MOVIMIENTO ANTORCHISTA


¿Por qué  ayudar?

Rafael Rodríguez Zarate
28 de enero de 2010

Precisamente a las  21:30 me encontraba en  casa, embotando  mi  cerebro con una  serie cómica, cuando  transmitieron  un comercial  de  lo  más irrisorio, tonto, vergonzoso, casi   ofensivo. Sin  embargo, sirvió  para remarcar en  mi  conciencia la  visión que  tienen  los publicistas de  lo  que  es la  caridad, y  cómo depredan  con la  desgracia  ajena  con tal de  obtener  un alza en ventas; por no  mencionar el concepto degradante y  soez que poseen sobre  el  consumidor.

Como todos  sabemos,  Haití sufrió  uno de  los  terremotos  más  destructivos que se  hayan  registrado  en la  historia moderna; la cantidad de fallecimientos  es  grande,  los  motines,  el  desorden, la carencia de  recursos, por  no hablar  de  la confusión  para administrar la  ayuda,  son casi  de la  misma  magnitud.

La  desgracia  humana,  ya de  por  sí es lamentable, pero  ocuparla  como  medio de  publicidad, con el  único  fin, translucido y  palpable  de  influir  en la imagen  que  adquiere  el consumidor, para  incrementar  la preferencia hacía un producto, es de  verdad deleznable.

El  comercial al  que  hago  referencia,  es  de  una  marca  de  bebidas  refrescantes, y  su  slogan  principal es  que  reducirán  sus  promocionales al aire para dirigir  ese dinero, hacia  los habitantes de  Haití.  Pudiese  parecer  una  idea  magnífica  y  desinteresada,  pero  ¿qué tal  si comparamos  su  tiempo de  publicidad  “normal”  con el  de  dicho  anuncio  en  cuestión?, el resultado: el comercial  “normal” lo transmiten  una  vez  cada  hora, excepto  cuando  hay  algún  evento  patrocinado  por  dicha marca; el  tiempo de  transmisión  del  anuncio “solidario”, tres  veces  en  media  hora.

Los tiempos de  transmisión, podrán  no  decirnos  nada  en  cuestión -quizás medí  mal-; hablemos  pues  del contenido: dicen, disminuirán  su  publicidad, ¿acaso  el mismo anuncio  no tiene  por  fin  posicionarse en la  mente  del consumidor? ¿No es  esta  la única  razón  de querer  apoyar? ¿No es  publicidad  al  fin  y al  cabo? Si  alguien  de verdad  desea  ayudar no lo anda  anunciando  con  bombo y platillo, nadie, con  verdadero ánimo y convicción filantrópica,  se gasta  más  dinero en  promocionar sus acciones  que  en las  acciones  mismas, esto  sólo lo hacen los  vividores. Además, ¿no es  palpable que  abusan del  sufrimiento  humano para  promocionarse? ¿Qué comercian  con  nuestra  lástima?, ¿que rebajan  nuestro  ánimo de  solidaridad? Como  dicen  en  el  pueblo, hacen  caravana  con  sombrero ajeno.

Creo que la concepción que  ha  adquirido  la publicidad  en México  es  “sentimentaloide”  y abusona, busca  provocar  lástima  y  pena, desea  que  las lágrimas  nos  conmuevan  y  que la culpa y la  conciencia  nos provoquen. ¿A qué?... A COMPRAR...

Comerciar con un semejante en desgracia, aprovecharse de  su  sufrimiento  para ensalzarnos  y ganar en  el  futuro por  ello, es  una  de las directrices que  se  ven, no  sólo  en las  grandes  marcas  comerciales, sino en artistas, políticos  y  hasta  en alguno que  otro “intelectual”.

Todo  esto  no quiere  decir  que no  ayudemos, pero  hagamos el  bien,  porque  queremos por  que  nos  nace, por  principios, por  convicción, o sólo  por  el  maldito placer de  ayudar. Sin  obtener  nada  a cambio,  sin  comerciar, sin  negociar. Seamos  desprendidos no  mezquinos.

Qué será de la humanidad si seguimos los pasos del mercado... Sólo salvaremos o ayudaremos  a  quien  nos  pueda  dar  un beneficio  por  ello. Nos  convertiremos  en mercenarios  de  piedad. Los sueños, la imaginación, el arte y la  ciencia  misma  cambiarán  y,  en  lugar  de  buscar  el  beneficio  y  crecimiento, nos  esclavizarán.

Jamás haremos  una  obra  de  arte  por  la  expresión misma, lo haremos  sólo  si podemos  venderla. Nunca  escribiremos  un  poema,  si no obtenemos  una  ganancia por  su venta. No le  enseñaremos  a un niño  a leer, si no podemos  explotarlo. Si no hay  un  beneficio  no  curaremos  enfermos, no  sembraremos, no  produciremos. Sólo seremos  científicos  si  abusamos  de los demás.  La  ética  nos  puede  abandonar. Y  regresaremos  a  las  épocas  oscuras en el que  un  vicioso  era  guía de  millones de  almas.

Quiero terminar, no  invitándolo  a  no comprar  los productos de  dicha  marca. Sígalos  consumiendo, - por qué de  algo han  de  vivir  los trabajadores de dicha  empresa-  pero  no se deje  engañar, no  ayude  por  que le  hayan  conmovido  el  llanto.   AYUDE, pero  por  que  está  convencido que  es  su  deber  o  simplemente  su  sentir.  No  porque se lo diga  un  comercial de  televisión.

 

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