Nos está tocando vivir una época, quizás no como las de la Primera o Segunda Guerras Mundiales, pero sí semejante porque ya sólo falta que se usen bombas atómicas para que no haya diferencia. Y es que el grado de delincuencia a que ha llegado nuestra sociedad actual resulta extremadamente alarmante.
Desde que se agudizó la crisis actual, es decir, desde que la gente pobre se ha vuelto más pobre, como consecuencia de la famosa Globalización que han provocado los dueños de la riqueza en el mundo, la lluvia de secuelas ha sido muy evidente. Ya son muchas las ejecuciones que se han dado en nuestro país, pues, sólo en 2009 fueron 8 mil los ejecutados del crimen organizado, según el reporte dado por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), a través de su presidente, Raúl Plascencia Villanueva. De facto, ya casi se volvió costumbre escuchar a diario noticias de que hubo tantos decapitados, de que encontraron uno o varios cuerpos sin vida, o de atentados contra la vida de personas, como el tercer atentado que sufrió recientemente la presidenta de Tiquicheo, María de los Santos Gorrostieta.
Por eso no es raro que la gente, al ponerse a pensar sobre el asunto de la delincuencia, se pregunte cuál será la causa y qué se podría hacer para remediar este estado de criminalidad que nos aqueja. A estas preguntas, unas gentes se responden de un modo acertado, mientras otras lo hacen de un modo equivocado, pues ello dependerá de la concepción filosófica que posea el individuo. Pero, entonces, ¿esto quiere decir que existen varias concepciones filosóficas? Así es. Fundamentalmente son dos: la idealista y la materialista. ¿Y cuál de estas dos concepciones es la mejor? ¿Por qué no preguntaron a cada uno –se interrogará el lector- cuál quería para así haber tomado la mejor? Para responder a esta pregunta necesitamos, primero, darnos cuenta que vivimos en una sociedad dividida en clases antagónicas. Esas clases sociales, contrarias entre sí, son la clase rica, que son unos cuantos, y la clase pobre, en la cual está la inmensa mayoría. Algo que caracteriza a estas clases es que, los intereses de una son contrarios a los intereses de la otra. La clase rica goza de todos los privilegios y de todos los medios, precisamente, para poder conservar esos privilegios. Y, en consecuencia, como clase privilegiada y poderosa que es, será la que se encarga de imponer en los individuos de la sociedad la concepción que le conviene a dicha clase poderosa. Por eso, como dijo un clásico, la ideología dominante será la de la clase dominante. La persona con una concepción filosófica idealista responderá a las cuestiones hechas arriba que todo lo bueno o malo que sucede en el entorno del hombre es obra de Dios, porque él es el que determina todo; y así, con tal respuesta que se da, quedará conforme o hasta llegará a pensar que, por más que indague buscando la causa, todo resultará inútil, porque ya todo está determinado. Y, como todo un fatalista, sacará la conclusión de que es mejor no pensar. En cambio, la persona con una concepción filosófica materialista responderá a las mismas preguntas pero de una manera completamente diferente, ya que utilizará para ello el método científico que está basado, no en una fe metafísica, sino en leyes universales bien fundamentadas, como son las Leyes Dialécticas.
Sólo conociendo estas leyes nos será más fácil comprender el porqué de los males que nos aquejan; nos será más cómodo responder a preguntas como la que encabeza nuestro tema: si el efecto es la delincuencia, ¿cuál será la causa? Pues bien, las causas podrán ser muchas, pero las principales serán la pobreza y la ignorancia; las cuales, a la vez, han sido causadas por esa clase insensible, egoísta y ambiciosa llamada burguesía, que todo lo quiere para sí, y los pobres, pues que se mueran de hambre. Sólo así podremos luchar más eficazmente contra dichas causas. Esta es la razón por la cual se insiste tanto en que se estudie a fondo en Antorcha Campesina, que es la organización que nos guía. En efecto, esto es lo mejor que podemos y debemos hacer.