MOVIMIENTO ANTORCHISTA


“Democracia” y democracia

Pável Calderón Sosa
29 de noviembre de 2010

Etimológicamente hablando democracia quiere decir el “poder o gobierno del pueblo”, que deviene de la raíz griega demos y krátos. Actualmente, decenas de países como el nuestro viven en regímenes que se hacen pasar por democráticos, es decir, donde debe mandar el pueblo, o sea, la mayoría.

Sin detenernos a analizar el mecanismo de elección de los funcionarios públicos -que, como parte de todo el régimen, también  bastaría para descubrir su verdadera esencia- veamos sólo a nuestros gobernantes ya hechos y ¿derechos? En pleno ejercicio de su “mandato constitucional”. Veamos, pues, en nuestro México, qué dice y hace el alto servidor público común y corriente de cualquier nivel de gobierno y de cualquiera de los 3 poderes.

Lo que dice. Afectando serenidad, firmeza, honradez, preocupación, incorruptibilidad, humildad, solidaridad, dolor; la voz engolada de peculiar ritmo, los  ojos vidriosos, la  mirada fija, la mirada móvil, gran dignidad en los ademanes; en fin, gesticulación según la ocasión, arroja: “mi gobierno es un gobierno de leyes”, “la ley no se negocia”, “mi prioridad serán los más vulnerables, la generación de empleos, la seguridad”, “salud y educación para todos”, “sí madrecita, la apoyaremos con su vivienda”, “padre, el próximo mes se pavimenta su calle”, “descuiden, váyanse tranquilos, se les apoyará” , “no habrá impunidad”, “los programas no se politizarán(!?)”, “gobernaré sin colores partidistas”, “privilegiaré el diálogo con todos los actores políticos”, “giraré instrucciones para que se atienda tu problema”, “estamos gestionando los recursos” y así, con frases huecas y efectistas  ad nauseam.

Lo que hace. Permite y aun promueve asesinatos y secuestros al por mayor; aplica “todo el peso de la ley” sólo a quien no puede comprarla o a quien es un enemigo de cuidado – y no vacila en inventarle delitos-; escamotea recursos a damnificados, por innumerables tragedias, para la construcción de vivienda, caminos, aulas, centros de salud, lugares de esparcimiento popular. Desoye peticiones de drenaje, electrificación y agua potable. Niega recursos para seguridad pública a cientos de miles de familias pero los dilapida en “guerras”  dañinas, tontas, estériles; combate sin piedad al comercio ambulante –que comprende a casi la mitad de la Población Económicamente Activa-, pues “afea” el paisaje urbano. Rechaza grandes inversiones a las clases pobres y las destina sin recato a pudientes y clasemedieros. Legisla en contra de que el pobre se haga de un lote habitacional barato.

Acude solícito a eventos altruistas y de caridad, siempre que haya gran cobertura mediática y, ahí, contempla conmovido a los desgraciados y abraza o besa por igual a niños invidentes o paralíticos y ancianos; llega al lugar de la  inundación y aborda lanchas para recorrer los canales que ésta dejó. Para mayor impacto mediático, sabiéndose el objetivo de una lente, arremangado el pantalón, estoico el  rictus, camina con dificultad venciendo la resistencia del agua y –lo he visto- en digna amalgama de Superman y la madre Teresa de Calcuta, carga en brazos a un infante trasladándolo a lugar seco. Cuenta con periodistas venales que dan cuenta de su heroicidad en primera plana y que golpean sistemáticamente a quien pretende exigirle cumpla diversas obligaciones o compromisos previamente firmados y violados una o mil veces…y mejor ahí la dejamos. Tal es el actuar de los jefes de nuestra democracia. Tal es nuestra democracia –que muchos, por cierto, adoran-.

Pero muy aparte de tanta payasada y falsedad, una nueva clase política ha surgido ya. La historia de la humanidad ha enseñado que dentro de una forma de organización social que va siendo rebasada, caduca, se asoma ya la nueva, la que la ha de reemplazar. Así, los elementos de la nueva sociedad mexicana se pueden ya ver en diversos municipios de los estados de Puebla y México, a través de sus gobernantes. Presidentes municipales y diputados por igual, no son amantes del cómodo trabajo de oficina, las poses en fotos y “creación de leyes”. Hoy se les ve al frente de una multitudinaria marcha, de un tenaz plantón y, mañana, buscando soluciones, haciendo antesala en una y otra oficina, siempre al lado de sus pueblos. Los resultados saltan a la vista: cambian para bien la vida de las mayorías, avanzan dejando estelas de progreso, consiguen logros gigantes: miles de millones de presupuesto, parques industriales, hospitales, carreteras, etc. Son los gobernantes antorchistas, orgullo del pueblo mexicano.

Y los diques que pretenden contener el nuevo orden social seguirán cayendo uno a uno, aumentando con ello la fuerza de su avance. De lunares de sociedad nueva que hoy vemos, dentro de relativamente poco veremos manchas enormes y luego centenas de gobernantes que serán verdaderos representantes populares, empujados por millones de parias ansiosos de mejor mundo. Entonces, los buenos hombres podrán gritar idemocracia! Sin que un molesto rubor coloree sus mejillas.

 

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