo que adquiría con mercaderes (chivas, papas, frijol, fruta) lo distribuía entre su gente; les dio solares y el nuestro ocupaba el lugar céntrico en aquella población. Si leía y mi madre le avisaba que el macho se estaba ahorcando o que la vaca fulana necesitaba ayuda para sacar la cría, se ahorraba el macho, la vaca y la cría pero no se ahorraba el gusto por leer, por devorar libros. A él lo dieron de baja de la milicia por una angina de pecho pero alguien podrá contemplar su foto de coronel, con sus guardaespaldas Víctor y Rafael, hermanos que también tenían lo suyo, especialmente Rafael por solidario en las desgracias cuando en cierta ocasión, al cruzar el cascajal y la caja del río para llegar a Salitrillo, de manera accidental le propinó un balazo en la pierna al hermano, se dio otro en la pierna propia para estar en iguales condiciones. De ese río también recuerdo, en una cuchilla de tierra junto a los táscates donde lavaba mi madre, a los lirios morados silvestres en cantidades, como trigales; hacían olas a horas tempranas antes de que les diera el sol…
Me complace escuchar que en esta reunión se rindan cuentas, resultados a base de luchas; comprobar que no estamos acarreados ni comprados ni obligados, que acudimos por nuestra propia voluntad.
Y al final, al entonar el himno antorchista, lució el ondear de enormes banderas que portaban los asistentes.
Me interesa destacar que el cacique hecho preso en aquellos episodios revolucionarios de Chínipas fue nada menos que Francisco R. Almada, convertido después en historiador chihuahuense y dos veces gobernador.
La lucha continúa.