La expectativa sobre las futuras elecciones en Oaxaca, comienzan a originar miles de comentarios. Para no quedarme atrás, daré mi opinión al respecto.
Primero mencionemos someramente a los participantes de dicho culebrón: iniciamos con el supuesto omnipotente gobernador saliente, y una baraja compuesta al menos de seis personajes, además de una complicidad supuesta de su partido. De estos últimos tenemos al menos dos competidores de aparente disociación que han decidido participar juntos, para bien o para mal.
Segundo, declaraciones de todos, enarbolando el conflicto del dos mil seis como puntal de su propuesta.
Tercero, un conglomerado de electores pertenecientes a uno u otro, pero que en su mayor parte ignora las maniobras exquisitas de los principales competidores.
Con estos antecedentes, procederé a analizar lo poco que he escuchado.
- ¿Quién será el candidato de partido gobernante? Preferencias personales son tan variadas como estrellas hay en el cielo. Sin embargo, las declaraciones de cada uno de ellos, van desde el tono conciliador, reflexivo, consciente, pero sin sustancia, las propuestas han brillado por su ausencia y sólo escuchamos una serie de pseudo-contemplaciones del problema.
Todos sabemos que Oaxaca fue terriblemente dañada en su ser político en el conflicto de la APPO, y que urge paliar las consecuencias de los excesos cometidos en esa época. El arsenal de frases domingueras es apabullante y téngalo por seguro que todos y cada uno de los integrantes de la urna tomará prenda de ello.
¿Pero, quién ganará? La poco mascada teoría de juegos nos indica que será el pre candidato que logre empujar a sus electores a una imagen de pacificador y el que unifique criterios en su persona. La respuesta es, el de perfil más “democrático” y que proyecte menos conflictos. Si cinco de los participantes se pelean el que recibirá la estafeta será el que permanezca de árbitro, el moderador. En otras palabras, todo aquel que elabore discursos incendiarios estará sirviendo de cortina de humo, atrayendo el fuego enemigo de los otros partidos y así menguar las fuerzas contrarias, protegiendo a este “caballo negro” para la contienda final.
Lo fantástico de esta idea es que o se ha aprendido a través de los años o existe un coeficiente intelectual superior en cuestiones de estrategia.
- Los partidos contrarios de ideales que unifican sus recursos en pos del triunfo y posesión de un poder, que debiese servir para beneficio del pueblo y no para intereses tiránicos, por retener el destino de los oaxaqueños. Nos dice la teoría de juegos que participantes de este tipo tienen pocos escrúpulos y no tienen principios definidos sólidos, la estrategia es la de conjuntar para obtener un beneficio mínimo, que de otra forma, si jugasen solos, no obtendrían y que incluso podrían perder. Por eso no es de extrañar que ambos contendientes defiendan su coalición como una jugada de estrategia y no de fundamentos de partido.
Si bien es cierto que las posibilidades de obtener un beneficio con esta jugada se incrementan, también es cierto que si el electorado, posee al menos mínima convicción, el representante de esta unión no ganará, sino que será el alfil de sacrificio para mantener en la competencia a los dos partidos para una justa posterior, en este caso las elecciones de dos mil doce. Si el electorado no posee principios ideológicos, podrá decidir y elegir a dicho alfil, con la consecuencia de que al ser coronado, la posición de ambos partidos para la competencia mayor se fortalece, en posición idónea para negociar, ceder o conceder.
Algo sí debemos de reconocerle a los estrategas de estos dos partidos, pase lo que pase, los dos partidos se beneficiarán en el sentido de que mantendrán o incrementarán su nivel competitivo para las elecciones presidenciales. Y si, ellos no pelean el gobierno del estado, este es una lucha personal de su candidato unificado, ni tampoco pelean por el beneficio del pueblo a gobernar, ni mucho menos para establecer condiciones que faciliten la conciencia política del pueblo, la misma alianza está en contra de esto, ellos luchan por las elecciones presidenciales de dos mil doce.
- Un electorado sin conciencia es un electorado manipulado, y vilipendiado, por la consecución de permanencia en el poder público. Si el electorado, fuese consciente de su actualidad y posición política, pues la respuesta sería bella, no nos engañarían tan fácil y muchos partidos y políticos de carrera ya no existirían, pero esto sería en el más ideal de los mundos, porque en el real, las facciones de opinión acarrearían competencias tan cerradas que nuestro sistema sería incapaz de abarcar y solventar. Tendríamos pues que cambiar de sistema y de formación. Qué tan profundo debería ser el cambio, tanto que la instrucción de cada uno de nosotros debiese darse desde niños, cambiando nosotros, padres o maestros. El trabajo sería titánico, pero las recompensas serían igual de grandes. ¿Cómo...? ya lo intentamos en dos ocasiones la primera fue hace doscientos años y la segunda hace cien.
¿Quién ganará las elecciones? El candidato que logre orillar a sus competidores hacia la izquierda o derecha manteniéndose él en el centro; sólo que únicamente tendremos dos competidores fuertes, en este caso el que logre la imagen de centro. Pregunto ahora ¿quién es el experto en este tipo de imagen...? Setenta años de experiencia le avalan... claro que siempre me puedo equivocar...